Después de trece vuelos de prueba, Starship está a punto de enfrentarse a una misión diferente a todas las anteriores. SpaceX planea lanzar el Flight 14 no antes del 28 de septiembre, en un intento que llevará por primera vez a la etapa superior del gigantesco vehículo hasta una órbita estable alrededor de la Tierra.
El plan es considerablemente más ambicioso que en vuelos anteriores. Starship alcanzará aproximadamente 275 kilómetros de altitud, completará unas seis órbitas durante una misión cercana a las diez horas y posteriormente realizará un encendido para abandonar la órbita antes de reentrar en la atmósfera. Si todo funciona como está previsto, terminará con un amerizaje controlado en el Pacífico, al oeste de Chile.
Pero habrá algo observando atentamente cada movimiento.
Tres Starlink mirarán a Starship desde fuera
La nave transportará 26 satélites Starlink V3, la nueva generación con la que SpaceX pretende aumentar considerablemente la capacidad de su red de internet. Sin embargo, tres de ellos tendrán una función adicional: estarán equipados con cámaras destinadas a fotografiar Starship después de separarse de ella.
Su principal objetivo será observar el escudo térmico de la nave desde el espacio, obteniendo perspectivas imposibles de conseguir únicamente con las cámaras instaladas en el propio vehículo.
Las imágenes serán enviadas a los operadores de SpaceX para analizar el estado de las losetas térmicas antes de la reentrada. La compañía quiere desarrollar sistemas que permitan determinar con mayor precisión si una Starship está preparada para regresar en el futuro directamente al lugar de lanzamiento.

La idea tampoco surge de cero. En el Flight 13, realizado en julio, SpaceX ya consiguió imágenes de Starship tomadas desde algunos de los satélites que había desplegado. Ahora, sin embargo, esos “ojos” estarán presentes durante una misión orbital mucho más exigente.
El escudo térmico sigue siendo una de las grandes pruebas
Sobrevivir repetidamente a la reentrada es fundamental para que Starship pueda convertirse en el vehículo totalmente reutilizable que SpaceX lleva años prometiendo.
Para el Flight 14, la compañía ha introducido nuevas modificaciones en el sistema de protección térmica, incluyendo mejoras en la retención de las losetas, cambios destinados a reducir posibles caminos de entrada del plasma y nuevas geometrías en algunas piezas.
Tener satélites fotografiando la nave inmediatamente después del despliegue permitirá comparar su estado antes de la reentrada con lo que suceda durante el descenso.

Starship empezará además a trabajar para Starlink
El vuelo también supone otro cambio fundamental. Los 26 Starlink V3 no serán simples cargas de prueba: SpaceX pretende colocarlos en órbita para incorporarlos posteriormente a su constelación.
Cada V3 está diseñado para aportar alrededor de 1 Tbps de capacidad, por lo que un solo lanzamiento podría añadir aproximadamente 26 Tbps a la red, según SpaceX.
Esto explica parte de la importancia que Starship tiene para el futuro de Starlink. Su enorme capacidad de carga permitirá transportar satélites considerablemente mayores y desplegarlos en cantidades que serían difíciles de igualar con Falcon 9.
Y, detrás de todo ello, aparece la Luna. Starship también constituye la base del Human Landing System que SpaceX desarrolla para el programa Artemis de la NASA. Para llegar hasta allí todavía será necesario demostrar otras capacidades cruciales, especialmente el repostaje orbital y una reutilización mucho más rápida.
Flight 14 no resolverá todos esos desafíos. Pero después de años utilizando Starship como un gigantesco laboratorio volante, SpaceX intentará por primera vez que entre en órbita, despliegue una carga operativa y permanezca durante horas alrededor de la Tierra. Y tres de los satélites que deje atrás serán los encargados de observar cómo se comporta antes de regresar.