La economía norcoreana lleva tres años creciendo a un ritmo que no se veía desde antes de la pandemia. Las estimaciones del Banco de Corea, una de las pocas fuentes que publica cálculos sistemáticos sobre una economía de la que Pyongyang apenas ofrece estadísticas, señalan avances del 3,1% en 2023, 3,7% en 2024 y 3,5% en 2025. Pero hay otra cifra que ayuda a entender de dónde puede estar llegando parte del oxígeno financiero.
Un informe publicado este 16 de septiembre por el Multilateral Sanctions Monitoring Team, integrado por 11 países, estima que entre 35.600 y 101.280 norcoreanos continúan trabajando fuera del país, principalmente en China y Rusia. Esos empleados habrían generado entre 450 y 800 millones de dólares solo durante 2025, pese a que las resoluciones de Naciones Unidas exigían su repatriación.
Rusia emitió 36.000 visados. Casi todos decían que eran para estudiar

El caso ruso muestra hasta qué punto ha crecido esa red. Moscú emitió 36.413 visados a ciudadanos norcoreanos en 2025, cuatro veces más que el año anterior. Más del 98% fueron clasificados como educativos. Investigaciones basadas en documentos empresariales y judiciales rusos han encontrado, sin embargo, casos en los que supuestos estudiantes terminaban trabajando en construcción, agricultura u otras industrias.
El nuevo informe multilateral calcula que Rusia acogía entre 15.000 y 30.000 trabajadores norcoreanos a finales de 2025, incluidos algunos empleados en fabricación de drones militares, procesado de acero, construcción naval y agricultura. China concentraría entre 20.000 y 70.000 más. Según los países autores del informe, Pyongyang retiene entre el 80% y el 90% de buena parte de esos salarios.
Esas acusaciones encajan con testimonios recopilados durante años por Naciones Unidas. Un informe de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos basado en 183 entrevistas a víctimas y testigos documentó trabajo impuesto en cárceles, empleos asignados por el Estado, brigadas laborales y trabajadores enviados al extranjero, en ocasiones bajo vigilancia y sin capacidad real para abandonar el puesto.
La dificultad está en verificar directamente muchas de estas condiciones: el acceso independiente a Corea del Norte es extraordinariamente limitado. Pyongyang, por su parte, sostiene oficialmente que su legislación prohíbe el trabajo forzoso.
Los trabajadores son solo una pieza: las criptomonedas se han convertido en otra fuente enorme de dinero

La otra gran vía ni siquiera necesita cruzar una frontera físicamente. TRM Labs atribuye a actores vinculados con Corea del Norte unos 643 millones de dólares robados en ataques contra criptomonedas durante el primer semestre de 2026, aproximadamente dos tercios de todo el valor sustraído mediante hacks en ese periodo. Dos operaciones de abril concentraron unos 577 millones.
El Tesoro estadounidense sostiene además que miles de informáticos norcoreanos trabajan de forma remota utilizando identidades falsas para conseguir puestos en empresas extranjeras y enviar parte de sus ingresos al Estado. Una investigación de 2026 de ese organismo calculó que estas redes generaron cerca de 800 millones de dólares en 2024.
También reapareció el carbón. Investigaciones mediante imágenes satelitales y seguimiento de buques indican un fuerte aumento del tráfico desde puertos norcoreanos después de que en 2024 terminara el panel de expertos de la ONU que supervisaba las sanciones. Las organizaciones responsables de esos análisis sostienen además que parte de la minería utiliza trabajo forzado; Naciones Unidas lleva años documentando condiciones coercitivas en sectores extractivos y centros de detención.
La paradoja es que Corea del Norte tiene ahora más fuentes de ingresos justo cuando está más aislada
Las relaciones con Moscú han añadido otra dimensión. Corea del Norte reconoció el despliegue de sus tropas junto a Rusia y ambos gobiernos han profundizado su cooperación militar y económica. Pyongyang continúa defendiendo públicamente esa alianza y su condición de Estado nuclear, mientras las sanciones occidentales siguen vigentes.
Eso deja una paradoja bastante particular. Corea del Norte está internacionalmente sancionada y mantiene una economía extremadamente cerrada, pero dispone hoy de más canales para obtener divisas que durante los años de la pandemia: trabajadores en el extranjero, comercio con sus vecinos, servicios informáticos, operaciones cibernéticas y cooperación con Rusia.
El crecimiento del PIB cuenta una parte de esa historia. Los informes sobre quién produce buena parte de esos ingresos cuentan la otra: el nuevo margen financiero de Pyongyang no puede entenderse únicamente mirando misiles, comercio o porcentajes de crecimiento. También hay que seguir a las personas que trabajan detrás de esas cifras.