Más de un siglo después de desaparecer bajo las aguas del Pacífico, el USS F-1 vuelve a mostrarse con un nivel de detalle nunca visto. El submarino estadounidense se hundió en diciembre de 1917 frente a la costa de California tras una colisión durante unas maniobras de entrenamiento. Desde entonces permanece a más de 400 metros de profundidad, convertido en la tumba de 19 miembros de su tripulación.
Su ubicación no era completamente desconocida. La Marina de Estados Unidos encontró los restos en 1975 durante la búsqueda de un avión accidentado, pero las visitas posteriores fueron escasas. El gran salto llegó en febrero de 2025, cuando investigadores del Woods Hole Oceanographic Institution (WHOI) y del Naval History and Heritage Command (NHHC) realizaron la primera evaluación arqueológica detallada del pecio.
Un submarino sorprendentemente bien conservado
La misión comenzó con el vehículo submarino autónomo Sentry, equipado con sonar lateral y multihaz para localizar y cartografiar el fondo marino. Posteriormente entró en escena Alvin, el histórico sumergible tripulado de aguas profundas operado por WHOI.
Los investigadores instalaron cámaras de alta definición y resolución 4K para registrar miles de imágenes que posteriormente permiten construir modelos fotogramétricos tridimensionales del submarino.
Lo que encontraron sorprendió incluso a los especialistas. El USS F-1 permanece apoyado sobre su costado de estribor a más de 1.400 pies de profundidad, unos 427 metros, y conserva gran parte de su estructura original. Todavía pueden distinguirse la torre de mando, los periscopios, las escotillas e incluso el timón.
Uno de los elementos más importantes es un enorme agujero ovalado situado en el costado de babor, detrás de la torre de mando. Es la huella visible del accidente que provocó que el submarino desapareciera bajo el agua en apenas unos segundos.

Una maniobra entre la niebla terminó en tragedia
El accidente ocurrió el 17 de diciembre de 1917. El F-1 realizaba pruebas de ingeniería junto con otros submarinos estadounidenses cuando una espesa niebla redujo drásticamente la visibilidad frente a Point Loma, cerca de San Diego.
Durante las maniobras, el USS F-3 chocó contra el F-1 y abrió su casco. Según los registros históricos, el submarino se hundió en aproximadamente diez segundos. De los 24 hombres que estaban a bordo, 19 murieron y cinco consiguieron sobrevivir. El F-3 sufrió daños, pero pudo permanecer en la zona y colaborar con el rescate.
Por esa razón, los restos son tratados actualmente como un sitio funerario marítimo y los investigadores realizaron una exploración no invasiva, evitando alterar el pecio.
Otro vestigio apareció bajo el Pacífico
La expedición también documentó un Grumman TBM Avenger de la Marina estadounidense hundido frente a California en 1950 después de sufrir un fallo de motor.
A diferencia del F-1, aquel accidente no produjo víctimas: el piloto consiguió abandonar el avión antes de que se hundiera. Las nuevas imágenes permitieron a los especialistas confirmar oficialmente la identidad de la aeronave y reconstruir digitalmente su estado actual.
Más que un simple viaje hacia dos restos históricos, la expedición mostró hasta qué punto las nuevas tecnologías están transformando la arqueología submarina. Después de 108 años en la oscuridad, el USS F-1 permanece casi congelado en el fondo del océano, conservando las marcas de una tragedia que ocurrió en cuestión de segundos.