Abrir y cerrar el grifo nos parece la cosa más normal del mundo, pero no lo es. La masa y velocidad de la corriente generan un efecto conocido como martillo de agua que tiene la suficiente fuerza como para reventar las tuberías. ¿Por qué no lo hace? Este interesante vídeo de Practical Engineering lo explica.

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Los lĂ­quidos tienen una particularidad: No se pueden comprimir. En otras palabras, no importa la presiĂłn que apliques. Siempre ocupan el mismo volumen. Esta caracterĂ­stica hace que el agua no sea capaz de amortiguar el golpe provocado por una corriente de agua en una tuberĂ­a si interrumpimos esa corriente de manera repentina. El impacto genera un impresionante pico de presiĂłn que se transmite a lo largo de toda la tuberĂ­a.

En el sistema de tuberías de un hogar, el martillo de agua provoca un ruido fuerte, pero en tuberías más grandes puede tener efectos catastróficos.

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¿Cómo evitan los ingenieros este problema? Hay varias maneras de hacerlo. Se puede aumentar el tiempo que tarda en cerrarse la corriente mediante una grifo que impida hacerlo de golpe (esa es la razón por la que los grifos suelen ser a rosca). También se puede aumentar el diámetro de la tubería o su elasticidad a la hora de transmitir la onda de choque.

Si esto mismo no es posible, hay válvulas diseñadas para absorber parte del flujo de agua en caso de presión excesiva. Todos estos parámetros son invisibles al usuario, pero están hábilmente integrados y calculados para que sigamos abriendo y cerrando el grifo sin miedo a oír nada más que un pequeño golpe. [vía Popular Mechanics]