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Ciencia

El cerebro humano tiene una extraña conexión que los científicos llevan más de un siglo intentando explicar. Su origen podría estar en los ojos de animales que vivieron hace 500 millones de años

El hemisferio izquierdo del cerebro controla gran parte de los movimientos del lado derecho del cuerpo, y viceversa. Una investigación propone que este extraño cableado nació en los sistemas visuales de vertebrados primitivos.
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Hay algo extraordinariamente extraño en el funcionamiento de nuestro cerebro: cuando movemos voluntariamente la mano derecha, buena parte de las órdenes necesarias para hacerlo proceden del hemisferio izquierdo. Y cuando sentimos determinadas sensaciones en el lado izquierdo del cuerpo, la información termina procesándose principalmente en el hemisferio derecho. Es una organización cruzada que compartimos con numerosos vertebrados y que lleva más de un siglo desconcertando a los científicos.

Ahora, investigadores de la Universidad de Minnesota proponen una explicación que se remonta a los primeros animales con columna vertebral. Según su hipótesis, este peculiar sistema de conexiones no apareció para mejorar directamente nuestros movimientos, sino como consecuencia de una organización mucho más antigua: la forma en que el cerebro comenzó a procesar lo que veían los ojos hace más de 500 millones de años.

El cerebro controla el lado contrario del cuerpo y la explicación podría estar en nuestros ojos

El cerebro humano tiene una extraña conexión que los científicos llevan más de un siglo intentando explicar. Su origen podría estar en los ojos de animales que vivieron hace 500 millones de años
Las neuronas forman complejas redes de comunicación que permiten transmitir información por todo el sistema nervioso. Algunas de estas conexiones cruzan hacia el hemisferio contrario, una característica que podría tener raíces evolutivas muy antiguas. © NIH’s National Institute of Neurological.

La investigación fue desarrollada por los neurocientíficos Martin W. Wessendorf y Daniel Delie Wang, quienes analizaron cómo evolucionaron distintas vías nerviosas encargadas de transportar información visual, sensorial y motora.

Según el estudio publicado en Frontiers in Neuroanatomy, el sistema visual habría sido uno de los primeros grandes circuitos del sistema nervioso en adoptar una organización cruzada.

Cuando observamos un objeto situado a nuestra derecha, la información correspondiente a ese sector del campo visual se dirige principalmente hacia el hemisferio izquierdo. Esto ocurre gracias, entre otras estructuras, al quiasma óptico, una región donde parte de las fibras nerviosas procedentes de los ojos cruzan hacia el lado contrario.

Ese patrón aparece en prácticamente todos los grandes grupos de vertebrados, incluidos peces, anfibios, reptiles, aves y mamíferos. Su antigüedad sugiere que ya existía en los primeros vertebrados, durante el período Cámbrico, hace aproximadamente entre 538 y 486 millones de años.

De acuerdo con la explicación publicada por los propios investigadores en Frontiers, aquella organización visual pudo establecer una especie de plantilla sobre la que evolucionaron posteriormente otros circuitos nerviosos.

El tectum óptico, una región cerebral muy antigua que en los mamíferos se corresponde con el colículo superior, integra información visual y participa en respuestas rápidas ante estímulos del entorno.

Con el tiempo, las conexiones relacionadas con el tacto, el dolor y los movimientos habrían adoptado una organización compatible con esa estructura preexistente. Así, cuando aparecieron sistemas cerebrales más complejos, el patrón cruzado ya formaba parte de la arquitectura del sistema nervioso.

La evolución pudo conservar este extraño cableado porque modificarlo habría sido demasiado costoso

El cerebro humano tiene una extraña conexión que los científicos llevan más de un siglo intentando explicar. Su origen podría estar en los ojos de animales que vivieron hace 500 millones de años
El quiasma óptico permite que parte de las fibras nerviosas procedentes de los ojos crucen hacia el lado opuesto del cerebro. Una investigación propone que esta organización visual pudo influir en la evolución de otras conexiones nerviosas. © StatPearls / NCBI Bookshelf.

La hipótesis plantea una idea fascinante: el cerebro no necesariamente desarrolló sus conexiones cruzadas porque fueran la mejor solución imaginable, sino porque eran compatibles con estructuras que ya funcionaban. En lugar de reconstruir completamente las rutas nerviosas, la evolución habría aprovechado circuitos anteriores y añadido nuevas capacidades sobre ellos.

Los investigadores señalan que, cuando apareció la corteza cerebral de los mamíferos, muchas vías sensoriales y motoras ya estaban organizadas de manera contralateral. Cambiar esa disposición podría haber requerido conexiones adicionales, mayores recursos energéticos y una reorganización profunda del sistema nervioso.

Como explicó ScienceDaily al presentar la investigación, la propuesta sugiere que el cerebro moderno conserva una huella de su pasado evolutivo extraordinariamente antiguo.

Sin embargo, todavía no se trata de una explicación definitiva. Otro trabajo publicado en BioSystems en enero de 2026 también relacionó el origen de las conexiones cruzadas con la visión, pero propuso un mecanismo diferente, basado en la geometría de los campos visuales y la coordinación de respuestas motoras.

Además, no todas las conexiones del cerebro cruzan hacia el lado contrario. Existen numerosos circuitos bilaterales y otros que permanecen en el mismo lado, por lo que la organización cerebral resulta mucho más compleja que una simple división entre derecha e izquierda.

La nueva investigación tampoco demuestra directamente cómo era el cerebro de los animales del Cámbrico. Sus conclusiones proceden de comparar las estructuras nerviosas conservadas en distintas especies actuales.

Pero su propuesta abre una perspectiva sorprendente: cada vez que movemos una mano o reaccionamos ante algo que aparece frente a nuestros ojos, podríamos estar utilizando una organización cerebral heredada de animales que vivieron cientos de millones de años antes que nosotros.

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