Actualizado: ya puedes leer la solución al final. Un anciano rey de Arabia, en medio del desierto, está a punto de morir. Deja tras de sí poder, riquezas y sus tres sucesores, curiosos por saber qué parte de la herencia les corresponde a cada uno, esperan impacientes en torno a su cama. El padre, poco antes de morir, les dice lo siguiente.

A ninguno de vosotros, hijos m√≠os, no os dejar√© m√°s herencia que mis 17 camellos. A ti, primog√©nito, te otorgar√© la mitad de ellas. A ti, segundo hijo, un tercio y a ti, mi √ļltimo v√°stago, un noveno de ellos.

Dicho eso, expira y muere. Sus 3 hijos comienzan a hacer cuentas, pero les resulta imposible. Los camellos no pueden dividirse. En el momento en el que m√°s desesperados est√°n, un sabio tuareg aparece montado en su camello en el horizonte. Cuando finalmente llega hasta la tienda de campa√Īa en la que est√°n los hermanos, y tras ver sus caras, les pregunta qu√© les atribula.

Los hermanos, sin saber qué hacer, le exponen el problema. El sabio piensa unos instantes, les da la solución, y prosigue su viaje.

¬ŅQu√© les dijo el sabio?

Solución

El problema s√≥lo funciona con camellos o, realmente, con cualquier otra cosa que lleve encima el sabio que se acerca. En realidad toda la clave del problema radica en a√Īadir un factor externo para poder resolverlo y luego retirarlo sin afectar el resultado final del problema. Lo que hace el sabio es prestarles el camello, as√≠ tienen 18 en total. Al primero le corresponden 9, al segundo 6 y al √ļltimo 2. Sigue sobrando un camello que, por supuesto, utiliza el sabio para proseguir su viaje.

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La moraleja de la soluci√≥n es algo as√≠ como que compartir es muy bonito, aunque sean camellos. Pero, por supuesto, s√≥lo es un problema de un rey rico que deja como √ļnica herencia 17 camellos, as√≠ que yo no har√≠a mucho caso. Enhorabuena a los que dieron con ello.

El domingo, el siguiente Šēē( Šźõ )Šēó

Imagen: Mikadun/Shutterstock

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