Saltar al contenido
Tecnología

Un ingeniero patentó un amortiguador antisísmico que no necesita electricidad para funcionar: son miles de bolitas de acero rozando entre sí

Cuando un terremoto de gran magnitud golpea una ciudad, casi siempre corta la electricidad al mismo tiempo. Eso es un problema serio para buena parte de los sistemas modernos de protección sísmica, que dependen de sensores y controles electrónicos para reaccionar. Un profesor de ingeniería civil de los Emiratos Árabes Unidos patentó un dispositivo que evita ese punto débil por completo: no usa ni un solo cable, porque toda su física ocurre en el roce entre bolitas de acero
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

El dispositivo, desarrollado por el profesor Moussa Leblouba, de la Universidad de Sharjah, obtuvo la patente estadounidense US 12.498.014 B2 en diciembre de 2025. Consiste en un cilindro hueco relleno de esferas de acero macizo, con un eje central del que salen varillas cortas, como las ramas de un árbol. Cuando la estructura a la que está anclado se sacude, ese eje se mueve hacia adelante y atrás dentro del cilindro, y las varillas se abren paso entre las esferas compactadas, generando una fricción intensa que convierte parte de la energía del movimiento en calor. “Nuestro dispositivo no necesita ningún tipo de energía; funciona por pura física, por fricción, es pasivo”, explicó Leblouba en el comunicado oficial de la Universidad de Sharjah.

Por qué apuntarle a los amortiguadores hidráulicos

Sismografo
© Joachim Schnürle – Unsplash

La tecnología de protección sísmica más extendida hasta ahora recurre a amortiguadores de fluido, similares en su lógica a los de un auto pero a escala estructural, o a dispositivos metálicos que se deforman para absorber energía. Leblouba señaló las limitaciones de ambos enfoques: “los terremotos, los vientos fuertes e incluso las vibraciones cotidianas de trenes o maquinaria pueden causar daños serios en edificios, puentes y equipos sensibles. Las soluciones tradicionales para este problema, como los amortiguadores basados en fluido o los dispositivos metálicos deformables, suelen ser costosas, propensas a fugas o deformaciones permanentes, y a menudo requieren un reemplazo completo después de un solo evento importante”.

Su dispositivo, en cambio, tiene una ventaja adicional que el propio inventor destaca como central: la capacidad de recuperar su forma original apenas cesa el temblor. “Vuelve a su posición original una vez que termina la sacudida”, aseguró Leblouba. “Esa es una gran ventaja frente a muchos amortiguadores metálicos”, que suelen quedar deformados de forma permanente tras un sismo severo y necesitan reemplazo total.

14% de amortiguación en pruebas de laboratorio

En los primeros ensayos de laboratorio, el dispositivo alcanzó una razón de amortiguamiento efectiva de aproximadamente el 14%, un resultado que, según reportó la propia universidad, se mantuvo consistente en un rango de amplitudes de desplazamiento de entre 1 y 5 milímetros. Es una cifra modesta si se la compara con los disipadores de gama alta más sofisticados del mercado, pero los especialistas remarcan que la comparación relevante no es solo de rendimiento puro, sino de costo, durabilidad y capacidad de reparación.

A diferencia de un amortiguador hidráulico, que puede perder su utilidad tras deformaciones permanentes o fugas de fluido, el cilindro, las esferas, el eje y las varillas de este sistema son componentes separables: si una pieza se daña después de un sismo, se puede desmontar y reemplazar solo esa parte, sin necesidad de sustituir todo el dispositivo.

Una alternativa pensada para el retrofit, no solo para obra nueva

Retrofitting
© Elena Shishkina – Shutterstock

Uno de los argumentos centrales a favor de esta tecnología es su potencial para el reforzamiento sísmico de edificios ya construidos (lo que en la jerga de ingeniería se llama retrofitting), sin necesidad de las obras estructurales profundas que suelen exigir otros sistemas de protección, como los aisladores de base que separan un edificio completo de sus cimientos. Eso abre la puerta a instalarlo en escuelas, hospitales y edificios públicos antiguos que hoy no cumplen con las normas sismorresistentes más recientes, un escenario relevante para regiones sísmicas con parques edilicios envejecidos.

El comunicado de la universidad también menciona un rango de aplicaciones más amplio que la construcción civil: instalaciones eléctricas y de comunicaciones, vehículos, aeronaves, embarcaciones, sistemas aeroespaciales y equipos científicos o militares sensibles a impactos y vibraciones, todos escenarios donde un sistema puramente mecánico, sin dependencia eléctrica, puede ofrecer una capa de protección adicional frente a fallas de energía en el peor momento posible.

Todavía falta el salto a la escala real

Los propios resultados disponibles hasta ahora provienen de pruebas de laboratorio, no de instalaciones a escala real en edificios o puentes en funcionamiento. El propio Leblouba reconoció que el diseño necesita más pruebas antes de poder aplicarse ampliamente, un paso habitual y necesario antes de que cualquier sistema estructural pasivo de este tipo pueda incorporarse a normativas de construcción o a proyectos de reforzamiento sísmico concretos.

Compartir esta historia

Artículos relacionados