No todos los cometas pasan desapercibidos. Algunos traen consigo secretos de otros tiempos y regiones del universo. Es el caso de 3I/ATLAS, el tercer objeto interestelar jamás detectado y, probablemente, el cometa más antiguo observado. Su aparición no solo ha asombrado a la comunidad científica, sino que ha desatado una red de colaboración global sin precedentes.
El hallazgo que activó las alertas científicas

El 1 de julio de 2025, el telescopio ATLAS en Chile detectó un objeto a unos 670 millones de kilómetros del Sol. Su comportamiento inusual lo identificó como un cuerpo interestelar, lo que disparó una respuesta inmediata de la comunidad astronómica. Equipos de instituciones como la Universidad de Oxford, el Jet Propulsion Laboratory de la NASA o el European Southern Observatory comenzaron a estudiar el fenómeno.
Karen Meech, desde la Universidad de Hawái, relató cómo telescopios como Gemini y SOAR se activaron rápidamente para capturar sus primeras imágenes. El objetivo: obtener espectros de luz, analizar su composición y documentar su evolución. El objeto fue bautizado como 3I/ATLAS y desde entonces ha sido monitoreado desde distintos rincones del mundo.
Un viajero fugaz de otra parte de la galaxia

3I/ATLAS no se comporta como los cometas que orbitan el Sol. Su trayectoria hiperbólica indica que se alejará para no volver jamás. Su velocidad —60 km por segundo— y su rotación estable refuerzan esta hipótesis. Las imágenes revelan una coma compacta y brillante, lo que sugiere presencia de hielos bajo su superficie.
Según Matthew Hopkins y Chris Lintott, de la Universidad de Oxford, hay un alto grado de probabilidad de que 3I/ATLAS sea más viejo que el sistema solar. Se estima que proviene del disco grueso de la Vía Láctea, una región poco explorada compuesta por estrellas antiguas. A diferencia de ’Oumuamua o Borisov, este cometa podría provenir de una zona inexplorada de la galaxia.
Un laboratorio celeste que une continentes
La magnitud del descubrimiento ha impulsado una cooperación científica global. Según Darryl Seligman, se están recibiendo datos de telescopios de América, Europa y Oceanía. Incluso, modelos galácticos como el desarrollado por Hopkins en Oxford han sido validados gracias a la trayectoria del cometa.
El Observatorio Vera C. Rubin, aún en desarrollo, podría detectar muchos más cuerpos como 3I/ATLAS. Mientras tanto, telescopios como el James Webb o el Hubble seguirán monitoreando su comportamiento. Una misión espacial específica no está descartada. Con suerte, este cometa podría ofrecer respuestas sobre cómo se formaron los primeros sistemas estelares de nuestra galaxia.