En medio de las montañas y los paisajes áridos del sur de Marruecos aparece una estructura extraordinaria cuando se observa la superficie terrestre desde el espacio. Una enorme red rojiza atraviesa el terreno, se ramifica en distintas direcciones y termina cerca de una gran superficie oscura que rompe los tonos arenosos del desierto.
La imagen fue captada en enero de 2026 por la misión europea Copernicus Sentinel-2, cerca de la ciudad de Uarzazate, y publicada por la Agencia Espacial Europea (ESA) el 20 de febrero. Lo que parece una alteración del terreno es, en realidad, una representación científica de algo que normalmente asociamos con el color verde.
La fotografía permite observar cómo la vegetación se concentra alrededor de los cursos de agua, incluso en uno de los entornos más secos del norte de África. Y lo consigue utilizando información que nuestros ojos no pueden percibir directamente.
Lo que parece una enorme cicatriz roja es un mapa de la vida en el desierto

La imagen no reproduce los colores naturales del paisaje. Es una composición en falso color elaborada a partir de las observaciones de Sentinel-2, que incluye información del infrarrojo cercano. Esta región del espectro electromagnético es especialmente útil para estudiar la vegetación. Las plantas absorben una parte importante de la luz roja visible durante la fotosíntesis, pero reflejan intensamente la radiación infrarroja cercana.
Al representar esa información mediante tonos rojos, los investigadores pueden identificar áreas con abundante cobertura vegetal y analizar cambios en los cultivos o en los ecosistemas. Según explica la Agencia Espacial Europea en la publicación original, la composición permite reconocer pequeños afluentes, campos agrícolas y zonas de vegetación que siguen los cursos fluviales del entorno de Uarzazate.
La época del año resulta fundamental. La observación corresponde a enero, durante la temporada húmeda de esta región, cuando los ríos estacionales pueden transportar mayores cantidades de agua y favorecer el crecimiento de las plantas. Por eso, las manchas rojas no indican una sustancia extraña sobre el terreno. Representan zonas donde la vegetación refleja la radiación infrarroja con mayor intensidad.
La fotografía también muestra uno de los mayores proyectos de energía solar del mundo

La imagen contiene otros elementos que ayudan a comprender la organización de este territorio. Al este de Uarzazate aparece el embalse de El Mansour Eddahbi, una extensa superficie oscura alimentada por distintos cursos de agua, entre ellos el río Draa.
La presencia del embalse ayuda a explicar la distribución de las zonas agrícolas, pero también permite reconocer la importancia del agua en un territorio sometido a condiciones climáticas áridas. Más al norte destaca otra estructura de grandes dimensiones: el complejo solar Noor Uarzazate.
La ESA identifica esta instalación como el mayor complejo de energía solar de concentración del mundo, con una superficie superior a las 3.000 hectáreas. Su tecnología utiliza espejos para concentrar la radiación solar y producir calor, que posteriormente puede emplearse para generar electricidad.
Los colores que no podemos ver se han convertido en una herramienta para estudiar la Tierra

La utilidad de estas imágenes no se limita a producir fotografías espectaculares. Los sensores de Sentinel-2 permiten observar grandes extensiones del planeta mediante diferentes bandas espectrales, con resoluciones que llegan a los diez metros en determinadas bandas. Esto facilita el seguimiento de cultivos, cambios de vegetación, expansión urbana y transformaciones del territorio.
La misión Copernicus Sentinel-2 está diseñada precisamente para obtener observaciones multiespectrales que permitan estudiar la superficie terrestre de manera sistemática.
La fotografía de Marruecos demuestra por qué estas herramientas resultan tan valiosas. Desde el suelo, los cultivos, los ríos y las montañas forman parte de un paisaje que puede parecer fragmentado. Desde el espacio, sus relaciones se vuelven visibles gracias al contraste entre distintas respuestas espectrales.
No obstante, una imagen aislada no basta para demostrar que la vegetación está aumentando de forma permanente o que el clima regional ha cambiado. Para establecer tendencias sería necesario comparar observaciones tomadas en distintos momentos y analizar las condiciones meteorológicas correspondientes. Lo que Sentinel-2 revela es una instantánea especialmente clara de la relación entre agua, vegetación y actividad humana en un territorio semiárido.
Una enorme mancha roja que no existe como tal sobre el terreno, pero que permite ver una parte del funcionamiento de nuestro planeta que permanece invisible a simple vista.