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Ciencia

Una comunidad medieval vivió aislada durante 500 años: su ADN reveló violencia, endogamia y el rastro de la viruela

Los restos de 33 personas enterradas en Las Gobas, un asentamiento excavado en la roca de Burgos, permitieron reconstruir cinco siglos de historia. El ADN antiguo revela una comunidad relativamente aislada, relaciones entre familiares, heridas producidas por armas y el caso de viruela más antiguo identificado genéticamente en el sur de Europa.
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Entre los siglos VI y XI, una pequeña comunidad habitó Las Gobas, un conjunto de 13 cavidades artificiales excavadas en un afloramiento rocoso cerca de Laño, en Burgos. El lugar incluía espacios domésticos, dos iglesias y una necrópolis, pero su verdadero valor histórico apareció muchos siglos después, cuando los científicos comenzaron a estudiar el ADN conservado en los huesos de quienes vivieron allí.

Un equipo internacional liderado por Ricardo Rodríguez-Varela, del Centro de Paleogenética de Estocolmo, obtuvo información genética de 33 individuos enterrados entre los siglos VII y XI. El resultado ofrece una fotografía excepcional de una población rural que atravesó algunos de los periodos más convulsos de la historia de la península ibérica sin experimentar grandes cambios genéticos procedentes del exterior.

Cinco siglos viviendo relativamente aislados

Los investigadores identificaron 22 hombres y 11 mujeres. Entre los varones predominaba de forma extraordinaria un mismo linaje del cromosoma Y, mientras que el ADN mitocondrial mostraba una diversidad mayor.

Los análisis también revelaron numerosos vínculos familiares entre las personas enterradas y señales de consanguinidad, especialmente durante las primeras etapas del asentamiento. Algunos individuos presentaban largas regiones de ADN idénticas heredadas de ambos progenitores, compatibles con padres estrechamente emparentados.

El aislamiento resulta especialmente llamativo porque Las Gobas existió durante la conquista islámica de la península ibérica y la expansión de Al-Ándalus. Pese a los grandes movimientos demográficos de aquellos siglos, los científicos no detectaron un aumento significativo de ascendencia norteafricana o de Oriente Medio en la comunidad, lo que apunta a una continuidad genética considerable durante aproximadamente cinco siglos.

Una comunidad medieval vivió aislada durante 500 años: su ADN reveló violencia, endogamia y el rastro de la viruela
© TANA POR EL MUNDO – Youtube.

Sus cráneos conservaban señales de violencia

El ADN no fue la única fuente de información. Algunos esqueletos pertenecientes a las primeras generaciones presentaban graves traumatismos en el cráneo.

Dos individuos, datados aproximadamente entre los años 566 y 648, mostraban varias lesiones producidas por espadas. En uno de ellos, el análisis osteológico indica incluso que las heridas pudieron causar su muerte. El descubrimiento sugiere que la comunidad estuvo expuesta a episodios de violencia durante sus primeros años de existencia.

Los huesos también conservaron enfermedades medievales

El análisis metagenómico permitió identificar rastros de seis patógenos diferentes. Entre ellos apareció Erysipelothrix rhusiopathiae, una bacteria asociada con frecuencia a animales domésticos, especialmente cerdos, que puede infectar a los humanos cuando entra en contacto con heridas abiertas.

Su presencia refuerza la idea de que la ganadería y el contacto estrecho con animales formaban parte importante de la vida cotidiana de Las Gobas. Los investigadores también detectaron bacterias relacionadas con leptospirosis, fiebre recurrente y otras infecciones.

Pero el hallazgo más extraordinario apareció en un individuo del siglo X: ADN antiguo del virus de la viruela.

Una viruela que llegó posiblemente desde el norte de Europa

La cepa encontrada en Las Gobas se agrupaba genéticamente con variantes medievales descubiertas en Escandinavia, Alemania y Rusia, correspondientes aproximadamente al periodo comprendido entre los años 885 y 1000. Se trata además del caso de viruela más antiguo identificado mediante genética en el sur de Europa.

Durante años se había planteado que la enfermedad pudo entrar en la península ibérica a través de rutas vinculadas al mundo islámico. El nuevo resultado no permite cerrar definitivamente el debate, pero apunta hacia otra posibilidad: que aquella variante llegara desde otras regiones de Europa.

Así, Las Gobas no revela simplemente cómo murió una pequeña comunidad medieval. Sus huesos permiten reconstruir parentescos, enfermedades, conflictos y movimientos de población ocurridos hace más de mil años, demostrando hasta qué punto el ADN antiguo puede recuperar historias que desaparecieron por completo de los textos escritos.

Fuente: Futura Science.

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