Una prueba de la NASA en el desierto de Atacama.
Imagen: Stephen Pointing

Usando el árido Desierto de Atacama como sustituto de Marte, un equipo de investigadores ha demostrado que es posible usar un taladro montado sobre un rover autónomo para detectar vida debajo de una superficie completamente desolada. La prueba consiguió descubrir un microorganismo resistente, exactamente el tipo de criatura que podría acechar desde las profundidades de la superficie marciana.

Una nueva investigación publicada hoy en Frontiers in Microbiology describe cómo ha sido la misión piloto de la NASA en el desierto chileno que podría ser la antesala para una futura misión a Marte. El taladro y el rover experimental, diseñados por el Instituto de Robótica de Carnegie Mellon y financiado por la NASA, recuperó con éxito microorganismos debajo de la superficie, más concretamente, una bacteria resistente a la sal. La prueba sirve como excusa para enviar una misión en busca de vida a Marte, pero el experimento no ha estado exento de desafíos y limitaciones. Como ha demostrado esta nueva investigación, encontrar vida en Marte —si es que la hay— requerirá algunas innovaciones tecnológicas importantes, mucho dinero y un poco de suerte.

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Hace miles de millones de años, Marte tenía un clima moderado y agua líquida en su superficie, proporcionando un entorno potencial para la existencia de vida. Hoy en día, es poco probable que haya vida en su superficie. Niveles letales de radiación bañan el Planeta Rojo, y su superficie torturada contiene escasos rastros de agua líquida. Durante el verano marciano, las temperaturas diurnas cercanas al ecuador pueden alcanzar los 20 grados, pero por la noche descienden a -14 grados.

El taladro robótico montado sobre el rover
Imagen: Stephen Pointing

Las condiciones debajo de la superficie son una historia diferente, según Stephen Pointing, investigador del Yale-NUS College en Singapur y el autor principal del nuevo estudio. Justo debajo de la superficie, las rocas y los sedimentos brindan refugio frente a las condiciones extremas mencionadas anteriormente, lo que puede proporcionar un potencial hábitat para la vida.

Como Pointing explicó a Gizmodo, no hay ningún lugar en la Tierra como la superficie de Marte, pero el suelo debajo del Desierto de Atacama en Chile puede ser un análogo decente.

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“Algunos de los suelos terrestres más parecidos a los de Marte están en el Desierto de Atacama”, dijo Pointing. “Apenas cae agua en el desierto y los suelos se han vuelto pobres en nutrientes y extremadamente salados con el tiempo, y químicamente también se parecen a los suelos de Marte. Para preparar futuras misiones a Marte, utilizamos lugares como el desierto de Atacama para probar teorías sobre la distribución de vida y las nuevas tecnologías para buscarla”.

Para el experimento, Pointing y sus colegas desplegaron un rover de cuatro ruedas equipado con un taladro robótico, que recuperó con éxito muestras de sedimentos por debajo de la superficie a una profundidad de 80 centímetros. Los investigadores compararon las muestras recuperadas por el rover con muestras recolectadas a mano. Después, utilizando la secuenciación de ADN, Pointing y sus colegas demostraron que la vida bacteriana de los sedimentos recuperados por ambos métodos era similar, lo que demuestra que la técnica fue un éxito.

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Dicho esto, las bacterias no fueron distribuidas de forma uniforme por el desierto, en cambio, se colocaron en parches aparentemente aleatorios. Esto fue debido a la “disponibilidad limitada de agua, los escasos nutrientes y la geoquímica del suelo”, dijo Pointing, y añadió que la búsqueda de vida en Marte“podría ser como buscar una aguja en un pajar”.

El monte Sharp fotografiado por el rover Curiosity
Foto: NASA/JPL-Caltech

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Sin embargo, este nuevo estudio ha sido el primero en mostrar que los microorganismos se distribuyen en ciertas zonas habitables concretas debajo de la superficie del desierto de Atacama.

“La superficie mantiene una extendida comunidad dominada por Chloroflexi fotosintéticas que ya habíamos visto antes”, señaló Pointing a Gizmodo. “Justo debajo de la superficie es donde comienza a ponerse todo interesante. Vimos que al aumentar la profundidad, la comunidad bacteriana empezó a estar dominada por bacterias que pueden prosperar en suelos extremadamente salados y alcalinos. A su vez, fueron reemplazadas a profundidades de hasta 80 cm por un grupo único de bacterias que sobreviven al metabolizar el metano como fuente de alimento”.

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La nueva investigación muestra que el subsuelo de Atacama puede soportar microbios altamente especializados que podrían sobrevivir al suelo salado de Marte. Además, se sabe que Marte contiene grandes cantidades de metano en la superficie, lo que apunta a la posible presencia de microorganismos que engullan metano por debajo de ella, según el nuevo documento. El próximo e importante paso para Pointing y su equipo será descubrir cómo los microbios del subsuelo de Atacama pueden sobrevivir. Para ese fin, están buscando posibles estrategias que utilicen las bacterias para sobrevivir a largos períodos sin agua y a estar expuestos a condiciones extremadamente saladas. Además, el equipo desea regresar al desierto de Atacama con un rover capaz de perforar a 2 metros de profundidad.

Dicho esto, es hora de hacer algunas comprobaciones.

Los investigadores utilizaron con éxito una sonda para detectar vida en la Tierra, y no es que resulte terriblemente difícil hacerlo, incluso cuando se trata de un desierto. La vida ha florecido en la Tierra durante miles de millones de años, y es omnipresente, incluso puede aparecer en una roca a cientos de metros debajo de la superficie. Sí, la nueva investigación se ha realizado en un lugar parecido a Marte, pero no es Marte. En el mejor de los casos, el nuevo estudio presenta una justificación científica para una futura misión de búsqueda en el planeta rojo.

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Otra limitación importante de la nueva investigación es que las muestras de sedimentos fueron analizadas en un laboratorio, y no por en el propio rover. Pointing admitió que esto será un obstáculo importante para hacer lo mismo en Marte.

Foto: NASA/JPL-Caltech

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“Para un rover en Marte, identificar signos inequívocos de la vida es todo un desafío”, dijo Pointing. “El método de secuenciación de ADN que empleamos es excelente aquí, en la Tierra, pero actualmente es demasiado complejo para funcionar de manera fiable en Marte. Esta es la razón por la que la detección indirecta de otras moléculas que sabemos que están formadas por células vivas sea probablemente el enfoque que busquen las misiones a Marte dentro de poco”.

En otras palabras, tendría más sentido para un futuro explorador buscar biofirmas: los restos de vida biológica, como los rastros inexplicables de oxígeno molecular combinados con metano, montones de microbios (estromatolitos) acumulados, y rastros de residuos fosilizados, grasa y esteroides. Si se pudiera detectar algo como esto, “entonces necesitaríamos nuevas técnicas experimentales para probar si alguna bacteria marciana está realmente viva y es capaz de un metabolismo activo”, dijo Pointing.

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Por último, y tal vez lo más desalentador, es el coste de enviar una misión de este tipo a Marte. La NASA y la ESA planean enviar rovers a Marte en los próximos años, pero no parece claro que alguna de las agencias tenga la capacidad tecnológica o los fondos para organizar una misión capaz de devolver muestras de suelo y roca marciana a la Tierra para su análisis. Como señaló SpaceNews esta semana, es poco probable que la NASA traiga muestras de Marte durante la década de 2020, sobre todo debido a su coste.

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Pointing admitió que una misión de retorno costaría cientos de millones de dólares.

“Sin embargo, la investigación nos ayudará a abordar una de las preguntas más importantes que podemos hacernos”, dijo. “¿Es la Tierra el único planeta capaz de albergar vida?”

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[Frontiers in Microbiology]