El punto azul tiene un problema con los techos
Los sistemas de navegación funcionan extraordinariamente bien al aire libre, pero pierden precisión al entrar en estaciones, estacionamientos, centros comerciales o edificios altos. Las paredes debilitan las señales y provocan rebotes que pueden colocar al usuario en una calle o planta equivocada.
Aunque solemos llamar GPS a cualquier localización satelital, los teléfonos modernos combinan varias constelaciones GNSS, como GPS, Galileo, GLONASS y BeiDou. Sus satélites se encuentran a miles de kilómetros y las transmisiones llegan a la superficie con una potencia muy reducida.
Xona Space Systems propone acercar los transmisores. Su sistema Pulsar utilizará 258 satélites situados aproximadamente a 1.080 kilómetros, frente a los cerca de 20.200 kilómetros de los satélites GPS. La empresa ya solicitó autorización a la FCC para desplegar esa constelación.

Pulsar-0 consiguió entrar en un edificio
El primer satélite dedicado de la compañía, Pulsar-0, fue lanzado el 23 de junio de 2025 y continúa realizando pruebas en órbita. En un ensayo realizado en Montreal, un receptor instalado en el interior de un edificio consiguió adquirir y seguir su señal, mientras la antena utilizada para comparar no detectó ningún satélite GPS.
La diferencia se explica, en parte, por la distancia. Durante el experimento, la señal exterior de Pulsar-0 fue entre 10 y 15 decibelios más potente que la de GPS. Al estar mucho más cerca de la superficie, un satélite de órbita baja puede transmitir una señal capaz de resistir mejor la atenuación provocada por techos y paredes.
Esto no significa que pueda atravesar cualquier edificio. El hormigón armado, las estructuras metálicas, la profundidad del recinto y la posición de las ventanas continúan influyendo en la recepción.
La primera posición tuvo casi 39 metros de error
La demostración principal utilizó menos de un minuto de mediciones interiores procedentes de un único paso de Pulsar-0. El sistema calculó la ubicación con un error horizontal de 38,7 metros y un error tridimensional superior a los 100 metros.
En otros registros tomados junto a ventanas y escaleras, el error horizontal quedó entre 0,6 y 3 metros. Sin embargo, en esos casos el algoritmo comenzó desde una estimación inicial próxima a la posición real, una ayuda que facilita considerablemente el cálculo.
Por eso, los resultados no demuestran todavía que un teléfono pueda localizar inmediatamente a una persona que camina por un estacionamiento. Sí prueban algo más básico: la señal enviada desde la órbita baja puede recibirse y utilizarse para estimar una posición donde el GPS convencional no fue adquirido.
Un solo satélite puede calcular una posición gracias al movimiento
Normalmente, un receptor necesita señales de varios satélites simultáneos para calcular su ubicación. Pulsar explota el rápido movimiento de las naves en órbita baja y la variación Doppler que genera su aproximación y alejamiento.
El receptor acumula mediciones durante el paso y observa cómo cambia la frecuencia. Esa evolución aporta información sobre la posición del usuario, incluso cuando solo hay un satélite visible. El método funciona mejor con objetos estáticos o lentos, como contenedores, sensores industriales y equipos dentro de almacenes.
Con dos o tres satélites visibles al mismo tiempo, la geometría mejora, el cálculo necesita menos tiempo y podrían conseguirse errores inferiores a cinco metros bajo condiciones favorables.
Todavía falta construir casi toda la constelación
Xona abrió en California una fábrica desde la que pretende producir más de 250 satélites durante los próximos cinco años. El primer aparato ensamblado allí tiene previsto su lanzamiento en octubre de 2026, mientras Aerospacelab fabricará ocho unidades adicionales cuyos lanzamientos comenzarán a finales de año.
Pulsar no sustituirá inmediatamente al GPS. Durante sus primeras etapas ofrecerá cobertura intermitente y estará orientado principalmente a sincronización, logística, infraestructuras y dispositivos conectados.
La prueba bajo techo, sin embargo, señala hacia una posibilidad importante: que la navegación espacial deje de terminar en la puerta de un edificio. Para conseguirlo harán falta cientos de satélites, receptores compatibles y algoritmos capaces de seguir a usuarios en movimiento. La señal ya logró entrar; ahora falta convertirla en un punto azul estable.