Saltar al contenido
Ciencia

Unas ánforas de vino de Rodas con 2.200 años guardaban un secreto: el campo magnético terrestre se desplomó más del 30% en solo 60 años

Un estudio publicado en Archaeometry analizó 24 piezas de cerámica helenística halladas en Jerusalén, incluyendo asas de ánforas de Rodas con sellos de magistrados anuales. El resultado: evidencia de que entre el 220 y el 160 a.C. el campo magnético terrestre perdió más del 30% de su intensidad, y una nueva herramienta para fechar la controvertida fortaleza seléucida de Acra
Por

Tiempo de lectura 4 minutos

Comentarios (0)

Un fragmento de asa de ánfora no parece, a primera vista, el tipo de objeto capaz de reescribir la historia del campo magnético terrestre. Pero los miles de asas estampadas que los arqueólogos llevan décadas desenterrando en Jerusalén guardan en su arcilla algo que ningún instrumento moderno puede medir directamente: el estado exacto del campo magnético en el momento en que esas vasijas salieron del horno, hace más de dos milenios.

Un equipo de la Universidad de Tel Aviv, la Universidad Ariel y la Universidad de California en San Diego aprovechó una ventaja que hace únicas a las ánforas rodias: sus asas llevaban impresos sellos con el nombre de un magistrado anual, lo que permite asignarlas a un año concreto o a un intervalo de apenas uno o dos años. Esa precisión cronológica, combinada con el registro magnético congelado en la arcilla al cocerse, convierte a estos fragmentos en instrumentos de medición geofísica de una fineza extraordinaria.

Un desplome del 30% en dos generaciones

Los datos publicados en Archaeometry son contundentes. Hacia el año 220 a.C., el momento dipolar axial virtual (la medida estándar de intensidad del campo magnético global) alcanzaba los 133 ZAm² (zettamperios por metro cuadrado). Sesenta años después, alrededor del 160 a.C., esa cifra había caído a 87 ZAm², un descenso de más del 30% a un ritmo de aproximadamente 0,8 ZAm² por año.

Ese desplome ya había sido detectado en estudios previos sobre el Levante, pero nunca con una resolución temporal tan fina. Como documenta Arkeonews en su análisis del estudio, los modelos regionales del campo magnético tienden a suavizar variaciones tan bruscas, mientras que las ánforas rodias las capturan con una nitidez que los métodos estadísticos habituales no logran reproducir.

Cómo la arcilla congela el campo magnético

El principio físico detrás del método es sencillo pero poderoso. Cuando una vasija de cerámica se cuece en un horno, los minerales de hierro presentes en la arcilla se alinean con el campo magnético terrestre del momento. Al enfriarse, ese registro queda fijado en la pieza para siempre. Miles de años después, los científicos pueden recalentar esas muestras en laboratorio, medir la intensidad del campo que las imantó originalmente y, si conocen la fecha de cocción, obtener un punto de datos geofísicos con precisión histórica.

Las ánforas de Rodas eran los grandes contenedores de vino del Mediterráneo helenístico. Su red de distribución alcanzaba desde el Mar Negro hasta Egipto, y sus asas estampadas con nombres de magistrados anuales (los llamados «epónimos») permiten a los arqueólogos asignar cada pieza a un año concreto. De los 17 fragmentos de asa rodia analizados, siete superaron los estrictos filtros de calidad del laboratorio y proporcionaron medidas geomagnéticas fiables.

La fortaleza de Acra y el misterio de una jarra local

El estudio tiene además una dimensión arqueológica directa. Una jarra de fabricación local (catalogada como HP06), recuperada de los cimientos de una rampa defensiva en el aparcamiento Givati de Jerusalén, había sido asociada por algunos arqueólogos con la fortaleza de Acra, que el rey seléucida Antíoco IV mandó construir hacia el 167 a.C. para controlar la ciudad durante la época de los macabeos.

El problema era que el tipo cerámico de la HP06 no suele aparecer antes del 130 a.C., lo que hacía imposible relacionarla con la construcción original. Al medir su intensidad magnética y compararla con la curva de referencia obtenida de las ánforas rodias, los investigadores determinaron que la jarra se fabricó durante el último cuarto del siglo II a.C., reforzando la hipótesis de que la rampa defensiva no pertenece a la fase fundacional de Acra sino a una etapa posterior.

Un reloj magnético válido a 1.500 kilómetros

El estudio plantea también una pregunta de gran importancia práctica: ¿hasta qué distancia es válida una misma curva de referencia magnética? Para responderla, los investigadores compararon sus datos de Rodas con las curvas calculadas para el Levante meridional y los Balcanes, regiones separadas por unos 1.500 kilómetros. Las diferencias encontradas resultaron menores de lo esperado y explicables por la densidad desigual de datos, no por divergencias reales del campo.

La conclusión es relevante: las curvas arqueomagnéticas construidas para Israel, Jordania, Líbano, Siria y Chipre podrían aplicarse con cierta fiabilidad a regiones tan alejadas como Egipto, Mesopotamia o el sur de Anatolia. Si se confirma ese alcance geográfico, arqueólogos de toda la región dispondrán de una herramienta de datación que hasta ahora solo estaba al alcance de los yacimientos del Levante más estudiado. Los autores piden más datos para definir los límites exactos de esa coherencia, y señalan que solo se han analizado siete asas rodias cuando se conocen miles de ejemplares distribuidos por todo el Mediterráneo oriental.

Compartir esta historia

Artículos relacionados