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Hay algo en el universo temprano que el James Webb no termina de explicar con las reglas habituales. Algunos astrónomos creen que podría ser la huella de unas hipotéticas estrellas oscuras

Un nuevo análisis plantea que ciertas señales del cosmos primitivo podrían corresponder a objetos nunca vistos directamente: estrellas alimentadas, al menos en parte, por materia oscura. Si se confirma, la idea no solo sería extraña, sino revolucionaria.

Desde hace décadas, la comunidad científica ha debatido sobre la posibilidad de que existieran estrellas alimentadas por materia oscura en los primeros compases del universo. Hasta ahora, se trataba de una hipótesis fascinante pero sin respaldo observacional. Eso está cambiando. Gracias a los avances del telescopio espacial James Webb, los indicios de su existencia comienzan a tomar forma y podrían transformar lo que sabemos sobre el origen de los agujeros negros gigantes.

Una teoría oscura que empieza a brillar

¿Y si el universo primitivo escondía un secreto invisible? Lo que revelan las misteriosas señales estelares
© Pixabay / Amatheus.

Las llamadas estrellas oscuras no emiten oscuridad, ni son invisibles por completo. Su nombre proviene del tipo de energía que las impulsa: la aniquilación de partículas de materia oscura. A diferencia de las estrellas comunes (que brillan gracias a la fusión nuclear del hidrógeno), estas estructuras habrían nacido en el universo primitivo alimentadas por una fuente aún más enigmática.

Según los modelos propuestos, estas estrellas podrían haber alcanzado masas equivalentes a 10 millones de soles, emitiendo hasta 10.000 millones de veces su luminosidad. Al agotarse la materia oscura en su interior, se transformarían en estrellas convencionales, para finalmente colapsar en agujeros negros. Y aquí aparece el punto clave: este ciclo permitiría explicar la existencia de agujeros negros supermasivos apenas unos cientos de millones de años después del Big Bang, algo que las teorías actuales no logran justificar sin atajos cósmicos.

El papel del James Webb y las pistas más prometedoras

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© Pixabay / geralt.

El concepto fue propuesto en el año 2007 por la astrofísica Katherine Freese, quien señalaba que estas estrellas estarían compuestas de materia convencional, pero nutridas por una energía extraordinaria. Durante años no se contaba con instrumentos lo suficientemente potentes como para buscarlas… hasta la llegada del telescopio espacial James Webb.

En 2023, el equipo de Freese detectó tres señales que encajaban con la teoría: estructuras esféricas, lejanas y muy brillantes. Aunque algunos escépticos sugirieron que podrían ser galaxias difusas, los nuevos análisis aportan más argumentos a favor de las estrellas oscuras.

Para 2025, Freese y su equipo avanzaron un paso más aplicando espectroscopía a esas tres firmas luminosas. El resultado fue sorprendente: dos de ellas coinciden con los perfiles esperados de estrellas oscuras. Una, incluso, presenta indicios de helio ionizado, una huella difícil de explicar por otros medios. “Si no es una estrella oscura, no sabría decir qué otra cosa podría ser”, confesó Freese.

¿Cambio de paradigma en puerta?

Si estos resultados se confirman, podrían resolver uno de los grandes enigmas del cosmos: ¿cómo se formaron los primeros agujeros negros supermasivos tan rápido? Aunque existen otras teorías (como el colapso directo de enormes nubes de gas), las estrellas oscuras ofrecen una alternativa coherente y elegante, que conecta la evolución estelar con la misteriosa materia oscura.

Todavía faltan estudios por publicar, pero todo indica que podríamos estar ante una de las revelaciones más impactantes de la astronomía moderna. El universo, una vez más, parece tener mucho más que decirnos de lo que imaginamos.

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