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Análisis, Windows 8: riesgo, innovación y esquizofrenia en uno.

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Tiempo de lectura 11 minutos

Windows. El corazón de
Microsoft, que aporta el 25% de sus ingresos, ha sido durante los últimos
años el sistema operativo más predecible del mundo de la computación. De la
eficacia de XP a las leves florituras de Windows 7 pasando por la vergüenza de
Vista, versión tras versión sabíamos lo que nos íbamos encontrar: más de lo
mismo en un nuevo envoltorio.

Eso ha cambiado con Windows 8. Con
el mundo de las tabletas y el PC colisionando como dos gigantescos jumbos, uno en
despegue y otro en modo aterrizaje, Microsoft ha apostado esta vez por
introducir una avalancha de cambios, nuevas funciones y mejoras que convierten
el producto final en un admirable ejercicio de persistencia. Hay que reconocerlo,
el nivel de ambición y riesgo detrás de Windows 8 es sobresaliente; la calidad
de la ejecución es otra historia.

Utilizar Windows 8 por primera vez es como abrir un libro
de aventuras, sorprende a cada página, a cada golpe de
pantalla. Es agradable, sobre todo si no tienes que hacer nada urgente que hacer. Y supone una forma completamente diferente de repensar un sistema operativo, tan
diferente que te coge desprevenido. Y este es justo el principal
inconveniente. La propuesta que presenta Microsoft con Windows 8 aspira a ser
revolucionaria, pero se queda en eso, en propuesta. O mejor dicho, en mero borrador
de propuesta.

¿Qué cambia
con Windows 8?

La respuesta es sencilla: tendrás
que volver a aprender todo (o casi todo) lo que sabías de Windows desde 1992.
Con un 80% de cuota de mercado, Windows sigue siendo la pieza central en el
mundo del software para ordenadores y está atravesando un reinvención, un
cambio de paradigma para redefinir el papel del PC en nuestras
vidas.

Con Windows 8 Microsoft quiere
ampliar miras, colarse de lleno en el mundo de lo táctil y la movilidad. Windows 7 era un un sistema solvente, muy sólido, pero
siempre pareció que intentaba solventar los pecados de Vista. Windows 8, en cambio, tiene la
oportunidad de crear una identidad propia basada no ya en especificaciones ni
en pura potencia (cualquier PC con Windows 7 funciona con 8), sino en
usabilidad, diseño y utilidad para el usuario. Un nuevo campo de batalla para
Microsoft.

Diseño

Windows 8 supone un cambio radical
respecto a las versiones anteriores, pero solo si quieres que lo sea (o si
tienes la paciencia suficiente como para aprender a que lo sea).

El antiguo escritorio, todo eso que
utilizábamos con Windows 7, sigue ahí, con sus barras de tareas, carpetas y
fondos de pantalla de nubes y montañas. Pero ahora hay una capa adicional de
software, el interfaz que en Redmond han rebutizado como Modern UI (antes
Metro), cuya esencia gira en torno a la información en tiempo real, contenido
paquetizado en forma de aplicaciones a un clic de distancia.

Son las llamadas “baldosas”, o Live Tiles, que
ofrecen retazos de información sobre deportes, política o el tiempo, o acceso
directo a contactos, mapas y la tienda de
aplicaciones. Es la experiencia a la que estamos acostumbrados en un tablet o un
móvil, pero sin tenerlos entre las manos; el intento de Microsoft por unir el mundo de la
movilidad y el PC en un solo sistema llamado Windows 8.

Microsoft se ha propuesto no cambiar
casi nada del escritorio tradicional al que estábamos acostumbrados, pero en el
fondo lo ha hecho. Con el interfaz Modern UI el diseño de las ventanas es
diferente. En lugar de los iconos vidriosos, semi-transparentes y redondeados de Aereo en Windows 7, ahora nos encontramos con ventanas de
colores compactos, líneas marcadas y bruscas. Quizás sea un cambio menor,
pero afecta a la sensación visual del sistema al
usarlo por primera vez.

El transplante de identidad del
mundo móvil al PC funciona desde el punto de vista estricto del diseño. Las
baldosas, personalizables en tamaño y forma, hierven con información y fotos.
Son como un panel de mando manejable a golpe de vista, sin duda la apuesta
más vistosa y acertada de Microsoft hasta la fecha.

Utilizando
Windows 8

Lo primero: no temas utilizar el
sistema operativo, poco a poco. Si después de una primera toma de contacto
no te gusta la idea de las baldosas, no tendrás que utilizarlas más allá de funcionar como pantalla de inicio al encender el ordenador. Podrás huir siempre
que quieras al escritorio tradicional sin apenas salir de ahí. Piensa en el
Modern UI como una especie de enorme armario de aplicaciones e información que
podemos abrir siempre que queramos. Incluso si lo utilizas con esta mentalidad,
ignorando las novedades, Windows 8 supone una mejora global por el diseño más
intuitivo y la seguridad reforzada.

La filosofía de Modern UI se centra en una sola idea: llevar la simplicidad al extremo. La
multitarea a la que estábamos acostumbrados, con decenas de aplicaciones y
ventanas, ya no es tan fluida en Windows 8. Al igual que ocurre en una tableta,
el sistema operativo te obliga a operar de forma sencilla. Y eso es una ventaja
y un inconveniente a la vez. La usabilidad mejora a cambio de forzar al usuario
a un giro de mentalidad que no todos vamos a saber o querer aceptar.

Piensa en el concepto del
escritorio, el desktop: hasta ahora era
ese lugar mágico donde unificar y organizar toda nuestra actividad. Con
Modern UI ya no hay un único lugar para hacerlo por defecto. La experiencia se
simplifica pero también se dispersa. Y eso será para muchos usuarios demasiado molesto como para perdonarlo.

Sobre el debate estrella, utilizar
el ratón con el nuevo interfaz, dejémoslo bien claro: no es tan incómodo. Es cierto que no es la
mejor combinación, y es una muestra más la esquizofrenia entre el desktop y el mundo
“táctil” en la que nos ha metido Microsoft, pero al final te acostumbras. Manejarse con el trackpad mutiltouch con los dos dedos es muy
intuitivo. Hacerlo con el ratón no tanto, pero tampoco arruina la experiencia
global. Al fin y al cabo se trata de hacer scrolling con la ruedecita del ratón para moverse por el Modern UI. No es tan difícil, ¿no?

Empieza la confusión

Pese a todo lo bueno del interfaz Modern UI, hay aspectos molestos, muy molestos. Por ejemplo, es imposible abrir una segunda ventana de Internet
Explorer. Tampoco del correo, los contactos o el chat. Si es una aplicación de Modern UI, solo podremos trabajar con una
ventana de la misma, aunque eso sí, con multiples pestañas dentro si queremos.

Este es un cambio radical respecto a
lo que estábamos acostumbrados hasta ahora con Windows. Antes (recordemos), el escritorio era el único lugar que unificaba y estructuraba la experiencia de uso. Ahora Modern UI nos fuerza a saltar de aplicación en aplicación con los nuevos gestos del trackpad en lugar del tab+alt de toda la vida, que sigue ahí, pero supeditado al nuevo interfaz. Es un problema. En un tablet no
necesitamos un nivel muy alto multitarea, en un PC sí. Y la multitarea en Windows
8 está, cuando menos, horrorosamente mal planteada.

Hay otros inconvenientes del Modern
UI. No hay una pista obvia visual para saber qué aplicaciones están abiertas y
cuáles no. Las aplicaciones a pantalla completa dificultan ver qué programas
están funcionando, por lo que al final dejas muchas más aplicaciones abiertas
de las que estás utilizando. Sí, queda muy moderno y vistoso que las aplicaciones ocupen toda la
pantalla, pero acabas entrando en modo pánico
si pierdes el control de qué está funcionando y qué no.

Una de las diferencias principales
entre un tablet y un PC es el número de cosas que puedes hacer a la vez. Y es otro punto en el que Microsoft debería haber pensado mejor
cómo utilizar el espacio disponible. No poder incluir más de una
aplicación en la barra lateral del Modern UI a la hora de hacer
multitarea, por ejemplo, es incomprensible. Y la forma en la que funcionan las notificaciones es un síntoma de esta desconexión.

A simple vista las notificaciones en
Windows 8 son maravillosas, aparecen silenciosas en la esquina superior derecha y luego se desvanecen sin
molestar. Sin embargo, cuando pinchas en una el sistema te echa de una patada del
programa en el que estás hacia a una aplicación a pantalla completa, chat, correo o lo que sea. Twitter, el email o la mensajería serían buenas opciones para incluir en esa barra lateral adicional. De todas formas, ¿qué sentido tiene, por ejemplo, una aplicación de mensajería a pantalla completa? Desde el punto de vista de diseño y usabilidad, ninguno.

Por lo demás, Windows 8 es razonablemente
estable. En nuestras pruebas, Modern UI dijo basta cuando abrimos más de 25
apps, pero al recuperarse aparecían en el mismo punto donde se quedaron.
Bien. La rapidez de ejecución de programas en el escritorio y el Modern UI es
equivalente. La versión de IE 10 en Modern UI, por ejemplo, batió a la versión
de escritorio en los benchmarks de navegadores basados en HTML 5, pero no por
mucho (Chrome en el desktop superó a ambas por un amplio margen, por cierto).

Gestos

Windows permitía desde hace tiempo
gestos con el trackpad, pero no eran nada del otro mundo. Podías utilizar dos dedos para navegar y hacer alguna otra floritura dependiendo del fabricante del equipo, pero poco más. Windows 8 ofrece por primera vez un conjunto completo de
gestos que merecen la pena. En general, funcionan bien y son intuitivos, como el de desplegar
la barra de Charms moviendo el dedo desde la derecha del trackpad hacia el
interior. Eso sí, la lógica diría que para esconder la barra deberíamos hacer el
movimiento contrario, del interior hacia afuera, pero no, hay que repetir
el gesto. Cosas de Microsoft.

La usabilidad mejora si utilizamos un
convertible, mitad tableta, mitad portátil, o uno de esos ultrabooks con
pantalla táctil. Acabaremos estirando el dedo hacia la pantalla mucho
más de lo que pensábamos, aunque la experiencia de combinar PC y
pantalla táctil es todavía confusa y requiere mucha adaptación.

Un gesto adicional demuestra
nuevamente esta problemática: deslizar un dedo desde la parte
izquierda del trackpad hacia dentro. Este movimiento te echa de la aplicación
en la que estés para lanzarte a la siguiente que tengas abierta. Genial en
tablets de 10 pulgadas pero desafortunado en un trackpad de dos o tres.
Mientras navegas moviendo los dedos arriba y abajo del trackpad, es muy fácil
activar este gesto de forma accidental y salir catapultado al siguiente programa,
algo que difícilmente ocurre en un tablet porque apenas te acercas con los
dedos al borde de la pantalla.

Más allá de que algunos gestos sean confusos,
el inconveniente es que no son en absoluto personalizables. Windows 8
necesita más opciones de configuración. Mejor dicho, alguna opción de
configuración, porque en lo que a gestos se refiere, es imposible modificarlos. Microsoft: estamos en 2012, no en la era XP.

La escasa libertad de elección que Windows
8 ofrece al usuario adquiere otra dimensión si nos fijamos en las aplicaciones incluidas por defecto, en los socios con los que Microsoft decide o no
trabajar. Que en un PC, que se supone va a ser el eje central de tu trabajo y
comunicación, no haya rastro de Google Talk o AIM en mensajería
y contactos, por ejemplo, dice muy poco de Windows como ecosistema.

En definitiva, tras darle la vuelta a Windows 8 como un calcetín y probarlo durante semanas, la pregunta
que surge es directa: ¿logrará Modern UI establecerse como el próximo gran interfaz del PC? El simple hecho de que asalte la duda es preocupante.

El hermano pequeño: Windows RT

Todo lo anterior se refiere a la versión completa de Windows 8, pero merece la pena hacer una
breve mención sobre Windows 8 RT, sobre todo porque para muchos usuarios las
diferencias entre ambos no son evidentes.

Windows RT es la versión adaptada a equipos con procesadores ARM. Presenta el mismo interfaz Modern
UI pero una versión más limitada del escritorio que solo admite Office, Notepad y
una sencilla gestión de archivos. A primera vista es muy parecido a la versión
completa de Windows 8 pero las diferencias aparecen una vez empiezas a usarlo.
La mejor recomendación: no utilices un equipo Windows RT para reemplazar un
ordenador tradicional.

En un tablet, por ejemplo, el diseño
engancha. Las Live Tiles fueron diseñadas para equipos móviles y se nota. Sin
embargo, aplicaciones como email o mensajería necesitan perfeccionarse. No están tan bien acabadas y completas como en iOS o Android. Y
a pesar de que las baldosas con información en tiempo real se supone que actúan
como panel de notificaciones, este no es tan compacto e intuitivo como el centro de notificaciones de sus competidores.

En RT encontrarás además otras
limitaciones, como el escaso catálogo de apps en el Windows Store.
Imposible competir así con el App Store o Google Play. Es, en general, un buen intento
por crear un sistema que viva y respire solo en el mundo de la movilidad, pero de momento se queda en eso, en experimento.

Resumen

Windows 8 supone un salto al vacío para Microsoft, tan arriesgado como necesario, tan esquizofrénico como admirable.
Los que prefiráis obviar las novedades del Modern UI, podréis hacerlo
utilizando solo el escritorio tradicional. Los que queráis zambulliros de lleno en la
nueva experiencia, preparáos para horas de aprendizaje, cabreo y
confusión.

Lo bueno

El interfaz Modern UI, con sus Live Tiles, es lo mejor que ha hecho
Microsoft en diseño y experiencia de usuario en décadas.

Modern
UI hace que usar el escritorio tradicional sea aún más sencillo y atractivo.

Los
gestos para navegar por Windows funcionan en su mayoría. Por fin.

Música
en streaming gratis incluida por defecto con Xbox Music.

Lo malo

El
salto entre Modern UI y el desktop es una experiencia confusa en un PC
tradicional (sin pantalla táctil).

El
catálogo de aplicaciones en el Windows Store es demasiado pobre.

Acciones
sencillas como buscar contenido dentro de una aplicación son muy poco
intuitivas.

La
multitarea entre aplicaciones del Modern UI es confusa.

Algunas
aplicaciones, como correo y mensajería, parecen inacabadas.

Gizrank

3,5 estrellas.

¿Merece la pena comprarlo?

Muchos no tendréis opción. Windows 8
es el sistema operativo que vendrá preinstalado en cualquier PC que compréis a
partir de ahora. Para los que estéis pensando en actualizar desde Vista o Windows
7, depende. Si quieres sacarle más partido al ordenador, con aplicaciones y
acceso directo a contenidos en tiempo real, merece la pena. Si estás a gusto con
tu PC de toda la vida, olvídalo. De todas formas, el precio invita a probar: 30
euros hasta el 31 de enero de 2013.

Notas de la prueba

La
gestión de redes es más sencilla e intuitiva que antes: el panel de conexiones
inalámbricas está incluido en la barra lateral del Modern UI y el
icono en el escritorio dirige directamente allí. Es una mejora. Pero
Homegroups, la opción de Windows para compartir archivos entre equipos del
hogar, sigue siendo confusa, y conectarse por Ethernet no están sencillo como
debería.

Utilizar
Windows 8 con dos monitores es, cuando menos, frustrante. Pierdes la noción de
dónde están las aplicaciones y el interfaz Modern UI se desliza entre ambas
pantallas con facilidad. Mal.

La
aplicación de Correo está despojada de muchas de la nuevas aplicaciones que
hacen a Outlook tan bueno, incluso en Windows Phone. Cosas como mensajes
encadenados, bandejas de entrada combinadas y notificaciones aún no funcionan.

La dependencia de la función de búsqueda en la barra lateral de
Charms es excesiva. Por ejemplo, no hay búsqueda incluida en la página de inicio del
Windows Store, hay que hacerlo a través de la barra lateral.

Hay
detalles que siguen siendo inexplicables: ¿por qué seguimos sin poder anclar una carpeta de archivos a la barra inferior de tareas?

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