La semana pasada el Tribunal de Apelaciones de Nova Scotia revertió la sentencia de 2024 en contra de un hombre de Nova Scotia, acusado con tres cargos de material de abuso sexual infantil. El hombre, Brandon Klayme de Halifax, pasó 18 meses en la cárcel, insistiendo todo el tiempo en que era inocente, y su sentencia se debió a un único y mínimo error.
El caso se centró en 125 mensajes explícitamente sexuales intercambiados en la app Kik, similar al Snapchat, a fines de 2019, entre una chica de Wisconsin de 12 años en ese momento y a la que se llamó “CH”, y un hombre que se hacía llamar “Jay”. La madre de la niña descubrió los mensajes y alarmada, alertó a la policía local. Se determinó que el nombre de usuario de Jay en la app Kik era “fus__ro_dah”, y se ordenó a Kik brindar los detalles del usuario con ese alias.
El problema es que la citación emitida fue para el usuario “fus_ro_dah”, con un solo guión bajo entre las dos primeras palabras, en lugar de dos. Y ese nombre de usuario se conectaba con una dirección de correo electrónico que pertenecía a Brandon Klayme, un hombre de 28 años que vivía en Halifax con sus padres, y cuya vida daría un giro totalmente inesperado.
Basándose en la conexión entre el nombre de usuario y la dirección de correo electrónico la policía canadiense obtuvo los detalles de la dirección IP que usaba Klayme para conectarse a Internet, y luego allanó la casa de sus padres, incautando varios dispositivos. En esos dispositivos no encontraron nada, pero acusaron a Klayme de todos modos, específicamente por seducir a una menor, proveerle material explícitamente sexual a una menor, y por posesión de pornografía infantil. El caso llegó a los tribunales a fines de 2023 y el 5 de enero de 2024 encontraron culpable a Klayme y lo sentenciaron a 18 meses de cárcel.
¿Cómo pudo ser condenado sin pruebas concluyentes?
La historia hace que surjan toda clase de preguntas, como por ejemplo ¿qué sucedió durante el juicio? Todos tenemos una tendencia a dudar o ser cínicos respecto del sistema judicial, sea de Canadá o de otros países, y en general tenemos buenas razones para eso. Pero aún así ¿cómo envían a la cárcel a un hombre, sin que haya ninguna evidencia, literalmente ninguna.
Para tratar de responder a esa pregunta podemos ver la decisión del tribunal, y la decisión que revocó la sentencia.
La decisión original indica “la clave en el juicio fue si la Corona había establecido sin duda razonable que el Sr. Brandon Klayme era “Jay”. ¿Cómo resolvieron eso? Lo frustrante es que no quedó en claro. La decisión dice simplemente: “La Corte concluyó sobre la base de toda la evidencia directa y circunstancial aceptada por la corte que, sin duda razonable, el Sr. Brandon Klayme fue en todo momento la persona que se identificaba como “Jay” (la Corona sería en este contexto la fiscalía, la parte que acusa).
No hay explicación sobre cuál era la “evidencia directa y circunstancial”. Hay que señalar que en la decisión no se menciona el nombre de usuario “fus_ro_dah” ni ningún otro material presentado por los fiscales, y algo tienen que haber presentado porque la decisión hace referencia a “tres días de audiencia en que la fiscalía presentó evidencia”. Hay algo que la evidencia no incluía, y se trata de lo que había en los dispositivos de Klayme: “No se encontraron imágenes o chats en ninguno de los dispositivos incautados del dormitorio de la casa de sus padres que la policía creyera que Brandon Klayme habría utilizado”.
Las imágenes y chats (por cierto truculentas) se recuperaron del iPhone utilizado por la niña de 12 años y parece que su mera existencia, junto al nombre de usuario “fus_ro_dah” vinculado al e-mail de Klayme se consideraron evidencia suficiente como para sentenciarlo. (El desafortunado Klayme, según la corte “se muestra educado, respetuoso y cooperativo pero no se hizo responsable e insistió en su inocencia, citando que su cuenta de correo electrónico había sido hackeada”, argumentos que sin duda la corte ya había oído millones de veces antes).
Klayme salió en libertad tras cumplir los 18 meses en prisión y se dedicó a tratar de eliminar su nombre. Al hacerlo, finalmente notó el error de tipeo y en su apelación explicó: “En las últimas etapas de preparar mis argumentos de apelación se descubrió que la citación contenía un sutil error que cambió mi vida… Una discrepancia que nadie notó en el juicio y que el juez ni siquiera conoció”.
El Tribunal de apelaciones de Nova Scotia estuvo de acuerdo. Su decisión del 23 de julio revocó las acusaciones y sentencia contra Klayme, concluyendo que “el Sr. Klayme es inocente de los delitos que se le imputaron. Jamás habrían tenido que acusarlo y mucho menos, sentenciarlo”. ¡Así es! En especial porque, como señala la decisión de apelación “no hubo evidencia en su actividad de su cuenta de Kik que lo involucrara al Sr. Klayme durante el período de tiempo de los delitos aducidos”. Tampoco hubo evidencia de que “la cuenta de Google del Sr Klayme se usara para comunicarse con CH”.
Tal parece que lo que sucederá es que borrarán el expediente de Klayme, algo que es obviamente bueno porque quedar etiquetado como depredador sexual afectaría su vida de ahora en adelante. Pero nadie le devolverá los 18 meses que pasó en prisión. No hay motivos para pensar que se hará responsable a la policía o al juez que inexplicablemente lo sentenció basándose en evidencia que no existía.
Lo más importante es que el verdadero delincuente, “Jay”, una persona cuyo nombre es Jay y cuya dirección de IP aparenta ser de California, sigue libre para hacer lo que se le plazca, mientras Klayme pasó todos esos meses en prisión. El caso es un deprimente ejemplo de incompetencia, en todos los niveles.