Imagen coloreada que muestra varias partículas del virus del Herpes
Photo: Dr. John Hierholzer; F. A. Murphy (CDC)

Durante décadas, la idea de que una bacteria o virus podía causar Alzheimer se descartó como una teoría absurda. Pero ya no. Un equipo de investigadores ha hallado una nueva evidencia que sugiere que los herpesvirus pueden desencadenar la cascada de eventos que conducen a la enfermedad de Alzheimer, una demencia letal que afecta a 5 millones de estadounidenses.

Los investigadores de la Facultad de Medicina de Harvard estudiaron cómo las neuronas en ratones responden a la presencia de herpes simple 1 (HSV-1), el virus que causa el herpes labial. En un experimento separado que involucra un modelo tridimensional del cerebro humano cultivado en un plato, también estudiaron el herpesvirus humano 6 (HHV-6), el germen responsable de causar la enfermedad cutánea infantil conocida como roséola.

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Resulta que estos virus generalmente se detectan temprano en la vida y permanecen inactivos en algún lugar del cuerpo, pero a medida que envejecemos, casi siempre migran al cerebro.

Algunos de los ratones utilizados en el experimento fueron genéticamente criados para tener neuronas que podrían crear la versión humana de beta amiloide (o amiloide-β). El Amiloide-β es una proteína producida en el cerebro. En los pacientes con Alzheimer, se amontona para formar las placas que muchos expertos piensan que son las que destruyen lentamente el cerebro a medida que avanza la enfermedad. Muchos científicos habían asumido durante tiempo que el β-amiloide era esencialmente un producto de desecho sin un propósito significativo. Los últimos estudios apuntan a que el β-amiloide en realidad es una especia de primera línea de defensa contra la infección por hongos y bacterias.

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En el estudio actual, ambos virus parecieron provocar una reacción idéntica. Los cerebros de los ratones formaron nuevos depósitos de placas de β-amiloide prácticamente “de la noche a la mañana”, según el autor principal Rudy Tanzi, un genetista especializado en el cerebro del Hospital General de Massachusetts y de la Facultad de Medicina de Harvard. Los ratones criados con estas neuronas similares a las humanas pudieron defenderse mejor de la infección cerebral que los ratones sin ellos. Los mismos efectos también se comprobaron en la placa de Petri.

“La siembra de amiloide es lo que causa la deposición de la placa”, explicó Tanzi a Gizmodo, “y los herpesvirus y otros microbios pueden sembrar rápidamente amiloide-β”.

El estudio es el segundo en las últimas semanas que respalda la idea de que los virus juegan un papel importante en la enfermedad de Alzheimer. El primer estudio, también publicado en Neuron y dirigido por investigadores de la Escuela de Medicina Icahn en Mount Sinai, halló evidencia de que ciertos herpesvirus abundan más en los cerebros de las personas que murieron con Alzheimer; también sugiere que los genes que pertenecen a estos virus interactúan directamente con los genes humanos que aumentan el riesgo de padecer la enfermedad.

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Imagen histopatológica de placas seniles vista en la corteza cerebral de un paciente con la enfermedad de Alzheimer.
Photo: KGH / Wikipedia

La proximidad entre ambos estudios no es accidental, dijo Tanzi. Su equipo se ha mantenido en contacto con el equipo de Mount Sinai durante años, y originalmente habían planeado publicar sus resultados al mismo tiempo (ambos se publicarán en la misma edición impresa de julio de la revista). Fue el equipo de Mount Sinai, señala Tanzi, quien sugirió que el equipo de Harvard analizara tanto el HHV-6 como el HSV-1 en sus experimentos, ya que ese era el virus en el que habían empezado a concentrarse en su trabajo.

Aunque Tanzi y su equipo reconocen el trabajo largamente ignorado por otros investigadores que apoyan la hipótesis viral del Alzheimer, su investigación toma na dirección ligeramente diferente. Es un intento de conciliar varias teorías sobre las causas del Alzheimer.

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Los partidarios de la teoría viral a menudo han especulado que los gérmenes como el HSV-1 (el sospechoso más habitual) directamente provocan que el cerebro se salga de control debido a la inflamación, y el β-amiloide es solo un espectador. En la versión de Tanzi, el β-amiloide es el engranaje clave detrás de la enfermedad. “Las neuronas usan la proteína para matar o atrapar con seguridad partículas virales o bacterianas en una “nano-red”.

En la enfermedad de Alzheimer, este proceso se sale de control, lo que lleva a la acumulación descontrolada de placas. El trabajo de Tanzi ha demostrado que las placas desencadenan la producción de marañas (grupos de otra proteína cerebral llamada tau que se ve en las etapas posteriores del Alzheimer) que, en conjunto, son las causantes de la inflamación crónica. Todas estas partes móviles se unen para marchitar el cerebro, causando finalmente la muerte.

En este escenario, no es tanto el germen, sino el sistema inmunológico el culpable. “Los microbios son la precuela de la hipótesis de amiloide”, explica Tanzi.

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Los virus son solo uno de los factores que pueden desencadenar el Alzheimer. El mismo tipo de siembra puede ocurrir en personas cuyos genes provocan que el oprganismo produzca demasiado amiloide-β en ausencia de infección. La genética podría ayudar a explicar por qué solo las infecciones de algunas personas hacen que el cerebro empiece a producir amiloide-β en masa. “Simplemente tener el virus no es suficiente”, añade Tanzi.

Dado el fracaso generalizado de los tratamientos contra el Alzheimer que se han centrado en detener la producción de amiloide-β, el vínculo viral proporciona una nueva dirección clara para futuros ensayos clínicos: medicamentos antimicrobianos preventivos o vacunas que pueden evitar que estos patógenos lleguen al cerebro en el primer lugar. La investigación observacional (es decir, ensayos no controlados) ya ha sugerido que estos medicamentos pueden reducir el riesgo de padecer esta demencia.

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Este tipo de estudios definitivos es probable que aún estén lejos, pero sin duda hay un cambio en la tendencia.

“Creo que ya pasamos el punto en que esta idea era ridiculizada, pero algunos todavía pueden oponerse violentamente”, dijo Tanzi, refiriéndose a la máxima del filósofo alemán del siglo XIX, Arthur Schopenhauer, sobre las tres etapas de la verdad (primero ridiculizar, luego oponerse violentamente, y finalmente aceptarlo como evidente por sí mismo).

Tanzi y su equipo ya están trabajando en la investigación sobre cómo las bacterias que viven en el cerebro podrían contribuir al Alzheimer. Todo es parte de un proyecto de investigación que intenta cartografiar el universo microbiano viviente, o microbioma, del cerebro, y cómo puede influir en nuestra salud mental y física. [vía Neuron]