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El castillo que más se visita en Halloween no fue precisamente escenario de episodios sangrientos

Fue residencia veraniega de la reina María de Rumania en las décadas de 1920 y 1930.
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En los fríos desfiladeros de los montes Cárpatos en Rumania, la fortaleza medieval del siglo XIV se conoce como el Castillo de Drácula. Su conexión con el príncipe guerrero Vlad el Empalador es en parte mito literario, el edificio encarna la esencia gótica de la obra de Bram Stoker.

Cada año, en Halloween, la fortaleza abre sus puertas para recorridos nocturnos a través de pasadizos secretos, escaleras que crujen, y una fiesta de disfraces que atrae a fanáticos del horror gótico de todo el globo.

La fortaleza fue construida por los sajones en 1377, a instancias de Luis I de Hungría. No fue una fortaleza de importancia militar. Y tampoco fue un escenario de terribles episodios sangrientos. Por creencia popular, se dice que allí vivía Vlad Tepes, personaje que inspiró la novela Drácula de Bram Stoker. Sin embargo, lo que Stiker describe del castillo no tiene mucho que ver con el Castillo de Bran.

Hoy esta fortaleza atrae a los turistas por su valor arquitectónico y su antigüedad, pero además porque se la vincula con el personaje ficticio del conde Drácula. Dentro de la fortaleza se exhiben obras de arte y muebles que coleccionó la reina María de Rumania. Las visitas son guiadas, pero también se puede visitar sin guía.

Los constructores

Los caballeros de la Orden Teutónica construyeron una fortaleza aquí en 1212, tras haber sido derrotados en Tierra Santa. El lugar es la ruta principal en la frontera entre Transilvania y Valaquia. Con el tiempo, la pequeña fortaleza fue atacada y destruida, pero en 1377 el rey Luis I de Hungría ordenó construir la estructura que hoy sigue allí, por motivos de estrategia comercial y de defensa.

En 1920, después de la Primera Guerra Mundial se firmó un tratado por el cual se cedió la región de Transilvania al reino de Rumania.

Su ilustre habitante

La reina María recibió el castillo por decisión del gobierno municipal de la ciudad de Brasov. Y convirtió al castillo de Bran en su residencia de verano, llevando a cabo reformas sin afectar el aspecto de fortaleza medieval. Se instalaron servicios de electricidad y agua corriente, y el interior del castillo albergó muebles y objetos históricos.

En el parque se construyó el pabellón de té, casas para invitados, establos y garajes.

La princesa Elena heredó de la reina María, su madre, el castillo que en 1989 pasó a ser destino turístico pero en 2006 el gobierno rumano lo devolvió al hijo de Elena, el archiduque Dominico, que vive en EE.UU. Dominico puso en venta el castillo, que finalmente no se vendió.

El valor del castillo, según la revista Forbes, asciende a US$140 millones. A pesar de ser un destino turístico, tanto las autoridades como la familia propietaria se niegan a convertirlo en un parque temático de Drácula, ya que rechazan el mito.

 

[Fuente: Infobae]

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