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Tecnología

China lleva una década fabricando robots que parecen desafiar la gravedad. Su verdadero objetivo no está en las fábricas, sino en los lugares donde una caída puede ser mortal

Se adhieren a cascos de barcos, depósitos químicos y torres eólicas para soldar, limpiar o buscar grietas. No pretenden reemplazar todos los trabajos humanos, sino retirar a los operarios de algunos de los entornos industriales más peligrosos.
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La máquina avanza lentamente por la superficie curva de un enorme depósito metálico. No hay andamios bajo sus ruedas ni una plataforma que la sostenga desde arriba. Permanece pegada a la pared mientras sus brazos manipulan herramientas de soldadura y pulido, como una versión industrial de Spider-Man diseñada para trabajar entre chispas, óxido y productos químicos.

El vídeo pertenece a RobotPlusPlus, también conocida en China como Shihe Robotics, una compañía fundada en 2015 que se ha especializado en robots para operaciones en altura. Sin embargo, detrás de esas imágenes llamativas hay algo más amplio: un pequeño ecosistema de fabricantes y universidades chinas que están trasladando la automatización fuera de las fábricas y hacia superficies donde todavía resulta peligroso colocar a una persona.

Estas máquinas pueden inspeccionar torres eólicas, limpiar cascos de barcos, eliminar revestimientos, pintar depósitos o detectar grietas. La idea no es prometer que nunca volverá a producirse una caída laboral, sino reducir las horas que los trabajadores pasan suspendidos mediante arneses, cuerdas, grúas y andamios.

Estos robots no necesitan piernas para trepar por una pared

China lleva una década fabricando robots que parecen desafiar la gravedad. Su verdadero objetivo no está en las fábricas, sino en los lugares donde una caída puede ser mortal
© RobotPlusPlus.

Aunque algunos modelos recientes incorporan brazos articulados y recuerdan vagamente a un torso humano, la mayoría no son humanoides. Suelen utilizar una plataforma compacta con ruedas u orugas, un mecanismo de adherencia y una herramienta adaptada a la tarea.

En las superficies de acero, la solución más habitual son los imanes permanentes. Permiten que un robot se desplace por el casco de un barco o la pared de un tanque sin gastar continuamente electricidad para mantenerse sujeto. RobotPlusPlus utiliza este principio en varios modelos HighMate destinados a retirar pintura, óxido y recubrimientos mediante agua a presión, abrasivos o herramientas de pulido. La compañía asegura que uno de sus sistemas alcanza entre 40 y 60 metros cuadrados por hora, aunque reconoce que el rendimiento depende del revestimiento, la presión utilizada y la experiencia del operador.

El fabricante afirma también que sus robots empleados en astilleros han logrado retirar óxido a un ritmo aproximado de 30 metros cuadrados por hora, cinco veces superior al trabajo manual en las operaciones comparadas. Son cifras proporcionadas por la propia empresa, no evaluaciones independientes, pero explican por qué los astilleros están interesados: además de alejar al trabajador de la pared, una máquina puede recoger parte del agua y los residuos producidos durante la limpieza.

Los imanes, sin embargo, solo funcionan sobre materiales ferromagnéticos. Para vidrio, hormigón o estructuras cuyos recubrimientos podrían dañarse, los ingenieros recurren a ventiladores y sistemas de succión que generan una diferencia de presión contra la superficie. Otras tecnologías inspiradas en las patas de los gecos utilizan microestructuras y fuerzas intermoleculares, aunque siguen apareciendo sobre todo en prototipos y aplicaciones especializadas. Una revisión académica de 2024 identifica precisamente la adherencia, la transición entre superficies y la navegación sobre geometrías curvas como algunos de los grandes desafíos del sector.

China ya los prueba fuera del laboratorio

RobotPlusPlus es uno de los nombres más visibles. Su catálogo incluye equipos para limpieza de bodegas de carga, tratamiento de tanques petroquímicos y mantenimiento de cascos. La compañía sostiene que algunos de sus robots pueden adaptarse a más del 95% de la superficie exterior de un barco y que sus máquinas han trabajado sobre alrededor de un millón de metros cuadrados dentro de la industria marítima. De nuevo, se trata de datos corporativos, pero ya existen entregas comerciales: en 2021 anunció el suministro de 24 robots adicionales a instalaciones de COSCO Shipping.

No es la única. AKA Robotics, fundada en Shenzhen en 2017, comercializa la familia WallHiker para limpiar, lijar, pintar e inspeccionar barcos, depósitos, plataformas marinas y torres eólicas. Sus modelos combinan plataformas magnéticas con equipos de agua a presión y sistemas capaces de aspirar los residuos mientras trabajan.

Las universidades también están entrando en escena. En junio de 2026, un equipo de la Universidad de Ingeniería de Harbin desplegó en una planta eólica de Nanjing un robot de succión diseñado para revisar torres. Puede transportar cinco kilogramos de cámaras y sensores, detectar grietas y óxido, y adherirse a metal o vidrio sin dañar los revestimientos protectores. Tras aquella prueba, la universidad acordó estudiar su utilización en inspecciones invernales de instalaciones eléctricas en Heilongjiang, donde el frío y los fuertes vientos aumentan el riesgo para los técnicos.

El trabajador no desaparece: baja de la pared y toma el mando

La mayoría de estos sistemas todavía no actúa de forma completamente autónoma. Un operador controla su recorrido desde el suelo, vigila las cámaras y decide cómo tratar cada zona. La máquina sustituye la exposición física, pero conserva el conocimiento del especialista.

Todavía existen limitaciones importantes. Los cables y mangueras pueden enredarse, una soldadura sobresaliente puede bloquear las ruedas y una pérdida de adherencia obliga a incorporar líneas de seguridad. Las superficies húmedas, sucias o muy irregulares también complican la succión y la navegación. Un estudio sobre planificación de recorridos publicado en 2026 señalaba que muchos robots trepadores siguen dependiendo del control manual porque resulta difícil crear mapas fiables de estructuras abiertas, grandes y curvas utilizando únicamente sensores instalados a bordo.

El interés tampoco se limita a China. La estadounidense Gecko Robotics utiliza robots con sensores ultrasónicos para revisar infraestructuras industriales y buques. En marzo de 2026 obtuvo un contrato de hasta 71 millones de dólares para desplegar robótica e inteligencia artificial en la Marina de Estados Unidos, comenzando por 18 barcos de la Flota del Pacífico.

La promesa, por tanto, no consiste en construir un robot capaz de caminar por cualquier pared como un superhéroe. Es algo más concreto: transformar un trabajo que hoy requiere colgar a una persona a decenas de metros de altura en otro que pueda realizarse mirando una pantalla desde el suelo.

Quizá los robots trepamuros nunca resulten tan populares como los humanoides que bailan o transportan cajas. Pero mientras unos intentan imitar al trabajador dentro de la fábrica, estas máquinas están resolviendo un problema mucho más urgente: conseguir que el ser humano deje de ser la pieza que debe permanecer pegada a la pared.

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