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Científicos observan aterrorizados cómo serpientes devoran los órganos de sapos vivos

Una serpiente kukri con su cabeza insertada a través del vientre de un sapo asiático de manchas negras, algo que hace para extraer órganos. Es posible ver las excreciones blancas tóxicas en la cabeza y la espalda del sapo.
Una serpiente kukri con su cabeza insertada a través del vientre de un sapo asiático de manchas negras, algo que hace para extraer órganos. Es posible ver las excreciones blancas tóxicas en la cabeza y la espalda del sapo.
Imagen: Winai Suthanthangjai.

Un equipo de biólogos de Tailandia ha documentado un comportamiento nunca antes visto en serpientes, en el que los reptiles sin extremidades evisceraron y consumieron los órganos de sapos vivos.

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Las serpientes, como regla general, se tragan a sus presas enteras, pero como señala una nueva investigación publicada en la revista científica Herpetozoa, la serpiente kukri de bandas pequeñas de Tailandia es una excepción.

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Usando sus dientes frontales especializados, las serpientes kukri (Oligodon fasciolatus) abren un agujero en el vientre de grandes sapos venenosos, después insertan sus cabezas enteras en la cavidad para “sacar y comer los órganos uno por uno, ¡mientras la presa todavía está viva!”, escribió Henrik Bringsøe, un herpetólogo aficionado de Dinamarca y el primer autor del nuevo estudio, en una publicación de blog Pensoft Publishers.

Las serpientes Kukri tienen un tamaño de pequeñas a medianas y son inofensivas para los humanos. Bueno, en su mayoría inofensivas; sus dientes están diseñados para cortar en lugar de perforar, y son capaces de infligir grandes heridas desgarrantes a los animales, incluyendo, cómo no, a los humanos. El nombre “kukri” en sí mismo se deriva de los cuchillos kukri curvos utilizados por los soldados Gurkhas, según el informe. Además, sus mordeduras vienen con un agente anticoagulante que hace que las heridas sangren durante horas, lo que probablemente ayude a estas serpientes mientras se deleitan tranquilamente con los órganos de los sapo.

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Una serpiente kukri realizando su mortífero trabajo.
Una serpiente kukri realizando su mortífero trabajo.
Imagen: H. Bringsøe et al., 2020.

La víctima es un sapo asiático manchado de negro (Duttaphrynus melanostictus), que puede crecer hasta 20 cm de largo. Estos sapos son comunes pero venenosos, y secretan una toxina blanca de las glándulas ubicadas en el cuello y la espalda. Este veneno podría ser la razón de la estrategia de alimentación poco ortodoxa empleada por las serpientes kukri, aunque los investigadores no están del todo seguros.

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Bringsøe y sus colegas presenciaron estas escenas macabras en tres ocasiones diferentes en la provincia de Loei, en el noreste de Tailandia, y todas las ocasiones fueron captadas por cámaras. Los episodios documentados ocurrieron en agosto de 2016, abril de 2020 y junio de 2020. En algunos casos, los sapos intentaron resistir y liberarse, pero ninguno sobrevivió. Estas sesiones no fueron cortas, duraron más de “unas pocas horas”, dependiendo de qué órganos fueron seleccionados por las serpientes, escribió Bringsøe. Un extracto del artículo describe el caso de 2016:

La serpiente usó sus dientes agrandados [frontales] para cortar el lado izquierdo del abdomen justo debajo de la pata delantera izquierda [del sapo]. Su cabeza se balanceó de lado a lado mientras lograba cortar la piel del sapo. Lentamente, la serpiente insertó su cabeza en el lado izquierdo del abdomen y, posteriormente, extrajo órganos como el hígado, el corazón, los pulmones y parte del tracto gastrointestinal (al menos el estómago y todo el intestino delgado). Durante el proceso de retracción, la cabeza se movía en diferentes direcciones con la boca parcialmente abierta, permitiendo que los dientes cortaran los órganos en trozos más pequeños que luego se tragaba.

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En todos los casos, las serpientes se alimentaban exclusivamente de los órganos de los sapos, dejando atrás sus cadáveres vacíos. Se observaron patrones de alimentación similares en los otros dos ejemplos, pero, como se vio en el segundo caso, a veces los sapos se defendieron.

Durante esta batalla, se observó que un sapo gravemente herido rociaba su veneno “como una fina niebla”, y parte de este veneno aterrizaba en la cabeza de la serpiente, según el estudio. Esto hizo que la serpiente se apartara y frotara su cara contra algunas hojas muertas y rocas para eliminar la toxina de sus ojos y boca. Esto sucedió dos veces durante la lucha, y en un momento el sapo incluso logró escapar saltando a un estanque cercano y escondiéndose debajo de un tronco durante casi 30 minutos. Pero no tuvo éxito, ya que la serpiente, una vez recuperada, reubicó a su presa y terminó el trabajo.

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Una serpiente kukri, que ha entrado en contacto con el veneno del sapo, se ve frotándose contra hojas y rocas para eliminar la toxina de su cabeza. El sapo saltó a varios metros de distancia, pero luego fue capturado de nuevo.
Una serpiente kukri, que ha entrado en contacto con el veneno del sapo, se ve frotándose contra hojas y rocas para eliminar la toxina de su cabeza. El sapo saltó a varios metros de distancia, pero luego fue capturado de nuevo.
Imagen: H. Bringsøe et al., 2020.

Según los investigadores, este comportamiento de alimentación inusual puede ser una adaptación que evita que la serpiente ingiera la toxina del sapo, pero una cuarta observación del proceso complica esta hipótesis. En este caso, una serpiente kukri adulta atacó a un sapo más pequeño perteneciente a la misma especie y lo consumió entero. Como especulan los autores, es posible que los sapos más jóvenes sean menos tóxicos que los adultos o que las serpientes kukri sean inmunes al veneno.

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“En la actualidad, no podemos responder a ninguna de estas preguntas, pero continuaremos observando e informando sobre estas fascinantes serpientes con la esperanza de descubrir más aspectos interesantes de su biología”, escribió Bringsøe en la publicación.

Es un estudio que parece macabro, pero otras especies hacen cosas igualmente perturbadoras, incluyendo los alcaudones que empalan a sus presas vivas con espinas (e incluso alambre de púas) y musarañas que usan su veneno para paralizar ratones, que luego son devorados lentamente. Además, se ha observado que los halcones aprisionan pájaros diminutos en las grietas de las rocas en un intento de mantenerlos frescos para una futura comida.

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