Coca-Cola presentó este lunes una discreta actualización de su identidad visual. La compañía describió el cambio como un «refresh» de marca y lo acompañó con un video promocional de 90 segundos en el que muestra su nueva propuesta gráfica. Sin embargo, lejos de centrarse en los cambios, gran parte de la conversación en redes sociales giró en torno a una inesperada comparación.
Las reacciones en redes sociales
Muchos usuarios señalaron que la nueva tipografía les recordó de inmediato a la utilizada históricamente por Marlboro, una de las marcas de cigarrillos más reconocidas del planeta.
«Se parece muchísimo a la tipografía de Marlboro», escribió un usuario en una publicación que rápidamente ganó repercusión. Otro comentó con ironía: «Simplemente aceptaron que los refrescos son los nuevos cigarrillos y adoptaron una fuente muy parecida a la de Marlboro».
Love that they just leaned into the fact that soda is the new cigarettes by just straight up doing the Marlboro font pic.twitter.com/NTO3VGFdcL
— DriftedTekk (@driftedtekk) July 20, 2026
El diseñador Andreas Storm también se sumó al debate y explicó que, desde un punto de vista técnico, no se trata de la misma tipografía. Aun así, reconoció que las similitudes visuales son difíciles de ignorar.
It's not the Marlboro font pic.twitter.com/kV1YERJexU
— Andreas Storm (@avstorm) July 20, 2026
La comparación no es menor. Marlboro ha sido durante décadas la marca de cigarrillos más vendida del mundo y, desde el punto de vista del marketing, asociarse involuntariamente con una industria tan cuestionada puede generar interpretaciones inesperadas.
Aunque las bebidas azucaradas y el tabaco son productos completamente diferentes, ambos han sido objeto de críticas por su impacto en la salud pública. De hecho, en las últimas décadas el tabaco se convirtió en el ejemplo por excelencia de un producto con el que pocas empresas desean que se relacione su imagen.
Es habitual que, cuando surge un nuevo debate sobre riesgos para la salud, aparezcan comparaciones con la industria tabacalera. Expresiones como «estar sentado es el nuevo fumar», las discusiones sobre la responsabilidad de las redes sociales frente a la adicción o incluso los debates sobre la inteligencia artificial suelen recurrir a ese paralelismo para ilustrar posibles consecuencias.
Las campañas de salud pública contra el tabaquismo transformaron por completo la percepción social del cigarrillo. Se implementaron restricciones a la publicidad, prohibiciones para fumar en espacios cerrados y numerosas iniciativas de prevención, lo que provocó una fuerte caída en el consumo. Según datos de la American Lung Association, la tasa de adultos fumadores en Estados Unidos pasó de alrededor del 42% en 1965 a apenas el 11% en 2022. El cambio fue tan profundo que incluso Philip Morris reorganizó su estructura corporativa y pasó a operar bajo el nombre de Altria Group.
Por ese motivo, algunos especialistas consideran llamativo que Coca-Cola haya optado por una identidad visual que, al menos para parte del público, recuerda a una marca tan estrechamente vinculada con el tabaco.
¿Y la defensa de Coca-Cola a los ataques?
Hasta el momento de la publicación de esta nota, Coca-Cola no había respondido públicamente a las consultas sobre estas comparaciones. No obstante, en el comunicado oficial con el que presentó la renovación defendió la decisión como parte de una evolución natural de la marca.
«Coca-Cola es una de las marcas más reconocidas del mundo y eso implica la responsabilidad de seguir evolucionando», afirmó Arnab Roy, responsable global de la marca.
Según el ejecutivo, la actualización busca ofrecer una imagen más clara y consistente en todos los puntos de contacto con los consumidores, manteniendo al mismo tiempo los elementos que identifican a Coca-Cola desde hace décadas.
La historia demuestra que las grandes tabacaleras invirtieron enormes sumas de dinero durante el siglo XX para posicionar sus productos. En los años ochenta, por ejemplo, fabricantes de cigarrillos pagaban para que sus marcas aparecieran en películas de Hollywood y firmaban acuerdos millonarios con actores para que fumaran frente a cámara.
Ese modelo comenzó a cambiar en la década de 1990, cuando distintos estados estadounidenses iniciaron demandas contra las compañías tabacaleras para recuperar parte de los costos sanitarios derivados del consumo de cigarrillos. Como resultado, se endurecieron las restricciones publicitarias y las empresas asumieron compromisos para dejar de dirigir sus campañas a menores de edad.
En los últimos años también han surgido propuestas para limitar la publicidad de bebidas azucaradas, especialmente en entornos frecuentados por niños, como las escuelas. Aunque las compañías del sector rechazan muchas de estas iniciativas, algunos analistas consideran que cualquier parecido entre la nueva identidad de Coca-Cola y la de la marca de cigarrillos más famosa del mundo, incluso si es completamente accidental, podría convertirse en un problema de percepción para la empresa.