Un pedazo de cuero que llevaba aproximadamente 7.000 años conservado en una cueva de Granada acaba de revelar una conexión sorprendente entre los primeros ganaderos de la península ibérica y los animales que todavía viven en España. Lo que parecía un simple resto de piel prehistórica escondía algo mucho más valioso: material genético suficiente para reconstruir parte de la historia de las cabras domésticas.
El descubrimiento procede de la Cueva de los Murciélagos, situada en Albuñol, un yacimiento conocido por conservar objetos orgánicos que normalmente desaparecen con el paso del tiempo. Allí, los investigadores analizaron un fragmento de piel curtida que probablemente había formado parte de una prenda o cubierta protectora utilizada por una comunidad neolítica.
La sorpresa llegó cuando compararon su ADN con el de las cabras actuales: el animal mostraba una afinidad genética especialmente estrecha con la cabra Bermeya, una raza autóctona que todavía se cría en Asturias.
El hallazgo fue publicado el 4 de noviembre de 2026 en la revista científica PLOS ONE, en una investigación internacional liderada por Jolijn A. M. Erven, del University College Dublin.
Una cueva de Granada conservó durante siete milenios algo que normalmente desaparece: ADN en una piel

El cuero es uno de los materiales más difíciles de estudiar cuando procede de épocas tan antiguas. La humedad, los microorganismos y las variaciones de temperatura suelen destruir sus componentes orgánicos y fragmentar el ADN hasta hacerlo irreconocible. Sin embargo, las condiciones ambientales de la Cueva de los Murciélagos permitieron conservar excepcionalmente bien algunos objetos neolíticos, entre ellos restos de pieles trabajadas.
Los científicos estudiaron una pieza que presentaba señales de haber sido curtida y perforada intencionadamente. La datación por radiocarbono la situó en el Neolítico temprano, cuando las primeras comunidades agrícolas y ganaderas estaban transformando profundamente la vida en la península ibérica.
Mediante técnicas de paleogenética consiguieron recuperar ADN mitocondrial y nuclear. Aunque las secuencias estaban muy fragmentadas, bastaron para identificar al animal como una hembra de cabra doméstica (Capra hircus), y no como una cabra montés ibérica.
Según explica la Agencia SINC, la recuperación de ADN en materiales orgánicos tan antiguos resulta especialmente difícil en regiones de clima templado o cálido, lo que convierte esta muestra en un recurso excepcional para investigar la ganadería prehistórica.
El ADN reveló una conexión inesperada con una raza de cabras que todavía vive en Asturias

La segunda sorpresa apareció al comparar el material genético con poblaciones caprinas antiguas y modernas. La muestra neolítica tenía una afinidad especialmente elevada con la cabra Bermeya, reconocible por su característico pelaje rojizo.
El resultado sugiere que parte de la diversidad genética de los primeros rebaños ibéricos ha persistido durante milenios. No significa que las cabras Bermeyas actuales desciendan directamente de aquel ejemplar concreto, sino que ambas poblaciones comparten una historia genética antigua.

La investigación también encontró otro detalle intrigante: en el ADN recuperado no aparecieron señales detectables de ascendencia africana, presentes en algunas poblaciones caprinas posteriores. Esto podría ofrecer pistas sobre cuándo se intensificaron los intercambios ganaderos a través del Mediterráneo, aunque una única muestra no permite establecer conclusiones definitivas.
Como señala el comunicado científico difundido por PLOS, esta investigación demuestra que incluso materiales aparentemente modestos pueden conservar información fundamental sobre las migraciones, las tecnologías y la domesticación de animales.
Durante miles de años, aquella piel permaneció oculta en una cueva del sur de España. Hoy, su ADN permite relacionar a una cabra que vivió durante el Neolítico con animales que todavía pastan en el norte del país, demostrando que algunos objetos prehistóricos guardan historias mucho más largas de lo que su apariencia sugiere.