Hay demasiadas cosas que no encajan en las momias incas de Cerro Esmeralda. Para empezar no son de allí, o al menos sus ropajes no lo son. Para continuar, los cadaveres pertenecen a dos niñas demasiado mayores para ese tipo de enterramiento. El último detalle es el más intrigante. Su ropa está envenenada.

Las momias son dos víctimas del capacocha o Qhapaq Hucha, el sacrificio ritual de niños. Este tipo de ceremonia era extraordinaria en el imperio inca. Tan solo se llevaba a cabo bajo circunstancias muy específicas como ceremonias religiosas especiales, visitas del emperador o en casos en los que la seguía o la hambruna obligaban a hacer peticiones extraordinarias a los dioses.

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Las víctimas del capacocha podían morir de diferentes formas. A veces se las estrangulaba o ahogaba. Otras se las asesinaba de un golpe en la cabeza o se les abría para extraer el corazón. Se elegía a niños y niñas por igual, pero normalmente los niños no pasaban nunca de los 10 años y las niñas no pasaban de los 16. Además solían ser sacrificados por parejas (niño y niña). En este sentido, el sacrificio de Cerro Esmeralda es raro porque las víctimas son dos niñas de 9 y 18 años.

Tras el sacrificio, los cadáveres de los niños eran engalanados con todo tipo de lujos para que recibieran a los dioses apropiadamente vestidos. Los objetos que rodean a las dos niñas indican que la ceremonia en la que murieron hace entre 400 y 600 años tuvo que ser de una importancia capital.

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Era normal que las víctimas del capacocha se seleccionaran en cualquier punto del imperio inca, pero según los estudios del arqueólogo Jorge Checura las dos niñas (o al menos sus ropajes y adornos) provienen de Cuzco, un viaje inusualmente largo que podía llevar varios meses.

Ropajes envenenados

El último detalle extraño de las momias es que sus ropas están impregnadas de un fino polvillo rojo. Se trata de cinabrio, un mineral sulfuroso compuesto de azufre y mercurio que se ha usado durante siglos como pigmento por su intenso color rojo. Si se inhala, el polvo de cinabrio puede provocar intoxicación por mercurio.

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El uso de cinabrio no es raro en la antigüedad, pero sí que lo es en ropajes funerarios. De hecho es la primera vez que se detecta un pigmento semejante en el norte de Chile, una región donde el pigmento rojo habitual es la hematita.

Puede que fuera solo una cuestión de que tenían ese pigmento a mano, pero la hipótesis de los arqueólogos es que se usó cinabrio aposta para proteger las momias de posibles ladrones de tumbas. Podría ser una prueba más de la importancia de esa ceremonia dentro del contexto político de la época, la incorporación de las tribus de esa zona al imperio Tawantinsuyo. [Archaeometry vía Science Alert]