La memoria muscular no existe. Al menos no literalmente. En sentido científicamente estricto, es el término que se usa para referirse a la capacidad de nuestro cerebro de recordar patrones de movimiento a base de repetirlos y activar las mismas redes neuronales.

Si has llegado hasta aquí probablemente lo hayas hecho pensando que lo que acabo de decir no es cierto, que la memoria muscular sí que existe. ¿Cómo si no es posible que nuestros músculos se recuperen tan rápido cuando volvemos a entrenar después de un largo período de inactividad? Pues lo cierto es que no se sabe.

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La teoría de los mionúcleos

En 2016, el biólogo Kristian Gundersen llegó a unas interesantes conclusiones sobre la memoria muscular, que son las que probablemente hayas escuchado en el gimnasio. En esencia, Gundersen sometió a un intenso entrenamiento a un grupo de ratones y luego los hizo pasar por un periodo de inactividad para estudiar como respondían sus células. Lo que descubrió es que, a partir del sexto día de entrenamiento, las células de las fibras musculares ganaban mionúcleos. Cuando el entrenamiento se interrumpía, las fibras se iban atrofiando, pero las células no perdían estos núcleos, lo que favorecía la transmisión sináptica y la recuperación del tono muscular si se retomaba el entrenamiento.

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Recuento de mionúcleos tras 21 días sin actividad. Foto: Kristian Gundersen

El problema es que Gundersen no estaba seguro de por cuánto tiempo se mantenía este fenómeno, y tampoco si realmente es la base de lo que conocemos popularmente como memoria muscular. A día de hoy, la experiencia de los deportistas avala la idea de qué existe algún tipo de memoria muscular, pero la ciencia no se pone de acuerdo sobre cuál es el mecanismo exacto en el qué se basa.

Unos entrenadores te explicarán el estudio de Gundersen. Otros que la memoria muscular se basa en el estiramiento de la fascia, una capa de tejido fibroso que rodea los músculos y que al entrenar duro se distiende, favoreciendo el crecimiento muscular a posteriori porque ha quedado “holgada”. Hasta hay teorías que apuntan a la idea de que lo que ocurre es que el músculo solo pierde agua al atrofiarse, y que la memoria muscular se debe a que al volver a entrenar lo rehidratamos. Ninguna de estas hipótesis está avalada por la ciencia.

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¿Memoria muscular con base genética?

Ahora, un equipo de investigadores británicos acaban de publicar un nuevo e interesante estudio que parece confirmar la existencia de memoria muscular a un nivel totalmente nuevo: el genético.

ADN. Foto: Flickr

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Los investigadores han estudiado más de 850.000 muestras de ADN muscular para tratar de averiguar como responden los genes al ejercicio. Lo que han descubierto es que el organismo retira determinados marcadores químicos de los genes cuándo las células que los portan hacen ejercicio. Estos marcadores determinan qué genes están activos y cuáles no, y no se recuperan cuando se abandona la actividad y los músculos se atrofian, facilitando su rehabilitación. Este tipo de cambios se denominan modificaciones epigenéticas, porque alteran el funcionamiento del ADN sin alterar el ADN mismo. El doctor Adam Sharples, de la Unversidad de Keele lo explica así:

En este estudio, hemos demostrado que los músculos se desetiquetan con información epigenética cuando crecen debido al ejercicio durante la juventud. Lo importante es que los músculos permanecen sin etiqueta aunque perdamos masa muscular, y ello ayuda al gen a reactivarse y está asociado con un mayor desarrollo muscular cuando se retoma el ejercicio más adelante en la vida. En definitiva, que demuestra la existencia de memoria muscular a nivel epigenético.

El descubrimiento no solo podría tener interesantes repercusiones en cuanto a mejorar los procesos de rehabilitación muscular tras accidentes. También puede ser una muy mala noticia para los deportistas acusados de dopaje. Sharples y su colega Robert Seaborne añaden:

Si el músculo de un atleta crece y luego se pierde debido a una lesión, conocer las etiquetas epigenéticas responsables de esta memoria muscular puede ayudar mucho a su rehabilitación. Es necesario continuar el estudio para entender como los diferentes programas de ejercicio activan estas etiquetas.

Si un atleta toma drogas para potenciar el crecimiento muscular, sus células pueden conservar una memoria de este crecimiento. Esto significa que las actuales sanciones antidopaje podrían no ser adecuadas, porque la droga continua suponiendo una ventaja tiempo después del caso de dopaje y aunque se haya dejado de consumir. De nuevo, es necesario estudiar cómo se forma el músculo para confirmar este punto.

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En definitiva, que cada vez hay más indicios de que hay algo que permite a los músculos recordar el ejercicio que hacen de alguna forma. Hacer ejercicio nunca es una mala idea. [Universidad de Keele vía New Atlas]