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Ciencia

Durante más de 20 años nadie había registrado este tiburón martillo en Galápagos. Una pequeña bahía escondía algo mucho más importante que un simple reencuentro

El tiburón martillo liso llevaba más de dos décadas prácticamente desaparecido de los registros científicos del archipiélago. Ahora los análisis genéticos han confirmado que sigue allí y que varios juveniles podrían estar utilizando una bahía de Isabela como guardería natural.
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Galápagos es uno de esos lugares donde encontrar un animal extraño no debería sorprender demasiado. El archipiélago lleva casi dos siglos haciendo exactamente eso: obligando a los científicos a mirar dos veces.

Esta vez tuvieron que hacerlo literalmente.

Un grupo de pequeños tiburones martillo comenzó a aparecer en una bahía de Isabela, la isla más grande del archipiélago. Desde la superficie no había nada especialmente revolucionario: Galápagos es mundialmente conocido por sus grandes concentraciones de tiburones martillo. El problema es que aquellos ejemplares no parecían encajar del todo con la especie que los investigadores esperaban encontrar allí.

La respuesta llegó después de observar su anatomía y, finalmente, analizar su ADN. Eran tiburones martillo lisos (Sphyrna zygaena).

Y aquello convertía unas imágenes curiosas en algo bastante más importante. La especie llevaba más de 20 años sin aparecer en los registros oficiales de Galápagos. No significa que hubiese sido declarada extinta, como se ha afirmado en algunas informaciones recientes. Significa algo posiblemente más intrigante: había estado allí, o regresado allí, sin que supiéramos prácticamente nada de ella.

Parecía el tiburón martillo de siempre. Su cabeza escondía la diferencia

Durante más de 20 años nadie había registrado este tiburón martillo en Galápagos. Una pequeña bahía escondía algo mucho más importante que un simple reencuentro
© Texas A&M University at Galveston.

Distinguirlos a distancia es complicado. El tiburón martillo festoneado, Sphyrna lewini, es uno de los grandes protagonistas marinos de Galápagos. El martillo liso se le parece muchísimo, pero existe una pequeña pista anatómica: carece de la hendidura central en el borde delantero de la cabeza característica de otras especies de martillo.

Desde una embarcación esa diferencia puede pasar completamente inadvertida. Los investigadores creen, de hecho, que esa similitud podría explicar parte del misterio: algunos martillos lisos quizá hayan sido observados anteriormente sin ser identificados correctamente. Fue necesario combinar características morfológicas con análisis genéticos para confirmar definitivamente qué estaban viendo.

La historia comenzó a tomar forma en 2024, cuando colaboradores de la Universidad San Francisco de Quito, liderados por Alex Hearn, documentaron lo que consideran la primera agregación conocida de juveniles de tiburón martillo liso en Galápagos. Durante una expedición también se colocó un transmisor satelital a una hembra subadulta para comenzar a seguir sus movimientos.

Dos años después, el hallazgo se ha convertido en un proyecto mucho más ambicioso liderado por investigadores de Texas A&M University at Galveston junto con instituciones ecuatorianas e internacionales.

Porque encontrar al tiburón era solo el principio.

Que sean juveniles puede ser mucho más importante que haberlos encontrado

Durante más de 20 años nadie había registrado este tiburón martillo en Galápagos. Una pequeña bahía escondía algo mucho más importante que un simple reencuentro
© Shutterstock / Michael Zeigler.

La gran pregunta ahora no es simplemente por qué Sphyrna zygaena ha reaparecido en los registros. Es por qué hay tantos ejemplares jóvenes allí.

La hipótesis que manejan los investigadores es que esa pequeña bahía podría actuar como una zona de cría o guardería: un espacio relativamente protegido donde los juveniles pasan sus primeras etapas antes de aventurarse hacia aguas abiertas. De confirmarse, sería un hábitat especialmente valioso para una especie todavía muy poco estudiada.

Los científicos están utilizando transmisores acústicos para seguir a los ejemplares dentro de la Reserva Marina de Galápagos, además de cámaras submarinas, análisis genéticos y estudios de alimentación. Incluso están examinando muestras fecales para averiguar qué comen los juveniles.

El ADN puede responder otra pregunta todavía mayor.

El equipo compara muestras obtenidas en distintos puntos del Pacífico tropical oriental para comprobar si los tiburones de Galápagos están relacionados con poblaciones más septentrionales y meridionales. Si ocurre así, el archipiélago podría estar funcionando como una especie de puente biológico dentro de una red migratoria mucho mayor.

Y ahí aparece el problema.

Dentro de Galápagos están protegidos. Fuera empieza otro mundo

El martillo liso está catalogado como vulnerable en la Lista Roja de la UICN y su población global mantiene una tendencia decreciente. La sobrepesca constituye una de sus grandes amenazas.

Una reserva marina puede proteger un lugar. No necesariamente puede proteger a un animal que decide abandonarlo.

Los tiburones son capaces de desplazarse a grandes distancias y atravesar aguas internacionales donde la presión pesquera cambia completamente. Por eso saber cuánto tiempo permanecen los juveniles en Isabela, adónde van después y qué rutas utilizan los adultos es mucho más que curiosidad científica. Puede determinar qué zonas necesitan realmente protección para conservar la población completa y no solo una etapa de su vida.

Es también lo que convierte esta historia en algo distinto a uno de esos titulares sobre un animal que “regresa de la extinción”.

El tiburón martillo liso probablemente nunca desapareció de Galápagos. Lo inquietante es que pasamos más de dos décadas sin saber dónde estaba. Ahora que los científicos han vuelto a encontrarlo, han descubierto que la pregunta verdaderamente interesante no era si seguía allí. Era qué estaba haciendo escondido en aquella bahía.

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