El crucero National Geographic Explorer, uno de los pocos que visitan la Ant√°rtida.Foto: Wikimedia Commons

La Ant√°rtida no es precisamente un destino tur√≠stico popular, pero esa tendencia est√° dando un extra√Īo giro. Los √ļltimos a√Īos est√°n siendo testigos de un inusitado aumento de cruceros y paquetes vacacionales a los polos con un reclamo parad√≥jico: visitar estos lugares antes de que se fundan.

Tampoco es que de repente la plataforma Larsen C se haya convertido en la Riviera Maya, pero la tendencia es muy palpable. En el verano de 1991 a 1992 visitaron el Polo Norte 6.400 personas. En el mismo período entre 2016 y 2017 la cifra subió a 44.300.

Advertisement

Muchos de estos visitantes son personas genuinamente interesadas en el medio ambiente y el cambio climático. Muchos de los cruceros y paquetes turísticos están enfocados precisamente a este tipo de publico e incluyen charlas con científicos reales y cursos de concienciación medioambiental. Tampoco se trata de unas vacaciones baratas. Un crucero veraniego a la Antártida supera normalmente los 10.000 dólares y no es raro encontrar ofertas que multiplican esa cantidad hasta superar los 80.000. Todo depende de los lujos que queramos a bordo.

Hasta aqu√≠ no hay nada especialmente malo o deshonesto en el turismo polar. Lo que resulta un poco m√°s preocupante es que el lenguaje de marketing de los operadores tur√≠sticos que organizan viajes a los polos ha comenzado a incorporar el calentamiento global y el cambio clim√°tico como reclamos. La idea de visitar un lugar en peligro de desaparecer est√° funcionando muy bien a nivel comercial, pero no est√° exenta de riesgos. Los visitantes pueden llevar consigo semillas o microorganismos que cambien el fr√°gil ecosistema de las regiones polares. Por otra parte, la afluencia creciente de barcos aumenta las posibilidades de que se produzcan accidentes que da√Īen el entorno como un derrame de combustible.

Advertisement

Foto: Pixabay

Para empeorar las cosas, regular el turismo en estas regiones no es tarea f√°cil porque la Ant√°rtida, t√©cnicamente, no es de nadie. El tratado de la Ant√°rtida de 1959 estipula expresamente que ning√ļn pa√≠s puede reclamar territorio en el continente helado. Eso anula cualquier posibilidad de establecer un marco legal p√ļblico. Desde 1991, la Asociaci√≥n de Touroperadores de la Ant√°rtida (IAATO por sus siglas en ingl√©s) decidieron autoimponerse una serie de normas muy estrictas para regular el turismo polar. Seg√ļn declaraciones de la portavoz de la IAATO, Amanda Lynnes a The Outline, solo puede haber un barco anclado en la costa de la Ant√°rtida al mismo tiempo. Nunca puede haber m√°s de 100 personas sobre el continente en una expedici√≥n tur√≠stica, y debe haber un gu√≠a por cada 20 turistas. La recogida de basuras, la descontaminaci√≥n de los turistas para evitar especies invasoras y la limpieza tras una de estas visitas sigue un protocolo bastante estricto.

Advertisement

Lynnes asegura que las infracciones de este protocolo son escasas, pero sigue siendo un conjunto de normas establecido por una asociaci√≥n privada y que solo afecta a sus socios. Si el marketing convierte el calentamiento global en un reclamo masivo para el turismo, es solo una cuesti√≥n de tiempo que ocurra un accidente y dejemos la Ant√°rtida peor de lo que ya est√°. Desde la IAATO aseguran que las cifras crecen cada a√Īo y que en el per√≠odo 2017-2018 esperan batir un nuevo r√©cord gracias al inter√©s creciente de pa√≠ses como China. [v√≠a The Outline]