Foto: Mr.Racy/Flickr

Un investigador británico llamado Roy Levin acaba de publicar un interesante estudio médico protagonizado por un hombre de 63 años con un problema. El paciente no podía parar de tener orgasmos muy intensos en cualquier momento y lugar. La cosa llegó al punto de que debía llevar puesto un condón todo el día.

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El paciente anónimo estaba sano y tenía una próstata y una vida sexual normales para su edad hasta que sufrió una infección en la próstata. El médico le diagnosticó Cialis (un fármaco común para tratar las infecciones en el tracto urinario y también la disfunción eréctil). Al término del tratamiento, el paciente compró un masajeador prostático Aneros helix para rehabilitación.

Es posible para un hombre llegar al orgasmo mediante un masaje en la próstata a través del ano, pero es un fenómeno que la ciencia no ha estudiado lo suficiente. En el caso del paciente británico, el tratamiento funcionó a la perfección, pero trajo consigo la aparición de orgasmos extremos (de categoría Super-O” según el estudio) que se manifestaban en su pene, ano, pelvis y perineo (la región entre el escroto y el ano).

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La intensidad de los orgasmos no tardó en provocarle adicción.

El paciente comenzó a tener que llevar preservativo a todas horas. Llegó un momento en el que su cerebro se adaptó tanto a la nueva experiencia que le bastaba con tumbarse y ponerse el preservativo para llegar al orgasmo (sin el accesorio anal). El estudio explica:

El sujeto descubrió que, aunque los orgasmos eran muy disfrutables, pasaba demasiado tiempo experimentándolos. Además tenía una vieja lesión en el cuello que le provocaba molestias asociadas a los espasmos musculares en determinada posición al tumbarse. Llegó un momento en el que le resultaba difícil dejar de experimentar orgasmos y devolver su cerebro a la normalidad.

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En un momento dado, el paciente decidió que era hora de dejar de masturbarse y volver a una vida sexual normal. Durante estos encuentros era capaz de experimentar hasta 10 orgasmos sin estimulación y antes de eyacular. Por fortuna era capaz de limitar los orgasmos espontáneos durante unos meses.

Existen un puñado de estudios sobre orgasmos prostáticos. Levin explica que estos orgasmos son mucho más potentes y generan más placer que los que se producen en el pene. Sin embargo, no existen estudios sobre orgasmos inducidos únicamente mediante estimulación de la próstata, y todo indica que esta parte del cuerpo tiene un papel determinante en este sentido. Según un reciente estudio, por ejemplo, es normal que los pacientes a los que se les ha extirpado la próstata debido a un tumor padezcan de disfunción sexual.

En cuanto al paciente de 63 años, aunque existen evidencias anecdóticas de que su experiencia pueda trasladarse a otros, nunca se han estudiado este tipo de casos. Berit Brogaard, profesora y directora del laboratorio multisensorial en la Universidad de Miami explicó a Gizmodo que hay casos de orgasmos espontáneos y de otros síntomas que se confunden con orgasmos como la epilepsia. Por otra parte, Brogaard explica que la mayor parte de los estudios actuales se centran en el orgasmo femenino precisamente porque la ciencia ha negado su importancia durante siglos. Levin cree que es momento de llenar las lagunas de conocimiento que tenemos sobre el orgasmo prostático:

Por poner un ejemplo obvio, ni siquiera tenemos una imagen del cerebro durante un orgasmo exclusivamente prostático para poder compararla con un orgasmo convencional. ¿Quién asumirá este reto?

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[vía Clinical Anatomy]