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Ciencia

El extraño sonido de los cachalotes que desconcertaba a los científicos tiene una nueva explicación

En las profundidades del océano existe una señal sonora tan potente y regular que podría permitir a estos gigantes mantenerse conectados a distancias sorprendentes.
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En el océano profundo hay encuentros que nunca llegan a producirse a simple vista. La oscuridad, las enormes distancias y la inmensidad del agua convierten la comunicación en un desafío para cualquier animal que necesite localizar a sus semejantes. Para los cachalotes machos, sin embargo, existe una herramienta que puede atravesar ese escenario invisible: el sonido.

Durante años, los investigadores han estudiado los diferentes clics producidos por estos grandes cetáceos, especialmente aquellos relacionados con la ecolocalización y la búsqueda de alimento. Pero algunos sonidos emitidos exclusivamente por los machos adultos permanecían envueltos en interrogantes.

Son lentos, intensos y sorprendentemente regulares. Ahora, una investigación publicada en Annals of the New York Academy of Sciences aporta nuevos datos sobre estas señales y plantea que podrían desempeñar una función mucho más importante de lo que se pensaba.

La investigación no solo pone el foco en la potencia de los sonidos. También señala que su ritmo podría ser fundamental para que una señal conserve información mientras atraviesa enormes extensiones del océano.

Una señal que podría recorrer un océano invisible

El hallazgo gira alrededor de los llamados slow clicks, una clase de clics lentos producidos por los cachalotes machos. A diferencia de los sonidos rápidos empleados durante la ecolocalización, estas señales presentan características que apuntan hacia una posible función social.

Los registros analizados muestran que pueden superar los 200 decibeles re 1 µPa en la fuente. La cifra resulta extraordinaria, pero la potencia por sí sola no explica por qué estos sonidos podrían ser útiles para la comunicación.

A partir de registros acústicos obtenidos cerca de los animales y modelos destinados a estudiar cómo se propaga el sonido bajo el agua, los investigadores estimaron que estas señales podrían alcanzar distancias de hasta 70 kilómetros en determinadas condiciones.

Eso no significa que cada clic pueda recorrer exactamente esa distancia en cualquier circunstancia. La propagación acústica depende de numerosos factores, entre ellos la temperatura del agua, la salinidad, la profundidad, las características del fondo oceánico y el nivel de ruido existente.

Aun así, la posibilidad resulta especialmente significativa para una especie que vive en un entorno donde dos individuos pueden encontrarse separados por enormes extensiones de agua.

El océano profundo puede parecer silencioso desde la superficie, pero para los cachalotes está lleno de señales acústicas. En ese mundo, un sonido capaz de viajar durante decenas de kilómetros podría convertirse en una herramienta para mantener contacto con individuos que permanecen completamente fuera del campo visual.

La investigación, por tanto, cambia la manera de interpretar una parte del repertorio acústico de estos animales. El interés ya no está únicamente en cómo producen sonidos extremadamente potentes, sino en qué ventajas puede ofrecer esa combinación de intensidad y estructura.

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©Emma Li – Pexels

El secreto podría estar en el ritmo

La segunda característica que llamó la atención de los investigadores es mucho menos evidente que la potencia: la regularidad.

Los slow clicks presentan una cadencia muy lenta, con repeticiones de aproximadamente entre 0,1 y 0,3 hercios. En términos sencillos, se trata de una sucesión de sonidos separados por intervalos relativamente largos y organizados de una manera estable.

Esa precisión temporal podría ser esencial. Cuando una señal atraviesa grandes distancias, el medio puede modificarla, distorsionarla o hacer que se confunda con otros sonidos. Una estructura sencilla y repetitiva podría tener más posibilidades de conservarse y ser reconocida.

El estudio plantea precisamente que el ritmo estable podría actuar como una especie de característica identificadora de la señal. No sería suficiente con producir un sonido muy fuerte: también sería necesario mantener una secuencia acústica reconocible.

Los investigadores relacionan esta propiedad con una baja entropía de la señal, es decir, con una estructura relativamente simple y ordenada. Esa característica podría favorecer la transmisión de información temporal a través del agua.

La hipótesis abre una posibilidad fascinante: que los cachalotes machos utilicen estos sonidos como una especie de llamada de largo alcance capaz de conectar individuos separados por grandes distancias.

Sin embargo, todavía no se conoce con precisión qué información contiene cada señal. El estudio permite comprender mejor cómo funciona físicamente el sonido y cuál podría ser su utilidad, pero no descifra un supuesto “mensaje” concreto.

Lo que todavía queda por descubrir

El trabajo representa un avance importante, aunque sus conclusiones deben interpretarse con cautela. Los investigadores no han demostrado de manera definitiva qué información transmite cada slow click ni cómo responde exactamente otro cachalote al recibirlo.

Tampoco significa que todos los sonidos lentos tengan necesariamente una única función. El comportamiento animal suele ser más complejo, y una misma señal puede participar en diferentes interacciones dependiendo del contexto, la distancia entre individuos o las circunstancias sociales.

Lo que sí aporta la investigación es una explicación más sólida para una característica que hasta ahora resultaba difícil de interpretar. La enorme potencia de estos clics, combinada con un ritmo estable, encaja con las exigencias de una comunicación que necesita recorrer grandes distancias.

La posibilidad de que un macho pueda enviar una señal detectable a decenas de kilómetros también podría ayudar a estudiar mejor la vida social de estos animales. Las relaciones entre machos, sus desplazamientos y la manera en que ocupan enormes áreas del océano podrían estar más condicionados por la comunicación acústica de lo que las observaciones desde la superficie permiten imaginar.

En las profundidades, donde la visión pierde gran parte de su utilidad, el sonido se convierte en una ventana hacia un mundo que permanece oculto.

Y los slow clicks podrían ser una de las piezas más interesantes de ese sistema. La ciencia todavía no sabe exactamente qué “dice” un cachalote cuando los produce, pero ahora tiene una pista mucho más clara sobre por qué podría necesitar emitirlos.

 

[Fuente: Infobae]

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