Imagen: Andreiuc88 / Shutterstock

Pocas cosas pueden resultar m√°s claustrof√≥bicas que la idea de enterrarnos y mantenernos durante un prolongado espacio de tiempo en la oscuridad de un espacio cerrado. A Michel Siffre nadie le obligar√≠a a ello. Este espele√≥logo se someti√≥ a s√≠ mismo a dos meses de completo aislamiento bajo una cueva subterr√°nea. Una aventura que dio comienzo a principios de los 60 con la que se consiguieron grandes avances en el estudio del sue√Īo. As√≠ empez√≥ todo.

Es imposible hablar de la figura de Siffre sin mencionar al hombre que comenzar√≠a este tipo de estudios. Si durante siglos han sido muchos los cient√≠ficos y m√©dicos que han dedicado su vida al estudio del sue√Īo, Nathaniel Kleitman fue un paso m√°s all√°. Junto a su ayudante y alumno Bruce Richardson, el investigador sal√≠a el 6 de julio de 1938 de pasar 32 d√≠as en una cueva en Kentucky. Privados de se√Īales ambientales, hab√≠an tratado de cambiar a un ciclo de sue√Īo de 28 horas. Un primer avance que desgraciadamente para Kleitman tuvo unos resultados no concluyentes.

Tras esa primera incursi√≥n de Kleitman hacia el estudio de los ciclos de sue√Īo engullido en la masa del planeta, m√°s de dos d√©cadas despu√©s llegar√≠a la aventura del explorador franc√©s.

Siffre: estudiando el aislamiento extremo

Imagen: Siffre leyendo en el experimento de 1972. Cabinet

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Michel Siffre nac√≠a el 3 de enero de 1939 en Niza. El explorador, aventurero y cient√≠fico contaba que con tan s√≥lo 10 a√Īos de edad descubri√≥ esa pasi√≥n por la espeleolog√≠a tras explorar el Imperial Cave Park. Pas√≥ su juventud interesado en la carrera espacial y por ello decidi√≥ que si no iba al espacio, intentar√≠a contribuir de alguna forma a la propia carrera espacial.

¬ŅQu√© hizo? El hombre pens√≥ que la mejor manera de ayudar era creando situaciones a las que se podr√≠an enfrentar los astronautas, situaciones como por ejemplo la posibilidad de acabar en alg√ļn tipo de cueva profunda. De hecho parte de sus primeras ideas ya se basaban en la realidad de un astronauta, confinado a pasar meses en peque√Īos espacios. As√≠ comenzar√≠an sus primeros experimentos. Y s√≠, mientras que para algunos el aislamiento puede ser un castigo, para Siffre se convirti√≥ en el camino para el descubrimiento cient√≠fico.

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La primera de las grandes investigaciones llegaría a comienzos de la década de los 60, con la carrera espacial en ebullición y en el momento en el que la comunidad científica aprendía y estudiaba sobre cómo viajar al espacio y cómo mejorar ese viaje a los astronautas. Estos estudios llevaron a una serie de planteamientos y preguntas sobre dichas condiciones:

  • ¬ŅPodr√≠an las personas hacer frente a un aislamiento extremo en un espacio confinado?
  • Dando por v√°lida la cuesti√≥n anterior, ¬Ņqu√© pasar√≠a con nuestros ciclos de sue√Īo si no hay Sol?

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No hab√≠a respuesta clara, as√≠ que Michel Siffre a la edad de 23 a√Īos decide ofrecer las respuestas a la comunidad experimentando √©l mismo tal situaci√≥n. Pas√≥ dos meses viviendo en un aislamiento total, enterrado a m√°s de 100 metros de profundidad en un glaciar subterr√°neo en los Alpes (cerca de Niza).

El astronauta en la cueva

Imagen: Siffre con los electrodos (1972). Cabinet

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Se trataba de un glaciar que hab√≠a descubierto un a√Īo antes tras una expedici√≥n biol√≥gica. Siffre hab√≠a pasado 15 d√≠as all√≠ en el momento del descubrimiento, por lo que pens√≥ que ser√≠a el lugar id√≥neo para poner en pr√°ctica el experimento. Un espacio confinado donde no tendr√≠a reloj alguno ni luz del d√≠a para marcar el tiempo. Dentro de la cueva las temperaturas ser√≠an bajo cero, con un 98% de humedad y una temperatura corporal por debajo de los 34 grados. Dicho de otra forma, all√≠ se encontr√≥ con mucho fr√≠o y humedad m√°xima. Seg√ļn explicar√≠a a√Īos despu√©s:

Ten√≠a un equipo en el interior de la cueva francamente malo, y todo en un peque√Īo espacio. Mis pies estaban siempre mojados, y mi temperatura corporal por debajo de los 34 grados. Mis pasatiempos pasaban por leer, escribir y llevar a cabo la investigaci√≥n en la cueva. Tambi√©n pas√© mucho tiempo pensando en mi futuro. Adem√°s, hab√≠a dos pruebas que realizaba cada vez que llamaba a la superficie. En primer lugar, me tomaba el pulso. En segundo lugar, me hac√≠a un examen psicol√≥gico. Ten√≠a que contar del 1 al 120, a raz√≥n de un d√≠gito por segundo. Con esa prueba hicimos un gran descubrimiento: me tom√≥ cinco minutos para contar hasta 120. En otras palabras, psicol√≥gicamente hab√≠a experimentado cinco minutos reales como si fueran dos.

Precisamente el paso del tiempo en ausencia de un reloj fue una de las situaciones m√°s extra√Īas y perturbadoras. El ge√≥logo llev√≥ a cabo un protocolo cient√≠fico situando a un equipo a la entrada de la cueva. De esta forma y cada vez que se despertaba, cada vez que com√≠a y justo antes de dormir, Siffre les llamaba para que midiesen los tiempos (aunque el equipo no pod√≠a responderle por orden del mismo Sifre). Sin saberlo hab√≠a creado un campo de cronobiolog√≠a humano. Y es que mucho antes, en 1922, se hab√≠a descubierto que las ratas ten√≠an un reloj biol√≥gico interno. El experimento de Siffre demostraba que, como los mam√≠feros inferiores, nosotros tambi√©n tenemos un reloj biol√≥gico.

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Imagen: Siffre en la pesa. Cabinet

En el interior de la cueva sufri√≥ hipotermia y tuvo que lidiar con temperaturas extremas, sin embargo y como narrar√≠a de sus experiencias, jam√°s en los 63 d√≠as bajo tierra tuvo problemas para lidiar con la realidad. √önicamente recuerda una vez en la que pens√≥ en la locura. Cuando lleg√≥ el 14 de septiembre, fecha se√Īalada para su salida de la cueva, Siffre sinti√≥ por primera vez c√≥mo hab√≠a perdido la noci√≥n del tiempo:

Descendí a la cueva el 16 de julio y estaba planeado terminar el experimento el 14 de septiembre. Cuando mi equipo en la superficie me notificó que el día había llegado por fin, pensé que sólo era el 20 de agosto y creía que todavía tenía un mes para salir de la cueva. Mi tiempo psicológico se había comprimido por dos.

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Si bien su mente se hab√≠a ‚Äúperdido‚ÄĚ, su cuerpo se mantuvo estable. La raz√≥n se debe a ese protocolo que mantuvo con su equipo en el exterior cada vez que despertaba, com√≠a o iba a dormir. Como resultado hab√≠a mantenido sin querer ciclos regulares de sue√Īo y vigilia. Un buen d√≠a para el ge√≥logo duraba poco m√°s de 24 horas.

Tras la experiencia y los hallazgos encontrados, Siffre continuar√≠a llevando a cabo pruebas similares hasta 1972. M√°s de un centenar de pruebas durante diez a√Īos aislado en b√ļnkeres subterr√°neos artificiales, aunque tras el primer experimento, todos ser√≠an de menos de un mes.

Llegados a 1972, Siffre lleva a cabo el mayor de los retos hasta entonces. Decide descender a una cueva en Texas para permanecer en su interior seis meses. Un experimento patrocinado por la NASA que también variaba en cuanto a las condiciones extremas de su primer viaje a las profundidades (en 1962). Ahora se trataba de una cueva cálida y hasta cierto punto con lujos, donde la mayor de las incomodidades eran una serie de electrodos colocados en la cabeza destinados a vigilar su corazón, cerebro y actividad muscular.

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Con el paso de las semanas se acostumbr√≥ a ello. Pasaba el d√≠a con pruebas o explorando la cueva. Sin embargo en el d√≠a 79 de su aislamiento su cordura comenz√≥ a quebrarse. Todo indicaba que llegaba un principio de depresi√≥n, especialmente tras romperse el tocadiscos y cuando el moho comenz√≥ a estropear sus libros, revistas y material cient√≠fico. Al poco tiempo, comenz√≥ a pensar en el suicidio, un espacio del confinamiento donde su √ļnico ‚Äúamigo‚ÄĚ y compa√Ī√≠a fue un rat√≥n que aparec√≠a de vez en cuando para hurgar en sus suministros. Siffre lo acabar√≠a matando por accidente. En el momento en el que el experimento estaba llegando a su fin, una tormenta el√©ctrica acaba en una descarga sobre el explorador a trav√©s de los electrodos en la cabeza.

Al acabar la prueba esta volv√≠a a arrojar resultados interesantes. Durante el primer mes hab√≠a mostrado ciclos regulares de sue√Īo-vigilia de poco m√°s de 24 horas. Tras este tiempo, los ciclos comenzaron a variar al azar entre 18 y 52 horas. Se trataba del ‚Äúsue√Īo‚ÄĚ de Siffre desde muy peque√Īo, un hallazgo importante que impuls√≥ el inter√©s en las formas de inducir los ciclos de sue√Īo-vigilia m√°s largos en los seres humanos, algo que podr√≠a beneficiar a submarinistas o astronautas.

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Siffre no acabar√≠a aqu√≠ sus haza√Īas. En 1999 (y con 60 a√Īos de edad) volvi√≥ a introducirse, ahora en la cueva Clamouse, para el estudio de las condiciones a partir de edades avanzadas. All√≠ estuvo casi tres meses en su √ļltimo acercamiento a aquello a lo que dedic√≥ su vida. El hombre que estudi√≥ las cuevas y termin√≥ estudiando el tiempo sal√≠a de Clamouse el 14 de febrero del a√Īo 2000.

La profundidad es oscura. Y nosotros necesitamos luz. Y si la luz se apaga, estamos muertos. En la Edad Media, las cuevas eran el lugar donde viv√≠an los demonios. Pero, al mismo tiempo, las cuevas son un lugar de esperanza. De entrar en ellas para encontrar minerales y tesoros, y es uno de los √ļltimos lugares donde todav√≠a es posible tener aventuras y hacer nuevos descubrimientos.

Michel Siffre (2008)


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