Durante décadas, el mar y la agricultura han parecido mundos separados. Sin embargo, algunas de las respuestas a los problemas que amenazan nuestros cultivos podrían encontrarse precisamente bajo el agua. Y en Galicia, un grupo de científicos acaba de obtener resultados prometedores con un recurso que hasta ahora tenía poco valor comercial.
Se trata de las algas marinas. No de las destinadas al consumo humano, sino de aquellas que terminan descartadas durante su procesamiento o pertenecen a especies que apenas tienen salida en el mercado.
Investigadores españoles han conseguido transformarlas en bioestimulantes capaces de mejorar la respuesta de determinados cultivos frente a la sequía, las altas temperaturas y la salinidad. Los ensayos también han encontrado posibles aplicaciones para combatir algunas enfermedades que afectan a los viñedos.
El trabajo forma parte del proyecto BIO_MARTERRA, desarrollado durante casi cuatro años con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), universidades, agricultores y empresas gallegas. Sus resultados se presentaron el 22 de octubre de 2026 en la Misión Biológica de Galicia, en Pontevedra.
De algas descartadas a una herramienta para proteger los cultivos

La idea nació de una pregunta sencilla: ¿qué ocurriría si los residuos procedentes de las algas pudieran aprovecharse para ayudar a las plantas a enfrentarse al cambio climático?
El grupo BIO_MARTERRA, liderado por la empresa Porto-Muiños y coordinado por la Fundación Empresa Universidad Gallega (FEUGA), comenzó a estudiar diferentes extractos obtenidos de especies marinas de la costa atlántica. Según explica la documentación oficial de FEUGA, el objetivo consistía en aprovechar descartes de algas y especies sin valor comercial alimentario para elaborar bioestimulantes agrícolas.
Estos productos no funcionan exactamente como un fertilizante tradicional. Su principal propósito es estimular determinados procesos de las plantas para mejorar su aprovechamiento de nutrientes o su tolerancia a condiciones adversas.
Los investigadores realizaron pruebas con tomates, lechugas, pimientos, patatas y viñedos, utilizando diferentes dosis y métodos de aplicación. Los ensayos se desarrollaron tanto en condiciones controladas como en invernaderos y explotaciones agrícolas reales. Esta combinación permitió observar cómo respondían distintos cultivos cuando se enfrentaban al calor, la escasez de agua o concentraciones elevadas de sal.
Las plantas resistieron mejor la sequía, pero hubo otro resultado inesperado

Los resultados mostraron respuestas positivas frente a diferentes tipos de estrés ambiental, especialmente la sequía y el calor. En los cultivos de invernadero también se estudiaron los efectos de la salinidad, otro problema capaz de perjudicar el crecimiento vegetal. Pero el proyecto no se limitó a investigar cómo proteger las plantas de condiciones climáticas extremas.
Los científicos de la Misión Biológica de Galicia, dependiente del CSIC, también analizaron el comportamiento de determinados extractos frente al mildiu de la vid, una enfermedad provocada por un organismo patógeno que puede causar importantes daños en los viñedos.
Los resultados fueron prometedores. Algunos extractos mostraron actividad frente al patógeno, aunque los investigadores advirtieron que todavía son necesarios nuevos ensayos de campo para determinar su eficacia real. Así lo explicó el propio CSIC Galicia al presentar los resultados, destacando las posibilidades de aprovechar recursos marinos que actualmente tienen escaso interés comercial.
Es importante subrayar que no todos los extractos producen necesariamente los mismos efectos. Su eficacia depende de factores como la especie de alga, el procedimiento de elaboración, el cultivo y las condiciones ambientales.
Una investigación gallega que podría cambiar el aprovechamiento de los recursos del mar

El proyecto contó con una financiación cercana a los 180.000 euros y reunió a investigadores de la Universidad de Santiago de Compostela, el CSIC, la empresa Porto-Muiños y diferentes productores agrícolas.
Su importancia va más allá de encontrar una nueva aplicación para las algas. La agricultura enfrenta una presión creciente por las sequías, los episodios de calor extremo y la necesidad de reducir determinados insumos químicos. Al mismo tiempo, la industria de las algas genera subproductos que no siempre encuentran una segunda utilidad.
BIO_MARTERRA intenta conectar ambos problemas mediante un modelo de economía circular: aprovechar materiales procedentes del mar para producir insumos que puedan utilizarse en tierra. Los responsables del proyecto señalan que los productos desarrollados se encuentran próximos a su comercialización. Sin embargo, todavía será importante determinar su rendimiento económico, su eficacia a mayor escala y las condiciones en las que ofrecen mejores resultados.
La investigación no demuestra que las algas puedan sustituir al riego ni eliminar los efectos de una sequía prolongada. Lo que plantea es una posibilidad complementaria: que determinados compuestos marinos ayuden a los agricultores a reducir parte del daño provocado por situaciones de estrés. Y quizás esa sea la parte más interesante del descubrimiento. Mientras buscamos nuevas tecnologías para adaptar la agricultura al cambio climático, una de las herramientas que podrían ayudarnos lleva millones de años creciendo en nuestros océanos.