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Ciencia

El “radar” natural de los gatos que los alerta cuando cambia el tiempo

Durante siglos se creyó que ciertos comportamientos de los gatos podían anticipar lluvias, tormentas o cambios de temperatura. Aunque la ciencia no ha demostrado que estos animales puedan “predecir” el tiempo, sí existen razones biológicas que explican por qué reaccionan antes que nosotros ante determinadas condiciones atmosféricas.
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Observar a un gato antes de una tormenta ha alimentado durante generaciones todo tipo de creencias populares. Rascar una alfombra, limpiarse las orejas, esconderse o acurrucarse de una manera determinada fueron interpretados durante años como señales capaces de anticipar cambios en el clima.

Incluso existen referencias históricas que relacionaban conductas concretas con la llegada de lluvia o tormentas. Sin embargo, detrás de esta fama de “meteorólogos de cuatro patas” podría existir algo más que simple superstición. Los gatos poseen sentidos especialmente desarrollados y pueden percibir cambios ambientales que para los humanos pasan desapercibidos.

Uno de ellos podría ser la presión atmosférica. Las variaciones de presión suelen producirse antes de determinadas modificaciones del tiempo, especialmente cuando se aproximan frentes de tormenta. Aunque todavía no existe evidencia suficiente para afirmar que los gatos utilizan conscientemente estas señales para anticipar el clima, su sensibilidad podría provocar modificaciones en su comportamiento.

Su extraordinario oído también podría desempeñar un papel importante.

El “radar” natural de los gatos que los alerta cuando cambia el tiempo
© Magnific

Los gatos detectan frecuencias mucho más altas que los seres humanos, por lo que podrían escuchar truenos muy lejanos o sonidos producidos por fuertes vientos antes de que una persona perciba que se aproxima una tormenta.

El olfato añade otra ventaja. Estos animales pueden detectar cambios en los olores del ambiente con mucha mayor precisión que nosotros, incluyendo sustancias asociadas a la humedad o al característico aroma de la tierra después de la lluvia, conocido como petricor.

El clima sí modifica su comportamiento

Aunque estas características resultan llamativas, la ciencia todavía no ha demostrado que los gatos sean capaces de predecir fenómenos meteorológicos. Lo que sí muestran algunas investigaciones recientes es que las condiciones ambientales influyen en la forma en que se comportan. Un estudio publicado en 2025 analizó la relación entre variables meteorológicas y determinadas actividades de gatos domésticos. Los investigadores observaron que temperaturas elevadas, mayor humedad y viento podían relacionarse con cambios en el tiempo que los animales pasaban acostados, comiendo o de pie.

Al mismo tiempo, algunas condiciones estaban asociadas con una disminución de conductas como el acicalamiento, el rascado o el uso del arenero.

Otros trabajos también detectaron que los gatos pueden modificar sus rutinas durante periodos de lluvia, mientras que investigaciones realizadas con propietarios de perros y gatos encontraron variaciones relacionadas con la temperatura.

Durante épocas frías, algunos animales mostraban mayor actividad y juego. En cambio, frente a temperaturas extremas, tanto de calor como de frío, tendían a descansar o dormir durante más tiempo. Los propietarios también han informado comportamientos de nerviosismo o ansiedad durante tormentas intensas, algo que podría relacionarse con el ruido, las vibraciones, los cambios de presión y otras señales ambientales.

Por ahora, por tanto, no existe evidencia científica suficiente para asegurar que un gato pueda anunciar con precisión si mañana va a llover.

Pero tampoco resulta extraño que parezca saber que algo está cambiando antes que nosotros. Su oído, olfato y sensibilidad frente al ambiente permiten detectar señales que el cuerpo humano probablemente percibe mucho más tarde.

Así que quizá los gatos no sean auténticos meteorólogos, pero su comportamiento sí puede revelar que el entorno está cambiando mucho antes de que nosotros prestemos atención al cielo.

 

Fuente: Futura Science.

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