Un flamenco con las alas plegadas, una paloma posada sobre una rama seca, un murciélago con las membranas abiertas. Todos parecen esculpidos en piedra caliza, pero fueron animales vivos. Las imágenes, tomadas a orillas del lago Natron, en el norte de Tanzania, recorren internet desde hace más de una década y suelen ir acompañadas de una afirmación tan llamativa como falsa: que cualquier animal que toca esas aguas se convierte en piedra.
La realidad es menos sobrenatural, pero igual de interesante. El lago Natron es uno de los ambientes más extremos del planeta, y lo que ocurre con los cuerpos que quedan en sus orillas tiene una explicación química bastante precisa.
Un lago que parece de otro planeta

El Natron está en el distrito de Ngorongoro, en la región tanzana de Arusha, y su extremo norte llega hasta Kenia. Se encuentra en el valle del Rift de África Oriental, una de las zonas geológicamente más activas del mundo, y está catalogado como humedal de importancia internacional por la Convención de Ramsar desde 2001.
Puede ocupar entre 850 y 1.040 kilómetros cuadrados según el nivel del agua, pero tiene menos de tres metros de profundidad. Se alimenta principalmente del río Ewaso Ng’iro del Sur y de manantiales termales cargados de minerales. Como no tiene salida al mar, el agua solo se va por evaporación, y deja atrás una enorme concentración de sales.
El resultado es un agua extremadamente alcalina, con un pH que puede superar 12, un nivel comparable al del amoníaco doméstico. La temperatura suele superar los 40 °C. Desde el aire, el lago se ve de tonos rojos y anaranjados por los microorganismos que prosperan en esas condiciones, capaces de soportar lo que para casi cualquier otra forma de vida sería letal.
De dónde sale tanto carbonato
La clave está en las rocas que rodean al lago. La zona está formada por lavas volcánicas ricas en sodio y carbonato, pero pobres en calcio y magnesio. El agua de lluvia y de los manantiales disuelve esos minerales y los arrastra hasta la cuenca. Con la evaporación, se acumulan compuestos como el natrón, un carbonato de sodio hidratado que le da nombre al lago, y la trona.
A pocos kilómetros al sur se levanta el Ol Doinyo Lengai, un volcán considerado sagrado por los masái y famoso entre los geólogos por ser el único activo del mundo que expulsa lava de carbonatita de sodio, mucho más fría y fluida que la lava común.
El natrón tiene además una larga historia humana: los antiguos egipcios lo usaban en el proceso de momificación precisamente por su capacidad de deshidratar los cuerpos y frenar su descomposición.
Por qué los cuerpos no se descomponen

Eso mismo ocurre en las orillas del Natron. Cuando un ave muere y su cuerpo queda en el agua o en el barro salino, el carbonato y la sal lo deshidratan y lo recubren con una costra mineral. En lugar de descomponerse como lo haría en cualquier otro lugar, el cadáver se conserva. El ecólogo David Harper, de la Universidad de Leicester, lo explicó así en declaraciones a NBC News: en otro sitio el cuerpo se pudriría, pero en el borde del lago queda cubierto de sal y se preserva.
Es decir, los animales no se convierten en piedra. Quedan momificados y endurecidos por una costra de sales, lo que les da ese aspecto de estatua.
La historia detrás de las fotos
Las imágenes que se volvieron virales son obra del fotógrafo británico Nick Brandt, que las publicó en 2013 dentro de su serie Across the Ravaged Land. Brandt encontró los cuerpos ya conservados en la orilla y los colocó en poses sobre ramas y rocas para fotografiarlos. Según contó, estaban tan rígidos que no era posible doblar un ala o girar una cabeza.
El propio Brandt reconoció que nadie sabe con certeza cómo mueren esos animales. Su hipótesis es que la superficie del lago, muy reflectante y casi inmóvil, confunde a las aves y las hace chocar contra el agua. No hay evidencia de que el lago mate a los animales que lo tocan ni de que sea el lugar más letal para la fauna, como se repite en redes sociales.
Un lago letal que es cuna de vida

La paradoja es que este ambiente hostil es fundamental para una especie. El Natron es el único sitio de reproducción regular en África Oriental para unos 2,5 millones de flamencos enanos, y allí nace alrededor del 75% de la población mundial. La especie está clasificada como casi amenazada.
Las mismas condiciones que hacen al lago tan inhóspito lo convierten en un refugio. Los flamencos se alimentan de cianobacterias que proliferan en el agua alcalina, y construyen sus nidos en islas de sal donde pocos depredadores se animan a llegar. El lago también alberga peces del género Alcolapia, tilapias adaptadas a vivir en los manantiales calientes y alcalinos de la orilla.
Ese equilibrio es frágil. A mediados de la década de 2000, un proyecto para instalar una planta de extracción de carbonato de sodio en el lago generó una fuerte oposición de grupos conservacionistas, que advertían que podía poner en riesgo a los flamencos enanos de la región. La empresa desistió en 2008, aunque la tala en las cuencas y los proyectos hidroeléctricos río arriba siguen siendo amenazas para el lago.