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Ciencia

Científicos encontraron rastros de sangre dentro de un dinosaurio de hace 115 millones de años. El hallazgo revela que sus huesos conservaron algo que parecía imposible

Un equipo internacional encontró estructuras semejantes a glóbulos rojos y moléculas asociadas a la sangre en un dinosaurio de hace 115 millones de años. El descubrimiento podría transformar el estudio de los fósiles.
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Un dinosaurio murió hace 115 millones de años en lo que hoy es Brasil. Sus restos quedaron enterrados, atravesaron innumerables transformaciones geológicas y terminaron convertidos en fósiles. Hasta ahí, nada demasiado extraño para la paleontología. Lo verdaderamente extraordinario apareció cuando un grupo de científicos examinó el interior de sus huesos: encontraron estructuras semejantes a glóbulos rojos y moléculas relacionadas con la sangre que habrían sobrevivido durante todo ese tiempo.

El descubrimiento fue realizado por un equipo internacional dirigido por la Universidad Curtin, en Australia, y publicado el 2 de noviembre de 2026 en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

Los restos pertenecen a Aratasaurus museunacionali, un dinosaurio terópodo carnívoro de aproximadamente tres metros de longitud que vivió durante el Cretácico temprano. Según el comunicado oficial de Curtin, los investigadores identificaron señales químicas del grupo hemo, una estructura molecular que forma parte de la hemoglobina y participa en el transporte de oxígeno por la sangre.

Un fósil de Brasil conservó rastros de sangre durante 115 millones de años

Científicos encontraron rastros de sangre dentro de un dinosaurio de hace 115 millones de años. El hallazgo revela que sus huesos conservaron algo que parecía imposible
Reconstrucción artística de Aratasaurus museunacionali, un dinosaurio carnívoro que habitó el actual territorio de Brasil hace aproximadamente 115 millones de años. © Maurilio Oliveira (2020).

El ejemplar fue descubierto en 2008 en una mina del estado brasileño de Ceará. Pertenecía a un individuo joven, de unos cuatro años y aproximadamente 34 kilogramos de peso. Sus huesos permanecieron conservados durante millones de años hasta que los científicos decidieron examinarlos mediante técnicas avanzadas de microscopía y análisis químico.

Dentro de pequeños canales vasculares de los huesos de sus extremidades, el equipo encontró numerosas estructuras microscópicas de forma elipsoidal, parecidas a glóbulos rojos. Pero observar su forma no era suficiente para confirmar su origen.

Para comprobarlo, utilizaron espectrometría de masas, microscopía electrónica y espectroscopía Raman. Los resultados mostraron señales de hemo y compuestos derivados, además de elementos como hierro, carbono y nitrógeno asociados a las estructuras celulares.

El estudio original, titulado Heme signatures in mineralized red blood cells within vascular canals of a 115-million-year-old dinosaur bone, también detectó aminoácidos relacionados con el colágeno. La combinación de estas evidencias sugiere que ciertos componentes biológicos pueden dejar rastros químicos reconocibles durante mucho más tiempo del que se consideraba posible.

Una de las posibles explicaciones está en la mineralización. Los científicos identificaron hausmannita, un mineral rico en manganeso que habría contribuido a estabilizar las estructuras microscópicas. El enterramiento rápido en un ambiente con poco oxígeno y abundante actividad microbiana también pudo favorecer su conservación.

El descubrimiento podría cambiar cómo estudiamos a los dinosaurios, pero todavía existe un debate

Científicos encontraron rastros de sangre dentro de un dinosaurio de hace 115 millones de años. El hallazgo revela que sus huesos conservaron algo que parecía imposible
La geoquímica Kliti Grice, de la Universidad Curtin, sostiene uno de los huesos de Aratasaurus examinados durante la investigación. © Universidad Curtin.

El equipo encabezado por la geoquímica Kliti Grice considera que el hallazgo abre una nueva oportunidad para investigar aspectos de la fisiología de animales extintos, como su metabolismo y los mecanismos relacionados con el transporte de oxígeno.

Sin embargo, no todos los especialistas consideran definitiva la identificación de los glóbulos rojos. La paleontóloga Mary Schweitzer, que no participó en el estudio, explicó a ABC Australia que algunas de las estructuras no presentan las características morfológicas esperadas en células sanguíneas de animales no mamíferos.

Esto introduce una distinción fundamental: los investigadores encontraron señales químicas compatibles con componentes de la sangre y estructuras mineralizadas, pero no sangre líquida, células vivas ni ADN de dinosaurio. Tampoco significa que sea posible recuperar material genético para recrear animales extintos.

La importancia del descubrimiento está en otra parte. Durante décadas, los fósiles se estudiaron principalmente por sus formas, estructuras óseas y características anatómicas. Ahora, técnicas cada vez más precisas permiten buscar información química que permaneció oculta durante millones de años. Y esto plantea una posibilidad fascinante: muchos fósiles que llevan décadas almacenados en museos podrían conservar información biológica que todavía nadie ha conseguido detectar.

El dinosaurio de Brasil no ha regresado a la vida, pero sus huesos acaban de demostrar que la muerte tampoco borra necesariamente todos los rastros de lo que alguna vez estuvo vivo.

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