Hay lugares en España donde el pasado no está enterrado bajo tierra, sino congelado dentro de ella. En las profundidades de los Pirineos existen cuevas heladas que llevan miles de años acumulando nieve, restos vegetales y diminutos organismos. Algunos depósitos comenzaron a formarse cuando las primeras civilizaciones todavía estaban desarrollándose en Mesopotamia.
Ahora, ese extraordinario archivo natural está desapareciendo. El aumento de las temperaturas está derritiendo capas de hielo fósil que han sobrevivido durante aproximadamente 6.100 años, llevándose consigo información sobre antiguos bosques, cambios climáticos y formas de vida microscópicas que apenas conocemos.
Lo más inquietante es que la ciencia todavía no ha terminado de estudiar lo que contienen. Y, a diferencia de otros registros históricos, una vez que el hielo se derrite, buena parte de su información desaparece sin posibilidad de recuperación.
Un archivo de 6.100 años que está desapareciendo en los Pirineos

Una de las pruebas más contundentes procede de la cueva A294, situada en el macizo de Cotiella, en el Pirineo central. Allí se conserva el depósito de hielo formado por transformación de nieve más antiguo conocido hasta ahora. Una investigación del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC), publicada en The Cryosphere, confirmó que este hielo está desapareciendo a un ritmo sin precedentes desde que comenzó a formarse, hace unos seis milenios.
Desde 2009, las mediciones han registrado un aumento de entre 1,07 y 1,56 °C en la temperatura media del aire dentro de la cavidad. Según la zona estudiada, el hielo ha retrocedido entre 15 y 192 centímetros por año.
La causa no es únicamente el calor exterior. Los inviernos más templados impiden que las cavidades recuperen sus temperaturas habituales, mientras que las lluvias estivales introducen agua relativamente cálida que acelera el deshielo desde dentro. La menor acumulación de nieve agrava todavía más el proceso. Y aquello que durante milenios funcionó como una cámara de conservación natural está dejando de cumplir esa función.
ADN de plantas, bacterias y virus: lo que se esconde en el hielo fósil

Las capas oscuras que atraviesan el hielo de estas cuevas no son simples impurezas. Contienen fragmentos de hojas, agujas de pino, polen y restos orgánicos depositados en distintos momentos de la historia. Ese material permite reconstruir paisajes que ya no existen. El análisis del ADN vegetal conservado puede revelar qué especies crecían en determinadas altitudes y cómo cambiaron los bosques ante las variaciones de temperatura. Pero existe otra dimensión mucho menos explorada: los microorganismos.
Un estudio publicado en Frontiers in Microbiology identificó comunidades microbianas conservadas en el hielo de la cueva A294 y examinó cómo respondían a diferentes temperaturas. Sus resultados muestran que estas cavidades albergan ecosistemas microscópicos singulares, adaptados a condiciones extremas.
Los investigadores también consideran que estos hielos podrían conservar material genético de bacterias y virus antiguos. Sin embargo, su mera presencia no significa que sean patógenos ni que puedan recuperar actividad al descongelarse. El interés científico reside en conocer una biodiversidad prácticamente desconocida, entender cómo sobrevivió durante tanto tiempo y explorar posibles aplicaciones biotecnológicas de sus mecanismos de adaptación.
Quince cuevas y una carrera científica contra el tiempo

La dimensión del problema ha llevado a investigadores como María Leunda, de la Universidad de Berna, y Miguel Bartolomé y Ernesto Tejedor, del Museo Nacional de Ciencias Naturales, a impulsar una campaña para estudiar 15 cuevas heladas de los Pirineos. Según explicaron a EL PAÍS, el trabajo implica alcanzar cavidades remotas, descender mediante cuerdas y perforar depósitos de hielo para extraer muestras antes de que desaparezcan. No se trata únicamente de documentar el retroceso, sino de conservar información biológica y climática para futuras investigaciones.
La urgencia tiene antecedentes concretos. En 2022, la cueva Sarrios 1 perdió gran parte de su hielo fósil, mientras las temperaturas extremas afectaban también a los glaciares pirenaicos. Y el problema podría agravarse. La investigación sobre A294 advierte que su depósito podría desaparecer por completo en los próximos años.
La paradoja resulta difícil de ignorar: la tecnología científica dispone hoy de herramientas capaces de leer el ADN y reconstruir ecosistemas desaparecidos, pero algunos de los archivos naturales que permitirían hacerlo están fundiéndose antes de que podamos estudiarlos.
La pérdida de estas cuevas heladas no significa solamente que España tenga menos hielo. Significa que miles de años de historia ambiental podrían desaparecer sin que lleguemos a conocerlos.