Predecir dónde aparecerá una tormenta intensa unos minutos antes puede marcar una enorme diferencia. Y Europa acaba de colocar en órbita una nueva herramienta pensada precisamente para reducir ese margen de incertidumbre.
El MTG-I2, segundo satélite de imágenes de la tercera generación de Meteosat, fue lanzado el pasado 27 de agosto a bordo de un Ariane 6 desde la Guayana Francesa. Doce días después alcanzó su posición definitiva, a unos 36.000 kilómetros sobre la Tierra, y comenzó su fase de puesta en servicio.
Cuando esté completamente operativo, permitirá observar regiones de Europa y el norte de África cada 150 segundos, una frecuencia especialmente útil para fenómenos capaces de cambiar radicalmente en cuestión de minutos.
Una imagen nueva cada dos minutos y medio
La principal herramienta del satélite es el Flexible Combined Imager (FCI), una cámara que observa la Tierra en 16 bandas diferentes del espectro visible e infrarrojo.
Puede generar una imagen completa del disco terrestre visible desde su posición cada 10 minutos, pero dispone además de un modo de exploración rápida capaz de actualizar Europa y parte del norte de África cada 2,5 minutos.
Esa diferencia temporal es crucial para el llamado nowcasting: predicciones meteorológicas para las siguientes horas destinadas a seguir fenómenos que evolucionan demasiado rápido para los pronósticos convencionales.
Por ejemplo, los meteorólogos podrán observar cómo pequeños cúmulos comienzan a crecer, cómo se enfrían rápidamente sus cimas y si terminan convirtiéndose en grandes cumulonimbos capaces de producir granizo, lluvias torrenciales o fuertes rachas de viento.
No significa que el satélite pueda predecir exactamente dónde caerá cada tormenta, pero sí proporciona mucha más información sobre su evolución antes de que alcance su máxima intensidad.

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También observará los rayos desde el espacio
MTG-I2 incorpora además el Lightning Imager, un instrumento diseñado específicamente para detectar continuamente actividad eléctrica atmosférica.
Desde la órbita geoestacionaria puede monitorizar aproximadamente el 83% del disco terrestre visible desde el satélite, registrando destellos y concentraciones de rayos de manera uniforme.
Esto es especialmente importante porque un aumento rápido de la actividad eléctrica puede ser una señal de que una tormenta se está intensificando.
Hasta ahora, buena parte de esta información procedía de redes de sensores terrestres. La observación espacial permite añadir una cobertura homogénea incluso sobre regiones donde esas infraestructuras son menos densas.
Un nuevo ojo para detectar incendios
El mismo instrumento FCI también está preparado para identificar focos de calor.
Uno de sus canales infrarrojos trabaja alrededor de los 3,8 micrómetros, una longitud de onda especialmente sensible a puntos calientes. Esa capacidad permite detectar incendios pequeños incluso cuando ocupan solo una fracción de cada píxel observado.
Algunas imágenes de alta resolución alcanzan 500 metros por píxel en determinadas bandas visibles y del infrarrojo cercano, mientras que los canales térmicos de alta resolución llegan aproximadamente a un kilómetro.
Eso permitirá seguir mejor la evolución de grandes incendios, localizar nuevos focos y estimar cambios en su intensidad.
Una nueva generación de Meteosat
MTG-I2 se une ahora al primer satélite de imágenes, lanzado en 2022, y al primer satélite de sondeo atmosférico, lanzado en 2025.
Con este último lanzamiento queda completado el primer trío operativo de la tercera generación de Meteosat. Cuando el sistema esté plenamente funcionando, producirá al menos 50 veces más datos que la generación anterior. El objetivo no es eliminar la incertidumbre meteorológica, algo imposible incluso con mejores satélites.
Lo que cambia es la velocidad con la que podemos observar cómo nace un fenómeno peligroso. Una tormenta que antes podía cambiar considerablemente entre dos imágenes ahora podrá ser observada casi paso a paso desde el espacio.