La ciencia del clima vuelve a situarse en el centro de la disputa política en Estados Unidos. Una posible reestructuración del National Center for Atmospheric Research (NCAR) ha encendido las alarmas entre investigadores de todo el mundo. No se trata de un centro más: de su trabajo dependen algunos de los modelos climáticos y meteorológicos más utilizados a escala global.
Un pilar de la investigación atmosférica mundial
El National Center for Atmospheric Research, con sede en Boulder (Colorado), es desde hace décadas una referencia internacional en el estudio de la atmósfera, el clima y los sistemas terrestres. Sus equipos multidisciplinares trabajan en áreas que van desde la dinámica de tormentas severas hasta la evolución a largo plazo del calentamiento global.
Uno de los grandes valores del NCAR es su infraestructura de supercomputación, utilizada para ejecutar simulaciones climáticas de altísima resolución. Estos modelos permiten anticipar olas de calor, sequías prolongadas, inundaciones y otros fenómenos extremos cuya frecuencia e intensidad están aumentando en un planeta cada vez más cálido.
The Trump administration plans to dismantle the National Center for Atmospheric Research (NCAR), a leading global climate & weather research hub in Boulder, Colorado, drawing sharp criticism from scientists who call it “the global mothership” of climate science.
NCAR has also… pic.twitter.com/Q0P0o1TI1d
— Geoengineering Info (@geoengineering1) December 29, 2025
La propuesta: fragmentar y redistribuir funciones
Según reveló el medio especializado Eos y confirmó posteriormente USA Today, la administración Trump estaría considerando dividir el NCAR y redistribuir sus funciones entre distintas agencias federales.
Aunque por ahora no existe una decisión definitiva, los expertos advierten que una fragmentación de este tipo podría diluir la autonomía científica del centro y romper sinergias construidas durante décadas. El NCAR no solo produce ciencia básica, sino que actúa como un nodo clave de colaboración internacional.
Riesgos científicos en un contexto crítico
La posible reestructuración llega en un momento especialmente delicado. El consenso científico señala que el aumento de gases de efecto invernadero está intensificando eventos meteorológicos extremos en todo el mundo. Reducir la capacidad de investigación y modelización climática implicaría contar con proyecciones menos precisas justo cuando gobiernos y sociedades necesitan información fiable para adaptarse y mitigar riesgos.
Además, la fragmentación podría provocar fuga de talento, interrupción de proyectos en curso y retrasos en el desarrollo de nuevos modelos climáticos y meteorológicos. Las consecuencias no se limitarían a Estados Unidos: muchos servicios meteorológicos nacionales y estudios científicos dependen directamente de los avances generados en el NCAR.
🌪️ A Houston meteorologist is criticizing plans to close a major weather lab.
Matt Lanza of Space City Weather says the Trump administration’s move to shut down the National Center for Atmospheric Research could disrupt forecasting, disaster research, and lifesaving scientific… pic.twitter.com/WTamLHGyXm
— Chron (@chron) December 17, 2025
Ciencia y política, una tensión recurrente
El debate sobre el futuro del NCAR se enmarca en una estrategia más amplia de recortes y reorganización de instituciones científicas federales. Para la comunidad científica, el temor es claro: que decisiones políticas comprometan la capacidad de comprender y anticipar el comportamiento del sistema climático.
Lo que está en juego no es solo el destino de una institución, sino una parte esencial de la infraestructura global que permite estudiar el clima de la Tierra. En un mundo marcado por récords de temperatura y eventos extremos cada vez más frecuentes, debilitar la ciencia del clima puede tener consecuencias a largo plazo difíciles de revertir.
Fuente: Meteored.