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Ciencia

Unas extrañas grietas en Venus esconden una pista sorprendente: el planeta pudo tener océanos mucho más recientemente de lo pensado

Un nuevo análisis de los antiguos mapas de radar de la misión Magallanes identifica estructuras que los investigadores relacionan con sedimentos marinos, canales submarinos y enormes depósitos de sal. Si la interpretación es correcta, Venus pudo conservar océanos hasta hace menos de 1.000 millones de años.
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Hoy Venus es uno de los lugares más hostiles del Sistema Solar. Su superficie ronda los 465 ºC, su presión atmosférica es aproximadamente 90 veces la terrestre y una espesa atmósfera dominada por dióxido de carbono mantiene al planeta atrapado en un intenso efecto invernadero.

Sin embargo, unas extrañas estructuras detectadas en su superficie apuntan a un pasado radicalmente diferente.

Un equipo británico ha analizado nuevamente las imágenes de radar obtenidas por la misión Magallanes de la NASA y ha identificado extensas regiones de terrenos poligonales que, según su investigación, podrían haberse formado dentro de antiguos sedimentos marinos.

El estudio, publicado en Earth and Planetary Science Letters, llega a una conclusión especialmente llamativa: existen argumentos geológicos sólidos para pensar que Venus tuvo océanos y posteriormente los perdió.

Grietas de varios kilómetros que podrían haber nacido bajo el agua

Las nubes que rodean Venus impiden observar directamente su superficie con cámaras convencionales, por lo que Magallanes utilizó radar para cartografiar el planeta durante la década de 1990.

En esas imágenes aparecen enormes redes de fracturas poligonales en las tierras bajas.

Los investigadores identificaron seis tipos diferentes y observaron que algunos polígonos alcanzan varios kilómetros de diámetro. Su tamaño y geometría recuerdan a estructuras terrestres que aparecen cuando sedimentos ricos en arcilla se contraen dentro de antiguos fondos marinos.

El equipo sostiene que algunas de estas fracturas son difíciles de explicar sin recurrir a un origen sedimentario submarino.

Pero las grietas no son la única pista.

Unas extrañas grietas en Venus esconden una pista sorprendente: el planeta pudo tener océanos mucho más recientemente de lo pensado
© Magnific

Canales y gigantescas capas de sal

Los científicos compararon Venus con un episodio extremo ocurrido en nuestro propio planeta: la crisis de salinidad del Messiniense, cuando hace unos seis millones de años el Mediterráneo sufrió enormes episodios de evaporación.

Según el nuevo trabajo, algunos de los largos canales venusinos conocidos como canali, tradicionalmente asociados con flujos de lava, podrían haber funcionado en realidad como canales submarinos.

Además, determinadas crestas de la superficie serían compatibles con la existencia de antiguas capas de sal dejadas atrás cuando los océanos comenzaron a evaporarse.

Los cálculos apuntan a depósitos de al menos 64 metros de espesor, aunque podrían haber sido considerablemente mayores.

¿Significa esto que hubo vida en Venus?

No.

Encontrar evidencias de antiguos océanos sería extremadamente importante para determinar si Venus fue alguna vez habitable, pero habitabilidad y vida no significan lo mismo.

Los propios investigadores consideran que esos océanos podrían haber ofrecido condiciones compatibles con la vida, pero el estudio no identifica fósiles, microorganismos ni ninguna biosignatura.

Además, algunas de las estructuras observadas todavía podrían tener explicaciones alternativas. Los autores reconocen que ningún rasgo individual constituye por sí solo una prueba inequívoca de un antiguo ambiente marino.

Un planeta que pudo cambiar por completo

La hipótesis adquiere especial importancia porque plantea que Venus pudo conservar océanos hasta algún momento dentro de los últimos mil millones de años, antes de sufrir un efecto invernadero desbocado que transformó radicalmente su superficie.

Eso convertiría al planeta en un enorme laboratorio natural para comprender cómo dos mundos rocosos de tamaños similares, la Tierra y Venus, pudieron seguir caminos climáticos completamente diferentes.

Las próximas misiones serán fundamentales para comprobarlo. Mapas de mayor resolución y mediciones directas de la composición de la atmósfera y la superficie permitirán determinar si esas grietas son realmente los restos de antiguos fondos oceánicos.

Por ahora, Venus no nos ha dado pruebas de que alguna vez estuviera vivo. Pero las cicatrices que conserva su superficie apuntan a algo igualmente fascinante: el planeta infernal que vemos hoy pudo haber sido, durante una parte de su historia, un mundo cubierto por océanos.

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