En junio de 1942, el Ejército Imperial Japonés desembarcó en Attu, la isla más occidental de las Aleutianas, en Alaska. Fue el primer y único momento desde la Guerra de 1812 en que una potencia extranjera ocupó territorio norteamericano. La batalla para recuperarla costó más de 3.000 vidas en tres semanas de combate entre el barro y la niebla del Ártico. Más de ochenta años después, los restos de esa campaña yacen en el fondo del mar de Bering, y un equipo de arqueólogos acaba de cartografiarlos por primera vez.
El Kotohira Maru: un carguero japonés hundido por bombarderos B-24 el 5 de enero de 1943

El Kotohira Maru era un carguero de vapor de 124 metros de eslora y 6.101 toneladas brutas, botado en 1918 en los astilleros de Osaka. Había participado en la invasión japonesa de Birmania antes de ser reasignado al sector de las Kuriles. El 31 de diciembre de 1942 partió de Paramushir sin escolta, cargando madera, materiales de construcción, provisiones y combustible destinados a la guarnición japonesa de Attu.
El 5 de enero de 1943, un bombardero B-24 de la 11.ª Fuerza Aérea lo detectó aproximándose a la bahía de Holtz y lanzó doce bombas de 500 libras desde 1.500 metros. Dos impactaron en el costado y la proa, dejando el carguero ardiendo y escorado. Al día siguiente, un segundo B-24 confirmó el hundimiento. Según el estudio publicado en Heritage, el equipo de arqueólogos halló los restos a 83 metros de profundidad, casi 2 kilómetros al sur de las coordenadas señaladas en las antiguas cartas náuticas. La popa permanece erguida; la proa, arrancada por el impacto, yace volcada sobre su costado de estribor.
El SS Dellwood: el único barco cablero del gobierno de EE.UU. que encalló en un pináculo sin cartografiar
El SS Dellwood tenía una historia más extravagante. Botado en Oakland en 1919 y reconvertido en barco cablero en 1921, fue durante casi una década el único buque de aguas profundas del gobierno estadounidense. Tendió y reparó los cables del sistema WAMCATS que mantenía Alaska en comunicación con el resto del país. Su historial incluye una vuelta al mundo filmada para el Cuerpo de Señales del Ejército, el transporte de 600 kilómetros de madera para reconstruir Nome tras el Gran Incendio de 1934 y el transporte de pasajeros y correo en Alaska.
El 19 de julio de 1943, de regreso al servicio militar, comenzó a tender 64 kilómetros de cable entre Attu y la base aérea de Shemya. Al día siguiente encalló en un pináculo submarino sin cartografiar frente al Cabo Alexai y se hundió en la madrugada del 20 de julio. El pecio se localizó el 20 de julio de 2024, exactamente 81 años después del naufragio. A diferencia del Kotohira Maru, el SS Dellwood presenta una destrucción casi total: el casco está prácticamente aplanado, probablemente por una demolición controlada con explosivos para eliminar el peligro a la navegación en la bahía de Massacre, un puerto que se mantuvo activo hasta 1947.
La historia silenciada: los 42 habitantes de Attu deportados a Japón, de los que solo 25 sobrevivieron
Más allá del valor arqueológico, ambos pecios son testigos de la injusticia sufrida por los saskinax̂, el pueblo originario de Attu. Cuando los japoneses ocuparon la isla en 1942, deportaron a sus 42 habitantes a Hokkaido. Solo 25 sobrevivieron. Cuando regresaron a Alaska en 1945, se les prohibió volver a su tierra. Attu fue transformada en puesto militar y su población nativa nunca pudo regresar. El Kotohira Maru simboliza la ocupación que inició ese exilio; el SS Dellwood, la transformación de Attu en infraestructura bélica que lo perpetuó. El proyecto arqueológico, financiado por la NOAA y el Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos, buscó tanto rescatar los pecios del olvido como devolver visibilidad a esa historia.