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Ciencia

La evolución humana dejó una fotografía de grupo en el barro hace 1,43 millones de años. Ocho homínidos primates caminaban juntos y algunos tenían el tamaño de un adulto actual

Las 21 pisadas conservadas junto al lago Turkana no pertenecían a nuestro ancestro más reconocible, sino a una rama humana que terminó extinguiéndose. Su tamaño y la forma en que avanzaban obligan a revisar cómo imaginábamos a estos antiguos parientes.
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Los huesos suelen contar la historia de un individuo después de su muerte. Una huella hace algo distinto: conserva un movimiento. El pie baja, comprime el barro, vuelve a levantarse y deja atrapado durante millones de años un instante que alguna vez duró menos de un segundo.

Eso es precisamente lo que apareció en GaJi10, un yacimiento situado en el norte de Kenia. Allí, una misma superficie conserva 21 pisadas producidas por ocho individuos de Paranthropus boisei hace unos 1,43 millones de años. No eran miembros del género Homo, sino representantes de otra rama del árbol humano que convivió con nuestros posibles antepasados antes de desaparecer.

El descubrimiento resulta especialmente importante porque P. boisei era conocido, sobre todo, por sus cráneos, sus grandes molares y una mandíbula preparada para ejercer una enorme fuerza. El resto de su cuerpo continuaba siendo mucho más difícil de reconstruir. Las nuevas pisadas sugieren ahora que algunos de estos homínidos eran bastante más altos y pesados de lo que indicaba su imagen tradicional.

La historia comenzó con una pisada de hipopótamo

La evolución humana dejó una fotografía de grupo en el barro hace 1,43 millones de años. Ocho homínidos primates caminaban juntos y algunos tenían el tamaño de un adulto actual
© Kevin Hatala/Chatham University.

GaJi10 no es un yacimiento recién descubierto. La primera pista apareció en 1978, cuando la paleoecóloga Kay Behrensmeyer observó una gran depresión redondeada durante unos trabajos geológicos. Era la huella fosilizada de un hipopótamo. Al retirar cuidadosamente el sedimento aparecieron también dos rastros de homínidos.

El equipo estudió aquella pequeña superficie y después volvió a cubrirla con arena para protegerla. Pasaron casi cuatro décadas antes de que los investigadores regresaran, primero en 2016 y nuevamente en 2023. Las nuevas excavaciones revelaron que las impresiones iniciales formaban parte de una escena mucho mayor, compartida también por antílopes y otros animales.

Al analizar la forma de los pies y los patrones de desplazamiento, los investigadores atribuyeron los rastros humanos a Paranthropus. Algunas de las pisadas tenían dimensiones comparables a las dejadas por Homo erectus, una especie a la que tradicionalmente se le asignaba un cuerpo considerablemente más grande.

Las estimaciones más elevadas apuntan a individuos que pudieron medir hasta 1,80 metros y pesar cerca de 75 kilos. No significa que todos los miembros de la especie alcanzaran esas cifras ni que cada huella permita calcular una estatura exacta. Sí demuestra que su variedad corporal era mayor de lo supuesto y que algunos Paranthropus podían mirar prácticamente a los ojos a un humano moderno.

Ocho individuos avanzaron juntos, pero no sabemos por qué

La evolución humana dejó una fotografía de grupo en el barro hace 1,43 millones de años. Ocho homínidos primates caminaban juntos y algunos tenían el tamaño de un adulto actual
© Louise N. Leakey.

El tamaño no es la única revelación. Las huellas parecen haber sido producidas por ocho individuos que se desplazaban sobre la misma superficie, probablemente como parte de un grupo. La mayoría presentaba pies grandes, compatibles con adultos y, posiblemente, con machos. No se identificaron rastros claros de niños ni de individuos pequeños que pudieran interpretarse como hembras.

Esa última lectura debe manejarse con cautela. Una pisada no conserva el sexo biológico de quien la produjo y las estimaciones dependen de cuánto dimorfismo corporal existiera en la especie. Los investigadores hablan de individuos “mayoritariamente machos” como una interpretación probable, no como una identificación directa.

Aun así, la concentración resulta difícil de ignorar. Hasta ahora, buena parte de lo que se sabía sobre P. boisei procedía de restos aislados. GaJi10 ofrece la posibilidad de que varios adultos toleraran la presencia de otros miembros grandes de su especie y se desplazaran juntos por la orilla.

Una explicación es que esa agrupación ofreciera protección en un paisaje habitado por grandes animales y depredadores. Otra posibilidad es que compartieran un recurso o simplemente coincidieran en una ruta habitual. La capa conserva que estuvieron allí, pero no revela si cooperaban, competían o seguían algo que se encontraba más adelante.

No estábamos solos en aquella orilla africana

La evolución humana dejó una fotografía de grupo en el barro hace 1,43 millones de años. Ocho homínidos primates caminaban juntos y algunos tenían el tamaño de un adulto actual
© Kevin Hatala/Chatham University.

El escenario se vuelve aún más interesante al conectarlo con otro hallazgo publicado en 2024. En un yacimiento algo más antiguo de la misma región aparecieron pisadas atribuidas a P. boisei y Homo erectus sobre una única superficie. Las marcas se habrían formado con pocas horas o, como máximo, algunos días de diferencia.

Aquellas huellas confirmaron que dos tipos humanos muy diferentes utilizaban el mismo entorno casi al mismo tiempo. Los nuevos rastros muestran ahora que tampoco estaban separados por una diferencia corporal tan evidente: algunos Paranthropus podían alcanzar dimensiones similares a las de Homo erectus.

No sabemos si ambos linajes se evitaban, se observaban desde lejos o entraban en conflicto. Tampoco puede afirmarse que P. boisei fuera uno de nuestros antepasados directos. Representaba una vía evolutiva distinta, exitosa durante cientos de miles de años, pero destinada a extinguirse mientras el género Homo continuaba expandiéndose.

Las pisadas de Kenia no convierten esa rama perdida en una versión de nosotros mismos. Hacen algo más valioso: devuelven cuerpo y comportamiento a criaturas que durante décadas parecían poco más que mandíbulas enormes en una vitrina. Hace 1,43 millones de años no avanzaban solas por la historia. Al menos en aquella orilla, caminaban juntas.

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