El Bosque Experimental de Bartlett, cerca de Conway, en Nuevo Hampshire, viene siendo estudiado y preservado desde 1931, lo que lo convirtió en uno de los registros de largo plazo más completos sobre un ecosistema forestal templado. En 2004 se instaló allí una torre de 37 metros que mide de forma continua, mediante la técnica de covarianza de vórtices turbulentos, cuánto dióxido de carbono entra y sale del bosque. Un equipo liderado por Darby Bergl, de la Universidad de Nuevo Hampshire, analizó dos décadas completas de esos datos y publicó los resultados en la revista Global Change Biology Communications.
La fotosíntesis no cayó: lo que subió fue la respiración

Entre 2004 y 2023, la absorción neta de carbono del bosque de Bartlett cayó de forma sostenida, a un ritmo de 12,5 gramos de carbono por metro cuadrado menos cada año. Lo llamativo es que ese debilitamiento no se explica por una caída de la fotosíntesis, el proceso por el cual las plantas capturan CO₂, sino por un aumento sostenido de la respiración del ecosistema (la liberación de CO₂ por parte de árboles, raíces, suelo y microorganismos), que creció a un ritmo de 15,8 gramos de carbono por metro cuadrado cada año durante el mismo período. Los inviernos más cálidos y un aumento de la radiación difusa a fines del verano resultaron los principales motores detrás de ese incremento sostenido de la respiración.
Años en que el bosque terminó emitiendo más de lo que absorbió
La consecuencia práctica de esa tendencia ya se hizo visible en los años más recientes del estudio: en 2021, 2022 y 2023, el bosque de Bartlett tuvo una producción neta negativa (−22, −120 y −15 gramos de carbono por metro cuadrado respectivamente), lo que significa que en esos tres años el ecosistema emitió más carbono del que logró absorber, comportándose como una fuente neta en lugar de un sumidero. «Estos resultados desafían la suposición de que los bosques seguirán absorbiendo grandes cantidades de carbono a medida que avance el cambio global», advirtió Bergl, según Muy Interesante. El investigador Scott Ollinger, también de la Universidad de Nuevo Hampshire y coautor del estudio, resumió el hallazgo con una frase directa: algo está ocurriendo en los suelos a medida que se calientan que cambió la forma en que todo el sistema absorbe y libera carbono.
No es solo Bartlett: 65 bosques boreales cuentan una historia parecida, con matices

Un segundo estudio, liderado por Y. Liu y publicado en Communications Earth & Environment, amplió la mirada a 65 emplazamientos de bosques boreales y templados del hemisferio norte, con casi 10.000 observaciones mensuales por sitio provenientes de redes internacionales como FLUXNET, AmeriFlux, ChinaFLUX e ICOS. El patrón general se repitió en la mayoría de las latitudes boreales analizadas: las primaveras más cálidas aumentan la absorción neta de carbono, pero los veranos y otoños más cálidos tienden a reducirla, llegando a compensar hasta el 80% de esa ganancia primaveral. Los bosques jóvenes resultaron los más afectados por las pérdidas estivales, mientras que los maduros lograron aprovechar mejor el impulso de la primavera. «No existe un bosque promedio, sino combinaciones complejas de clima, fenología, suelo y etapa de desarrollo», señalaron los propios autores.
Qué significa esto para el futuro de los bosques como sumideros
Conviene un matiz importante antes de sacar conclusiones apresuradas: Bartlett es un único bosque estudiado durante un período específico, y sus resultados ilustran un mecanismo fisiológico plausible, no una prueba de que todos los bosques templados del planeta ya se convirtieron en emisores netos de carbono. Lo que sí queda claro, combinando ambos estudios, es que la capacidad de los bosques para seguir absorbiendo grandes cantidades de CO₂ no puede darse por garantizada a medida que avanza el calentamiento global, y que la gestión forestal (conservar la humedad del suelo, diversificar especies, evitar plantar árboles fuera de su rango térmico de tolerancia) puede volverse tan determinante como la propia superficie forestal a la hora de sostener estos sumideros naturales de carbono.