El Wi-Fi funciona emitiendo ondas de radio en frecuencias específicas. El problema es que todos los dispositivos en un mismo espacio compiten por ese espectro: a más dispositivos, más interferencias, más saturación de la red y más consumo de energía para mantener la conectividad. Un equipo de investigadores del Reino Unido propone una solución diferente: en lugar de ondas de radio, usar luz. Y no solo la propone en teoría, sino que la demostró en laboratorio a velocidades que hacen que el Wi-Fi más rápido disponible actualmente parezca un módem de los años 90.
La tecnología: láseres VCSEL y una matriz que transmite en paralelo

El núcleo del sistema es un chip compacto equipado con una matriz de láseres VCSEL, sigla de Vertical Cavity Surface Emitting Laser, una tecnología ya usada en centros de datos para comunicaciones de alta velocidad por fibra óptica. Lo que el equipo hizo es aplicar esa misma tecnología a la comunicación inalámbrica en interiores. Durante las pruebas, emplearon una matriz de 5 por 5 láseres, de los cuales activaron 21 de forma simultánea.
Según el estudio publicado en Advanced Photonics Nexus, cada láser transmitió entre 13 y 19 Gbps de forma independiente. Al agregar la capacidad de todos los láseres activos, el sistema alcanzó una velocidad total de 362,7 Gbps en un enlace de dos metros. Es un récord para comunicación inalámbrica óptica en interiores.
La mitad del consumo energético del Wi-Fi comparable
La velocidad es el titular, pero el dato energético puede ser más relevante a largo plazo. El sistema consume aproximadamente 1,4 nanojulios por bit, lo que equivale a alrededor de la mitad del consumo de tecnologías Wi-Fi comparables. En un contexto donde los centros de datos y las redes de conectividad ya son responsables de una parte significativa del consumo eléctrico global, y donde el número de dispositivos conectados sigue aumentando, esa eficiencia energética tiene un valor estratégico considerable.
El problema de las interferencias: microlentes y distribución en cuadrícula
Usar múltiples láseres apuntando a distintas áreas de un mismo espacio crea el riesgo de que los haces de luz interfieran entre sí. El equipo resolvió ese problema diseñando un sistema óptico que dirige cada señal hacia áreas específicas mediante microlentes y un esquema de distribución en cuadrícula. Las pruebas mostraron una uniformidad de iluminación superior al 90% y la capacidad de mantener múltiples conexiones simultáneas en el mismo espacio sin que se degraden entre sí.
No es el reemplazo del Wi-Fi: es su complemento para entornos saturados

Los propios investigadores aclararon que esta tecnología no busca reemplazar el Wi-Fi actual sino complementarlo. Su aplicación más natural sería en entornos con alta densidad de usuarios y dispositivos, como oficinas, hospitales, edificios de departamentos o espacios públicos, donde las redes Wi-Fi convencionales se saturan con frecuencia. En esos contextos, el sistema óptico podría asumir parte del tráfico de datos, liberando el espectro de radio para las comunicaciones que lo requieren específicamente.
La tecnología usa el espectro de luz infrarroja, que no interfiere con las ondas de radio del Wi-Fi ni con las comunicaciones móviles, lo que la hace compatible con las infraestructuras existentes. La limitación principal es física: la luz no atraviesa paredes, por lo que cada habitación o área separada requeriría su propio transmisor. Ese es el desafío de ingeniería que la investigación todavía no ha resuelto para un despliegue masivo.