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Ciencia

La ciencia descubre que pasear por jardines virtuales puede relajar el cerebro y mejorar el bienestar

Un estudio de la Universidad Drexel reveló que contemplar jardines mediante realidad virtual produce cambios en la actividad cerebral y en las respuestas del organismo. Los resultados podrían transformar el diseño de oficinas y espacios urbanos.
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Pasar unos minutos contemplando un jardín, incluso sin salir de una habitación, podría ayudar a reducir el esfuerzo mental. Esta es una de las conclusiones de una investigación que analizó cómo responde el cerebro humano a diferentes paisajes recreados mediante realidad virtual.

El estudio, desarrollado por investigadores de la Universidad Drexel en colaboración con Longwood Gardens, en Pensilvania, Estados Unidos, encontró que los jardines ornamentales pueden generar respuestas cerebrales similares a las observadas ante paisajes naturales.

El hallazgo, publicado en octubre de 2026 en la revista Building and Environment, abre nuevas posibilidades para la neuroarquitectura, una disciplina que estudia cómo los espacios influyen en nuestro cerebro, comportamiento y bienestar.

Un experimento que llevó la naturaleza al mundo virtual

Para realizar la investigación, los científicos convocaron a 32 adultos sanos que participaron en una experiencia inmersiva con visores de realidad virtual.

Los voluntarios exploraron cinco escenarios digitales de 360 grados: una oficina sin vegetación, dos paisajes naturales y dos jardines ornamentales cuidadosamente diseñados.

Cada recorrido duró seis minutos.

Los escenarios estaban inspirados en espacios reales de Longwood Gardens, un reconocido centro botánico estadounidense. Mientras los participantes observaban los paisajes, los investigadores registraron sus respuestas mediante dispositivos biomédicos.

Uno de ellos utilizaba espectroscopia funcional de infrarrojo cercano para medir cambios en la oxigenación sanguínea de la corteza prefrontal, una región cerebral relacionada con distintos procesos cognitivos.

También emplearon sensores que registraban la actividad eléctrica de la piel, un indicador de activación fisiológica.

Los jardines virtuales produjeron una respuesta inesperada

Los resultados mostraron diferencias importantes entre los ambientes.

La oficina cerrada generó una mayor activación de determinadas regiones de la corteza prefrontal, mientras que los paisajes naturales y los jardines ornamentales se asociaron con una actividad menor.

Este patrón es compatible con procesos de restauración mental, aunque no demuestra por sí solo una recuperación cognitiva completa.

Sin embargo, los jardines diseñados provocaron algo inesperado: los participantes mostraron una mayor actividad electrodérmica que cuando contemplaban la oficina. Esto significa que sus organismos presentaban un nivel superior de activación fisiológica, que puede relacionarse con atención, interés o estimulación.

Los investigadores denominaron esta combinación fascinación estimulada. Es decir, los jardines ornamentales parecían favorecer una menor actividad cerebral en las regiones medidas mientras mantenían al organismo más activado.

Qué significa este descubrimiento para la neuroarquitectura

Los resultados cuestionan la idea de que únicamente los paisajes naturales poco intervenidos pueden proporcionar experiencias restauradoras. Los jardines ornamentales, caracterizados por composiciones vegetales, fuentes, colores y geometrías cuidadosamente organizadas, también mostraron efectos favorables.

Esto podría resultar especialmente importante para quienes trabajan durante largas jornadas en edificios cerrados o carecen de acceso frecuente a espacios verdes. Los investigadores consideran que estas experiencias podrían utilizarse para desarrollar pausas virtuales destinadas a favorecer el descanso mental.

También podrían aportar información para diseñar oficinas, hospitales y otros espacios que incorporen vegetación y elementos naturales.

¿Puede un jardín virtual reemplazar a la naturaleza real?

Aunque los resultados son prometedores, el estudio presenta limitaciones importantes.

La investigación incluyó solamente 32 participantes y evaluó exposiciones breves de seis minutos. Además, los escenarios virtuales no reproducían completamente experiencias sensoriales como los aromas, las corrientes de aire o los cambios de temperatura.

Los paisajes naturales también recibieron las valoraciones más altas en capacidad restauradora percibida. Por eso, todavía no puede afirmarse que los jardines virtuales sustituyan los beneficios de visitar espacios verdes reales.

Sin embargo, la investigación demuestra que el diseño de los ambientes digitales puede influir en nuestras respuestas cerebrales y fisiológicas.

En un mundo donde millones de personas pasan gran parte del día en interiores, estos descubrimientos podrían ayudar a desarrollar espacios virtuales y arquitectónicos más favorables para el bienestar.

 

 

Fuente: Infobae.

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