La imagen de una base lunar suele empezar por lo más evidente: módulos presurizados, astronautas caminando sobre el regolito, paneles solares desplegados en la superficie y vehículos moviéndose entre cráteres. Pero antes de llegar a esa postal hay una pregunta bastante menos cinematográfica y mucho más decisiva: cómo se mantiene viva y operativa una presencia humana en un lugar donde no hay aire respirable, las noches duran días terrestres y cada tornillo enviado desde la Tierra cuesta una fortuna.
NASA acaba de dar un paso en esa dirección. Según anunció la agencia, abrió un período de comentarios para que organizaciones de Estados Unidos revisen el borrador del Lunar Enabling Infrastructure Accelerator, una convocatoria pensada para acelerar tecnologías de superficie lunar y reducir riesgos antes de futuras misiones. El documento está disponible para empresas, instituciones educativas y entidades sin fines de lucro estadounidenses, que podrán enviar observaciones hasta el 17 de julio de 2026.
No se trata de una simple consulta administrativa. La NASA está intentando ordenar una parte fundamental de su estrategia lunar: las tecnologías que permitirían pasar de misiones puntuales a una presencia sostenida. En otras palabras, no alcanza con volver a la Luna. La parte difícil es quedarse.
La Luna necesita algo más que cohetes

De acuerdo con la NASA, la exploración lunar de largo plazo requiere que tecnologías, infraestructura y operaciones funcionen de forma coordinada en la superficie. Por eso la agencia busca comentarios sobre requisitos, calendarios, instrucciones de presentación y criterios de evaluación antes de cerrar los parámetros finales de la convocatoria. Greg Stover, director de la Advanced Research and Technology Division en la sede de NASA, señaló que esta revisión permitirá detectar ambigüedades o preocupaciones del sector antes de avanzar con la versión definitiva.
El programa forma parte de NextSTEP-3 Appendix A, bajo la solicitud 80GRC026R0008, y apunta a que los futuros seleccionados diseñen, desarrollen y demuestren sistemas prototipo. También deberán generar datos de rendimiento validados, modelos analíticos e información operativa a partir de pruebas y demostraciones.
La clave está en que la NASA no quiere pensar la base lunar como una sola cosa, sino como un ecosistema. Una base no es únicamente un refugio. Es energía constante, almacenamiento, sistemas de fabricación, materiales resistentes, capacidad de usar recursos locales y herramientas capaces de funcionar lejos de cualquier cadena de suministro terrestre.
Cinco tecnologías para sostener una base lunar

El Lunar Enabling Infrastructure Accelerator se concentra en cinco áreas tecnológicas. Según detalla la NASA, estas líneas responden a brechas identificadas en sus Civil Space Shortfalls, el informe con carencias tecnológicas relevantes para futuras misiones civiles en la Luna y en la región cislunar, el espacio comprendido entre la Tierra y su satélite.
La primera es la energía de superficie. Parece obvio, pero es uno de los grandes problemas de cualquier presencia lunar sostenida. Una base necesita generación eléctrica continua, localizada y escalable durante el día y la noche lunar. Eso incluye producir energía, gestionarla, distribuirla y almacenarla. Sin una red energética fiable, no hay hábitats estables, operaciones científicas prolongadas ni sistemas autónomos trabajando durante semanas.
La segunda área es la energía radioisotópica, una tecnología nuclear que aprovecha calor para producir electricidad. NASA la vincula con operaciones en lugares oscuros, polvorientos y remotos del Sistema Solar, donde depender solo del Sol puede ser una limitación. En la Luna, esta clase de sistemas puede ser especialmente importante para atravesar períodos de oscuridad o alimentar equipos críticos en zonas donde la iluminación es irregular.
La tercera es el aprovechamiento de recursos in situ, conocido como ISRU por sus siglas en inglés. La idea es sencilla de explicar y extremadamente difícil de ejecutar: usar materiales disponibles en la propia Luna para reducir la dependencia de los suministros enviados desde la Tierra. Según la agencia, estas tecnologías podrían ayudar a producir combustible, agua y oxígeno a partir de recursos locales, ampliando las capacidades de exploración en superficie.
Fabricar en la Luna para depender menos de la Tierra
La cuarta prioridad es la fabricación avanzada en el espacio. Aquí aparece uno de los cambios más interesantes de la exploración lunar moderna. Una presencia humana de largo plazo más allá de la órbita terrestre no puede depender de que cada herramienta, repuesto o componente viaje desde nuestro planeta. La NASA plantea que será necesario producir de forma autónoma materiales y piezas esenciales, tanto para ganar flexibilidad como para aumentar la resiliencia de futuras misiones en la Luna, Marte y otros destinos del espacio profundo.
La quinta línea se centra en nanomateriales innovadores. La agencia los relaciona con tres frentes a la vez: la comercialización de la órbita terrestre baja, la presencia sostenida en la superficie lunar y la exploración del espacio profundo. En todos esos escenarios, los materiales tendrán que responder a restricciones severas de masa, rendimiento y resistencia ambiental. No es solo construir algo que funcione. Es construir algo que funcione lejos, durante mucho tiempo y bajo condiciones que castigan cualquier error de diseño.
En su anuncio, la NASA resume el espíritu del programa con una frase bastante clara: las inversiones en tecnología espacial hacen posible “lo casi imposible” para la agencia y para Estados Unidos. La idea de fondo es que una presencia humana sostenida en la Luna exigirá ideas nuevas de una base industrial competitiva y una colaboración más estrecha con socios comerciales.
La Luna, vista así, deja de ser únicamente un destino científico o simbólico. Empieza a parecerse a un enorme problema de infraestructura, energía, manufactura y logística. Y esa es justamente la parte menos espectacular, pero probablemente más importante, de cualquier futuro en el que los humanos no solo vuelvan a pisar su superficie, sino que aprendan a vivir y trabajar allí.