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Ciencia

Las ciudades creían que necesitaban más zonas verdes. La ciencia aclara que lo importante son los árboles

Un parque puede aparecer como zona verde en cualquier plano urbano y, aun así, ofrecer muy poca protección durante una ola de calor. Una investigación de la Universidad de Granada revela que los árboles grandes, las copas densas y la sombra continua son los elementos que realmente consiguen enfriar las ciudades.
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Las olas de calor están convirtiendo numerosas ciudades en enormes acumuladores térmicos. El asfalto, el hormigón y los pavimentos impermeables absorben radiación durante el día y liberan lentamente ese calor durante la noche, dificultando que los barrios recuperen temperaturas soportables.

Ante este escenario, muchas administraciones comenzaron a habilitar refugios climáticos y a incrementar las superficies consideradas verdes. Sin embargo, los primeros resultados del proyecto ACTERCA, liderado por la Universidad de Granada, muestran que no basta con añadir césped, maceteros o plazas con algunos árboles jóvenes. La eficacia depende principalmente del diseño del espacio y de la cantidad, el tamaño y la densidad de su arbolado.

Los árboles grandes pueden reducir hasta cinco grados

ACTERCA analiza las principales zonas verdes de las ocho capitales andaluzas mediante imágenes de los satélites Landsat y Sentinel, sensores de temperatura y humedad, cámaras térmicas, inteligencia artificial y modelos climáticos de alta resolución.

Los resultados iniciales indican que los parques con árboles de gran porte, copas densas y una cobertura vegetal abundante pueden registrar entre tres y cinco grados menos que espacios dominados por albero, solerías y otros pavimentos impermeables. Una zona puede parecer verde por su superficie, pero perder buena parte de su capacidad de refrigeración cuando carece de sombra suficiente.

El enfriamiento se produce mediante dos mecanismos. El primero es la sombra, que impide que la radiación solar caliente directamente bancos, aceras y fachadas. El segundo es la evapotranspiración: los árboles liberan agua a través de sus hojas y utilizan parte de la energía del entorno durante ese proceso, contribuyendo a reducir la temperatura y mejorar el confort térmico.

Esto explica por qué un árbol recién plantado no ofrece inmediatamente el mismo servicio que un ejemplar maduro. Aumentar el número de plantaciones sigue siendo necesario, pero también resulta fundamental conservar los árboles grandes existentes, garantizarles espacio para crecer y elegir especies compatibles con el clima y la disponibilidad de agua.

Cada ciudad necesita una estrategia diferente

El estudio también advierte que no existe una receta idéntica para todas las ciudades. En Sevilla y Málaga, uno de los factores más importantes es el albedo de los materiales, es decir, la cantidad de radiación que reflejan o absorben las superficies urbanas. En Córdoba influyen especialmente la densidad edificatoria y la impermeabilización del suelo.

Granada presenta un comportamiento distinto. La geometría de algunas calles estrechas de sus barrios históricos reduce la exposición directa al cielo y puede proporcionar una mayor resiliencia térmica que ciertos desarrollos recientes, construidos con avenidas abiertas y poca sombra. Por eso, plantar árboles debe combinarse con decisiones sobre materiales, ventilación, agua y forma urbana.

Un refugio no sirve si nadie puede llegar

El reto tampoco termina con el diseño físico. Una investigación aplicada a Sevilla y Málaga encontró que los posibles refugios climáticos tienden a concentrarse en las zonas centrales, mientras que los barrios periféricos y con menores ingresos presentan una cobertura y una accesibilidad peatonal más reducidas.

El mismo problema se observó en Barcelona. Un estudio realizado en La Prosperitat concluyó que las personas con bajos ingresos, las mujeres y parte de la población procedente del Sur Global enfrentaban mayores dificultades para protegerse del calor. Entre las causas aparecían las viviendas precarias, la pobreza energética, una comunicación insuficiente y espacios públicos que no siempre resultaban inclusivos.

Además, una revisión académica encontró que todavía no existe una definición consensuada de refugio climático y que gran parte de los proyectos se concentra casi exclusivamente en el alivio térmico, dejando en segundo plano la biodiversidad y la resiliencia ambiental a largo plazo.

Las ciudades no necesitan únicamente sumar metros cuadrados coloreados de verde en sus mapas. Necesitan redes de sombra conectadas, árboles capaces de alcanzar un gran tamaño y refugios accesibles para quienes más sufren el calor. Un parque sin suficiente arbolado puede decorar el barrio, pero difícilmente podrá protegerlo cuando llegue la próxima ola de temperaturas extremas.

 

 

Fuente: Xataka.

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