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Ciencia

Las imágenes por satélite de la NASA muestran un paisaje casi psicodélico en el Salar de Atacama, pero lo que parecen colores hipnóticos es en realidad una advertencia ambiental. Detrás del litio que alimenta el coche eléctrico hay millones de litros de agua evaporados y un ecosistema cada vez más presionado

La NASA difundió una secuencia satelital HLS del Salar de Atacama, en Chile, donde las piscinas de evaporación del litio cambian de color entre marzo de 2025 y febrero de 2026. La imagen parece una obra abstracta vista desde el espacio, pero también ayuda a entender el coste ambiental de un proceso que evapora enormes cantidades de agua en uno de los ecosistemas más secos y frágiles del planeta.
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Desde el espacio, el Salar de Atacama parece una pintura abstracta. Rectángulos perfectos, tonos de azul eléctrico, verdes pálidos, amarillos intensos y manchas blancas se recortan sobre la superficie áspera del desierto chileno. La imagen tiene algo hipnótico, casi artificial. Pero no es arte: son piscinas de evaporación de litio.

Según el Scientific Visualization Studio de la NASA, la secuencia fue construida con imágenes HLS (datos armonizados de Landsat y Sentinel-2) tomadas entre el 3 de marzo de 2025 y el 21 de febrero de 2026. En ellas se observa cómo los estanques cambian de color mientras el agua desaparece lentamente y la salmuera concentra litio, un mineral clave para baterías, vehículos eléctricos y almacenamiento energético.

La NASA no presenta la secuencia como una denuncia ambiental. Su valor está en mostrar, con una claridad casi incómoda, el mecanismo físico de la extracción: bombear salmuera subterránea, extenderla en enormes piscinas y dejar que el sol del desierto haga el resto. El problema es que ese “resto” ocurre en una de las zonas más secas del planeta.

Lo que parece una paleta de colores es una fábrica de evaporación

El Salar de Atacama, en la región chilena de Antofagasta, es el mayor salar de Chile y uno de los puntos más importantes del suministro global de litio. La propia NASA recuerda que este desierto recibe apenas unos milímetros de lluvia al año, una condición extrema que lo convierte en un lugar ideal para evaporar agua y concentrar minerales.

El proceso empieza bajo tierra. Las empresas perforan el salar para extraer salmuera rica en litio, una mezcla de agua salada y minerales acumulada durante miles de años. Esa salmuera se bombea a la superficie y se reparte en estanques abiertos. Con el paso de los meses, la radiación solar y el viento eliminan el agua y elevan la concentración de litio. Luego, el material concentrado pasa a plantas de tratamiento químico.

La imagen satelital permite ver ese proceso casi como un reloj cromático. Los colores no son un capricho visual: indican cambios en la composición, la concentración de sales y el avance de la evaporación. Lo que desde arriba parece bello, desde abajo es una operación extractiva lenta, intensa y enorme.

El coste oculto: el agua se va y no vuelve

El gran problema es que la evaporación no es un detalle del proceso. Es el proceso. De acuerdo con la Universidad de Chile, la explotación de salmueras en el Salar de Atacama se realiza por bombeo hacia piscinas de superficie, y en la obtención de litio mediante evaporación alrededor del 90% del agua se pierde en la atmósfera.

Ese dato cambia por completo la lectura de las imágenes. Cada estanque de colores no es solo una etapa industrial: es agua salobre evaporándose en un territorio donde el equilibrio hídrico ya es delicadísimo. Aunque no se trate siempre de agua dulce, la salmuera forma parte del sistema hidrogeológico del salar, y su extracción a gran escala puede alterar relaciones subterráneas difíciles de recomponer.

La Universidad de Chile también señala que un estudio de 2019 citado en su investigación detectó una caída de más de 10 metros en los niveles de agua subterránea durante los últimos 15 años. La conclusión es sencilla y dura: la pérdida de agua avanza más rápido que la recarga natural del sistema.

El salar también se está hundiendo

Las imágenes por satélite de la NASA muestran un paisaje casi psicodélico en el Salar de Atacama, pero lo que parecen colores hipnóticos es en realidad una advertencia ambiental. Detrás del litio que alimenta el coche eléctrico hay millones de litros de agua evaporados y un ecosistema cada vez más presionado
© NASA.

El impacto no se limita al agua que desaparece. Un estudio liderado por investigadores de la Universidad de Chile detectó que una zona del Salar de Atacama se hunde a una tasa de entre 1 y 2 centímetros por año. El trabajo utilizó datos satelitales entre 2020 y 2023 para verificar deformaciones en la corteza terrestre.

Reuters, al recoger el estudio, explicó que el área afectada mide aproximadamente 8 kilómetros de norte a sur y 5 kilómetros de este a oeste, y que coincide con zonas donde se realiza el bombeo más intenso de salmuera. Francisco Delgado, autor principal del trabajo, aclaró que no se trata de todo el salar, sino de una zona específica vinculada a los puntos de mayor extracción.

Ese matiz es importante para no exagerar el fenómeno. El Salar de Atacama no se está hundiendo entero como una escena de desastre inmediato. Pero la subsidencia localizada sí funciona como una señal de alarma: cuando se extrae salmuera más rápido de lo que el sistema puede reponerse, el terreno puede compactarse y perder permeabilidad, un cambio difícil de revertir.

La paradoja del coche eléctrico está en el territorio

El coche eléctrico suele presentarse como una solución limpia frente al motor de combustión, y en términos de emisiones urbanas lo es. No emite gases de escape, reduce contaminación local y puede integrarse con electricidad renovable. Pero su cadena material no es invisible. Alguien extrae el litio, el cobre, el níquel, el cobalto y otros minerales que sostienen esa transición.

Ahí aparece la paradoja. Mientras las grandes ciudades buscan reducir su huella de carbono, parte del coste físico se desplaza a territorios remotos, áridos y habitados por comunidades que conviven directamente con la minería. IWGIA, en un análisis firmado por José Aylwin para Indigenous Debates, advierte que la extracción acelerada de litio en los salares altoandinos de Argentina, Bolivia y Chile ha generado daños sobre el derecho de los pueblos indígenas a un ambiente sano y al acceso al agua, afectando actividades tradicionales como el pastoreo de camélidos y cultivos como la quinoa y el maíz.

En el caso del Salar de Atacama, Reuters también recoge la preocupación de comunidades nativas por el agotamiento de agua dulce y salmuera rica en litio, con efectos potenciales sobre personas y fauna. La discusión, por tanto, no es solo tecnológica. Es social, ambiental y política.

La alternativa existe, pero todavía no reemplazó al modelo dominante

Una de las tecnologías que más se menciona como posible salida es la extracción directa de litio, conocida como DLE por sus siglas en inglés. A diferencia de la evaporación en piscinas, la DLE busca separar el litio mediante procesos más controlados y devolver parte de la salmuera al salar después del tratamiento.

Reuters informó en marzo de 2026 que Albemarle inició el proceso de evaluación ambiental en Chile para su primer proyecto de extracción directa de litio en el Salar de Atacama. Según la compañía, el sistema permitiría recuperar casi el doble de litio y reducir la cantidad de salmuera extraída respecto a las operaciones actuales.

Los números prometidos son relevantes: la presentación ambiental citada por Reuters indica que la extracción neta de salmuera pasaría de 442 litros por segundo a 342 con una línea de DLE en operación, y podría bajar hasta 142 litros por segundo si se implementaran las seis líneas previstas.

Aun así, conviene mantener la cautela. La DLE todavía debe demostrar a gran escala que puede reducir impactos sin crear otros problemas, y el modelo dominante en el Salar de Atacama sigue siendo la evaporación en piscinas. Incluso Albemarle, en su propia presentación del proyecto, lo plantea como una transición pendiente de permisos, inversión final y despliegue gradual.

La imagen bonita que obliga a mirar el precio real

Las imágenes de la NASA fascinan porque convierten una operación minera en una secuencia visual casi hermosa. Pero esa belleza es precisamente lo que las vuelve inquietantes. El mosaico psicodélico del Salar de Atacama no es una rareza natural: es la huella geométrica de una industria que crece al ritmo de la demanda mundial de baterías.

La transición energética necesita minerales. Eso no se puede negar. Tampoco se puede negar que abandonar los combustibles fósiles es urgente. Pero el caso del litio en Atacama recuerda que una transición no es automáticamente justa ni limpia por el simple hecho de apuntar a un objetivo climático correcto.

El desafío no consiste solo en fabricar más coches eléctricos. Consiste en preguntarse de dónde salen sus materiales, cuánta agua cuesta extraerlos, qué ecosistemas quedan bajo presión y qué comunidades pagan el precio inmediato de una promesa global. Desde el espacio, el Salar de Atacama parece una pintura. Desde el suelo, es una advertencia.

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