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Ciencia

Los bosques tropicales ya no hablan el mismo idioma. Una invasora está reescribiendo sus reglas y atemorizando los ecosistemas de 3 continentes

Un estudio internacional revela que casi diez mil plantas exóticas se han extendido por las zonas tropicales y subtropicales del planeta. Algunas, como la lantana, se han convertido en invasoras capaces de alterar ecosistemas enteros, desplazar a comunidades humanas y modificar la relación ancestral con la naturaleza.
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El avance de especies exóticas en los trópicos no es un fenómeno reciente, pero su escala actual sorprende incluso a los científicos. La investigación, publicada en Nature Reviews Biodiversity, muestra cómo estas plantas invasoras están transformando el equilibrio de los ecosistemas y, al mismo tiempo, la vida de quienes dependen de ellos para sobrevivir.

Diez mil especies que cambian el paisaje

Las invasoras silenciosas que dominan los trópicos. Una transformación que alcanza tres continentes
© Pexels – LuAnn Hunt.

La investigación liderada por Avinash Mungi, de la Universidad de Aarhus, documenta alrededor de diez mil especies exóticas en los grandes trópicos. Muchas de ellas llegaron como ornamento o cultivo útil, y la mayoría no genera problemas. Sin embargo, un pequeño grupo logra escapar al control humano y convertirse en invasor, con impactos devastadores sobre la biodiversidad.

Las islas se presentan como los focos más vulnerables. Allí, las plantas exóticas superan en ocasiones a las nativas, generando un cambio drástico en la estructura ecológica.

El caso emblemático de la lantana

Las invasoras silenciosas que dominan los trópicos. Una transformación que alcanza tres continentes
© Todo Uruguay.

La historia de la Lantana camara refleja este proceso. Originaria de América, fue introducida en Europa en el siglo XVII como planta ornamental y luego llevada a colonias como la India. En apenas un siglo, su expansión obligó a comunidades como los Soliga a abandonar su modo de vida forestal.

Hoy, la lantana ocupa millones de hectáreas en India, Australia y Hawái. Al desplazar a las especies nativas, reduce el alimento de herbívoros y provoca desequilibrios que terminan en conflictos entre humanos y grandes depredadores, como tigres que recurren al ganado por la escasez de presas.

Un desafío humano y ecológico

El impacto no se limita a la naturaleza. En regiones pobres, donde la subsistencia depende de los bosques y sabanas, la invasión de estas plantas altera el vínculo con la tierra y crea tensiones con la fauna silvestre. Según Mungi y sus colegas de Brasil, Etiopía, India y Estados Unidos, la lucha contra las invasoras es también un desafío social: preservar los ecosistemas significa garantizar la seguridad de quienes conviven con ellos.

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