Hace 1.600 años, los artesanos romanos consiguieron fabricar un material que parece desafiar las leyes de la óptica: un vidrio capaz de cambiar de color dependiendo de cómo recibe la luz.
El ejemplo más extraordinario es la copa de Licurgo, una pieza del siglo IV conservada en el Museo Británico de Londres. Cuando la luz ilumina su superficie, parece verde jade, pero cuando atraviesa el cristal desde atrás, adquiere un intenso color rojo rubí.
Ahora, investigadores de la Universidad de Sheffield, en Reino Unido, lograron reproducir de manera consistente este extraordinario efecto, recuperando una técnica cuya receta original llevaba siglos perdida.
El secreto romano estaba en partículas diminutas de oro y plata
Durante décadas, los científicos sospecharon que el comportamiento de la copa estaba relacionado con la presencia de metales preciosos en su composición.
Los análisis revelaron que el vidrio contiene nanopartículas de oro y plata, estructuras extremadamente pequeñas que interactúan con la luz de manera diferente según sus características. Estas partículas absorben y dispersan determinadas longitudes de onda, provocando que el material presente distintos colores dependiendo de si la luz se refleja o lo atraviesa.
El problema era reproducir exactamente las condiciones necesarias para conseguir ese resultado.
Aunque otros investigadores habían logrado efectos parecidos, obtener una fórmula estable y repetible seguía siendo un desafío.

Científicos consiguieron recuperar una técnica de hace 1.600 años
La investigación estuvo encabezada por Lisa Hollands, especialista en materiales de la Universidad de Sheffield.
El equipo comenzó desarrollando un vidrio base que imitaba los materiales utilizados durante el Imperio romano.
Posteriormente, incorporó pequeñas cantidades de oro y plata y experimentó con distintas temperaturas, hornos y niveles de oxígeno. Después de numerosos intentos, consiguieron fabricar un cristal que reproduce el cambio de verde a rojo característico de la copa de Licurgo.
El descubrimiento demuestra que los artesanos romanos dominaban procesos de fabricación extraordinariamente sofisticados, aunque no conocieran la explicación científica moderna de las nanopartículas.
La misteriosa copa romana que sobrevivió durante siglos
La copa de Licurgo es uno de los objetos más singulares del arte romano tardío.
Su decoración representa al rey mitológico Licurgo atrapado entre las ramas de una vid, en una escena relacionada con el dios Dionisio.
La pieza fue elaborada probablemente en Roma o Alejandría durante el siglo IV. Su recorrido durante buena parte de la historia es desconocido, pero en el siglo XIX pasó a formar parte de la colección de la familia Rothschild.
Finalmente, fue adquirida por el Museo Británico en 1958.
Su extraordinario estado de conservación permitió estudiar una tecnología que prácticamente había desaparecido de la fabricación artesanal del vidrio.
El descubrimiento también podría tener aplicaciones tecnológicas
Para demostrar el resultado, los investigadores colaboraron con el artista vidriero Elliot Walker, ganador del concurso Blown Away de Netflix. Walker creó una escultura inspirada en el Atlas Farnesio, reemplazando el globo que sostiene la figura por una copa elaborada con el nuevo vidrio dicroico.
La obra se exhibirá entre el 6 y el 15 de noviembre de 2026 en la Millennium Gallery de Sheffield y posteriormente pasará al Turner Museum of Glass.
Pero el hallazgo no tiene únicamente valor histórico. Comprender cómo se forman estas nanopartículas dentro del vidrio podría contribuir al desarrollo de nuevos materiales fotónicos, utilizados para controlar la interacción entre la luz y la materia.
Los conocimientos también podrían resultar útiles para investigar vidrios avanzados destinados al almacenamiento seguro de residuos radiactivos. Así, una técnica desarrollada por artesanos romanos hace más de 1.600 años podría aportar nuevas ideas a la ciencia de materiales del siglo XXI.