Hace 66 millones de años, un asteroide de aproximadamente diez kilómetros de diámetro impactó contra la región que hoy conocemos como la península de Yucatán, en México. El choque desencadenó incendios, alteraciones atmosféricas y una crisis ambiental que terminó con los dinosaurios no avianos y numerosas formas de vida.
Sin embargo, uno de los grupos de reptiles más antiguos del planeta consiguió sobrevivir. Los antepasados de los cocodrilos actuales atravesaron aquella catástrofe y continuaron evolucionando mientras desaparecían animales mucho más grandes.
¿Por qué ellos sobrevivieron?
Una investigación dirigida por científicos del University College London (UCL), en Reino Unido, encontró una posible respuesta: su preferencia por los climas cálidos pudo situarlos en regiones tropicales donde las condiciones seguían siendo habitables después del impacto.
El estudio, publicado en Science Advances el 21 de octubre de 2026, utilizó miles de fósiles y simulaciones climáticas para reconstruir cómo estos reptiles respondieron a los cambios ambientales durante los últimos 245 millones de años.
Más de 7.000 fósiles revelaron una estrategia de supervivencia que duró millones de años

Los investigadores analizaron más de 7.000 registros fósiles y datos de más de 400 especies, tanto actuales como extintas, pertenecientes al linaje evolutivo de los cocodrilos. Después combinaron esta información con reconstrucciones de la temperatura, las precipitaciones y la distribución de los continentes a lo largo de distintas épocas geológicas.
Los resultados mostraron un patrón sorprendentemente estable. En lugar de desarrollar continuamente nuevas tolerancias a temperaturas extremas, los cocodrilos y muchos de sus antepasados tendieron a desplazarse siguiendo los ambientes que ya les resultaban favorables. Cuando el planeta se calentaba, podían expandirse hacia latitudes más altas. Durante el Eoceno, hace unos 50 millones de años, llegaron a habitar regiones de Norteamérica, Europa e incluso la Antártida, cuando las condiciones eran considerablemente más cálidas que las actuales.
Cuando el clima volvía a enfriarse, sus poblaciones se concentraban nuevamente en regiones tropicales y subtropicales. Según explicó la Universidad College London en su comunicado oficial, esta relación con las temperaturas cálidas se mantuvo durante buena parte de sus 250 millones de años de historia evolutiva.
La clave estaba cerca del ecuador cuando el resto del planeta se volvió inhabitable

Para comprobar cómo pudieron sobrevivir a la extinción del Cretácico, los científicos reconstruyeron diferentes escenarios climáticos posteriores al impacto de Chicxulub.
Las simulaciones contemplaron alteraciones en la radiación solar debido al polvo y las partículas suspendidas en la atmósfera, además de cambios relacionados con el dióxido de carbono. Cuando la cantidad de energía solar que llegaba a la superficie disminuía un 5% o un 10%, las regiones cercanas al ecuador todavía conservaban condiciones adecuadas para determinados representantes del linaje de los cocodrilos.
Solo en el escenario más extremo, con una reducción sostenida del 15% de la radiación solar, desaparecían prácticamente todos los refugios climáticos adecuados. Los investigadores consideran que ese escenario prolongado representa un extremo poco probable. Este resultado contrasta con investigaciones anteriores sobre los dinosaurios no avianos, cuyos hábitats favorables habrían sufrido una reducción mucho más intensa después del impacto.
Los refugios tropicales podrían haber permitido que algunas poblaciones sobrevivieran mientras otros grupos desaparecían. Posteriormente, sus descendientes habrían vuelto a expandirse.
Sobrevivieron al asteroide, pero su antigua ventaja podría convertirse ahora en un problema

La temperatura no fue el único factor que contribuyó a su supervivencia. Los autores también destacan otras características importantes: su capacidad para vivir parcialmente en el agua, las dietas flexibles y sus necesidades energéticas relativamente bajas. Como animales ectotermos, los cocodrilos no necesitan consumir tanta energía como otros animales para mantener una temperatura corporal elevada y constante. Esa diferencia pudo resultar decisiva durante los períodos de escasez de alimento posteriores al impacto. Pero el descubrimiento también plantea una advertencia para el presente.
Durante millones de años, estos reptiles pudieron desplazarse cuando sus ambientes habituales cambiaban. Hoy, las carreteras, las ciudades, las explotaciones agrícolas y la desaparición de humedales dificultan esos movimientos. Philip Mannion, investigador de UCL y coautor del trabajo, señaló que comprender cómo respondieron estos animales a las crisis climáticas del pasado puede ayudar a anticipar sus dificultades frente al calentamiento global actual.
El estudio no demuestra que todos los cocodrilos sobrevivieran ni que las temperaturas tropicales fueran su única protección. Muchas especies antiguas también desaparecieron durante las extinciones masivas. Lo que revela es que sobrevivir a una catástrofe planetaria no depende necesariamente de ser el animal más grande, rápido o poderoso. A veces, estar en el ambiente adecuado y necesitar menos recursos puede marcar la diferencia entre desaparecer y continuar existiendo durante millones de años.