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Ponerle gafas 3D a una sepia es más difícil de lo que parece

Ilustración para el artículo titulado
Foto: Paloma González Bellido

Cuando los científicos Trevor Wardill y Paloma González decidieron dotar de gafas 3D a un grupo de sepias para estudiar su visión, sus colegas pensaron que no iba a funcionar. “Dijeron que se arrancarían las gafas y que llenarían de tinta el tanque”, explicó Wardill a The Guardian. Pero aun así, siguieron adelante.

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El experimento tuvo lugar en el Laboratorio de Biología Marina de Woods Hole, en Massachusetts. Wardill y González querían saber si las sepias habían desarrollado estereopsis, la capacidad del cerebro de calcular la profundidad o la distancia a un objeto comparando lo que ve un ojo con lo que ve el otro. Para comprobarlo, los científicos proyectaron imágenes tridimensionales de camarones en una pecera y diseñaron unas pequeñas gafas 3D para las sepias.

Ponerles las gafas no fue nada fácil. Primero intentaron pegarlas directamente a la piel de las sepias, pero quedaban en ángulos inadecuados o ponían en riesgo la integridad de los moluscos, que intentaban quitárselas con sus ocho brazos. Para resolver este problema, los científicos pegaban tiras de velcro en las sepias y después colocaban las gafas sobre ellas, evitando que se hicieran daño.

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Impedir que se siguieran quitando las gafas fue un problema aparte. Tuvieron que distraer a las sepias con camarones, asegurándose de que se habituaran al agua antes de colocar las gafas 3D sobre la tira de velcro pegada con pegamento.

El estudio confirmó que las sepias usan los ojos de forma binocular para ajustar su distancia de ataque antes de lanzarse a por una presa. “Les pusimos las gafas y vimos que las sepias se colocaban mucho más lejos de la pantalla porque creían que la gamba estaba en mitad del tanque”, dijo González a Vozpópuli.

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Esto sugiere que las sepias ven como los humanos, solo que con una circuitería cerebral muy distinta. Otros cefalópodos como los pulpos y los calamares carecen de estereopsis porque no tienen sus ojos en la parte frontal de la cabeza.

Antes de estas sepias, un grupo de mantis religiosas ya sufrió la curiosidad de los científicos luciendo unas diminutas gafas 3D para un estudio sobre su visión.

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