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Por qué las aves más inteligentes tienen una esperanza de vida cada vez más parecida a la de los humanos

Ilustración para el artículo titulado
Imagen: Rob Russell (Fair Use)

Algunas aves pueden tener una esperanza de vida sorprendentemente larga. En cautiverio, los cuervos pueden vivir hasta 50 años y algunas especies de loros llegan a vivir casi un siglo. Curiosamente, estas aves también tienen cerebros realmente grandes en proporción a su cuerpo, que les dotan de una inteligencia considerable. Según una nueva investigación, resulta que la longevidad y el tamaño de su cerebro están estrechamente relacionados: el aumento de la esperanza de vida tiende a hacer que sus cerebros aumenten de tamaño y se vuelvan más inteligentes.

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El cerebro es un órgano que cuesta mantener en funcionamiento, y los cerebros grandes absorben aún más energía. Nuestros propios cerebros representan solo el 2% de nuestra masa corporal, pero consumen aproximadamente el 20% de lnuestras calorías. Así que los biólogos evolutivos han intentado durante mucho tiempo tratar de comprender qué es lo que hace que un cerebro grande haga que merezca la pena un gasto energético semejante. Una hipótesis es que los cerebros grandes ofrecen mayor flexibilidad a un animal cuando tiene que enfrentarse a un desafío, lo que conlleva una mayor probabilidad de supervivencia que se ve favorecida por la evolución.

“Si no tienes depredadores que te devoren o si no te mueres de hambre, entonces los procesos evolutivos pueden comenzar a actuar sobre otros mecanismos que te permitirán tener una vida más larga”, dijo Alejandro González-Voyer, biólogo evolutivo de la Universidad Nacional Autónoma de México.

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Los científicos ya se habían fijado antes en la relación entre los cerebros grandes y la longevidad, pero no estaba claro si el tamaño del cerebro influía en la esperanza de vida o si era al revés.

Para tratar de romper esta relación, González-Voyer y sus colegas compararon la esperanza de vida y el tamaño del cerebro de más de 300 especies de aves. Incluyeron una amplia gama de familias aviares, con rasgos de desarrollo variados, como el grado de evolución de las crías después de la eclosión o la edad a la que los polluelos pueden volar por primera vez. Más tarde, el equipo comparó los datos del cerebro y la vida útil utilizando modelos que tenían en cuenta las relaciones evolutivas y los rasgos de desarrollo.

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La chara californiana (Aphelocoma californica) tiene rasgos de memoria episódica al igual que los humanos, que le permite ubicar dónde se encuentran sus muchos alijos de comida.
La chara californiana (Aphelocoma californica) tiene rasgos de memoria episódica al igual que los humanos, que le permite ubicar dónde se encuentran sus muchos alijos de comida.
Imagen: Ingrid Taylar (Fair Use)

González-Voyer y su equipo encontraron un vínculo directo entre el tamaño del cerebro de un ave en relación con su cuerpo y su esperanza de vida, y lo analizaron durante diferentes estados del desarrollo desde el nacimiento.

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Los estudios anteriores no fueron capaces de distinguir entre las influencias directas e indirectas del aumento de la esperanza de vida, pero los hallazgos del equipo de González-Voyer, publicados recientemente en Evolution, explican por qué los cerebros de mayor tamaño están detrás del aumento de la esperanza de vida.

“Los hallazgos confirman que el tamaño del cerebro en realidad puede tener un efecto directo sobre la longevidad”, dijo González-Voyer, y señaló que esto podría ayudar a explicar por qué los procesos evolutivos favorecen el desarrollo de cerebros grandes.

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Una esperanza de vida mayor podría hacer que merezca la pena invertir en un cerebro más grande aunque consuma más energía. Un desarrollo lento hacia la madurez hace que se distribuya el inmenso coste calórico del cerebro a lo largo del tiempo, lo que permite aprender trucos de supervivencia durante toda su vida, maximizando así los beneficios de tener un cerebro más grande.

El kea (Nestor notabilis) es una especie de loro famosa por su inteligencia.
El kea (Nestor notabilis) es una especie de loro famosa por su inteligencia.
Imagen: Bernard Spragg (Fair Use)
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Pero la inteligente y la larga vida de estos animales puede tener también sus contratiempos. González-Voyer colaboró ​​en otra investigación publicada el año pasado que muestra como estos animales inteligentes también están reduciendo su tasa de desarrollo y reproducción, logrando así una esperanza de vida más amplia, pero siendo más vulnerables a cambios bruscos que puedan matar a una gran proporción de la población.

Una vida más longeva hace que “lleve más tiempo alcanzar el tamaño de población que existía antes, por lo que esto hace que esas especies sean más vulnerables a la extinción”, dijo González-Voyer.

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En un futuro, González-Voyer quiere analizar cómo se desarrolla esta relación entre el cerebro y la esperanza de vida en diferentes entornos. Los beneficios que proporciona un gran cerebro pueden ser muy diferentes en un entorno con pocos recursos hídricos o alimentarios, por ejemplo. Allí, es posible que tanta inteligencia no merezca la pena.

“Me imagino que en los desiertos o entornos donde la disponibilidad de alimentos es bastante limitada no habrá mucho que hacer que permita ir más allá de lo que ofrece ese hábitat”, explicó González-Voyer.

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